175.231 jóvenes están desconectados de oportunidades educativas y laborales en el Área Metropolitana de Barranquilla

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Barranquilla tiene juventud y talento, pero aún no logra insertarlos en escenarios productivos que permitan un empleo de calidad.

Un informe de Fundesarrollo advierte que 175.231 jóvenes del área metropolitana permanecen desconectados de oportunidades educativas y laborales o vinculados a ocupaciones informales. La ciudad ha reducido el desempleo juvenil, pero todavía enfrenta profundas brechas sociales, educativas y de género.

Barranquilla cuenta con una población joven numerosa, diversa y con capacidad para impulsar la transformación económica de la ciudad. Sin embargo, buena parte de ese potencial continúa atrapado entre la falta de oportunidades educativas, el desempleo, las responsabilidades familiares, los bajos ingresos y una informalidad laboral que afecta a prácticamente uno de cada dos jóvenes ocupados.

Ese es el panorama que presenta Fundesarrollo en su más reciente análisis, “Trabajar siendo joven en Barranquilla: ¿Cuáles son los retos y dónde están las oportunidades?”, divulgado durante una jornada de puertas abiertas realizada el 15 de julio de 2026.

El informe no se limita a medir cuántos jóvenes trabajan o buscan empleo. También muestra qué estudian, en qué sectores logran ocuparse, cuánto ganan, qué barreras encuentran y cuáles podrían ser las actividades económicas con mayor capacidad para generar oportunidades de aquí a 2030.

Una generación mayoritariamente de bajos ingresos

En Barranquilla y su área metropolitana viven aproximadamente 492.402 jóvenes, equivalentes al 24 % de la población. La primera señal de alerta aparece en su distribución socioeconómica: cerca de ocho de cada diez están ubicados en los estratos 1 y 2.

El 52,94 % pertenece al estrato 1 y el 27,71 % al estrato 2. Esto significa que la mayoría comienza su trayectoria educativa y laboral desde hogares con limitaciones económicas, menores redes de contacto y dificultades para financiar estudios superiores, transporte, conectividad o procesos prolongados de búsqueda de empleo.

La desigualdad, por tanto, no aparece solamente cuando el joven intenta conseguir trabajo. Lo acompaña desde mucho antes: en la calidad de la educación que recibe, en la posibilidad de continuar estudiando y en el tiempo que puede permanecer sin generar ingresos para su hogar.

Los 175.231 jóvenes que esperan una oportunidad

Uno de los datos más contundentes del estudio es la existencia de 175.231 “jóvenes con potencial” en Barranquilla y su área metropolitana.

Fundesarrollo utiliza esta expresión para identificar a quienes se encuentran desconectados de oportunidades de formación y empleo: jóvenes fuera del sistema educativo, alejados del mercado laboral o vinculados a ocupaciones informales y precarias.

Representan el 35,6 % de la población joven de la ciudad.

La expresión “jóvenes con potencial” evita reducirlos a una estadística negativa. No se trata simplemente de personas que no estudian ni trabajan. Detrás de cada caso puede haber pobreza, maternidad temprana, responsabilidades de cuidado, falta de orientación vocacional, abandono educativo, discriminación, escasez de vacantes o empleos que no ofrecen condiciones suficientes para construir un proyecto de vida.

Dentro de este grupo se encuentran 58.142 jóvenes que están simultáneamente fuera del mercado laboral y del sistema educativo. El 91 % vive en los estratos 1 y 2, y el 72 % son mujeres, principalmente con responsabilidades familiares.

Aquí aparece una de las principales conclusiones del informe: la desconexión laboral juvenil no puede explicarse únicamente como falta de iniciativa individual. Es también el resultado de barreras sociales y familiares que afectan con mayor fuerza a las mujeres de menores ingresos.

Estudiar no siempre conduce al empleo

El tránsito desde la educación media hacia la formación técnica, tecnológica o universitaria sigue siendo uno de los principales obstáculos.

Según los datos presentados, el 49 % de quienes terminan la educación media no consigue ingresar a la educación terciaria. Entre los jóvenes de los estratos 1 y 2, apenas el 38 % alcanza un título posterior al bachillerato.

Incluso comenzar una carrera no garantiza concluirla: solamente la mitad de quienes inician estudios posmedia logra terminarlos.

A las dificultades económicas se suman problemas de orientación, acceso a información y pertinencia de los programas académicos. Muchos jóvenes estudian carreras que no necesariamente coinciden con los perfiles que está solicitando el mercado laboral.

En 2024, los programas con mayor número de graduados en el Atlántico fueron Derecho, Ingeniería Industrial, Administración de Empresas, Contaduría y Psicología. Al mismo tiempo, el 42 % de las vacantes reportadas por el Servicio Público de Empleo se concentró en actividades profesionales, mientras aumentaba la demanda de capacidades especializadas, digitales y tecnológicas.

Fundesarrollo identifica así una brecha persistente: la oferta educativa permanece fuertemente concentrada en áreas tradicionales y administrativas, mientras la economía comienza a reclamar conocimientos relacionados con tecnología, información, comunicaciones, servicios especializados, transición energética y nuevos procesos industriales.

El problema no es que sobren abogados, administradores o contadores. El verdadero desafío es que la región todavía no diversifica con suficiente rapidez sus programas de formación ni articula adecuadamente a colegios, universidades, instituciones técnicas y empresas.

El desempleo juvenil duplica la tasa general

La tasa de desempleo juvenil se situó en 18,8 %, equivalente a cerca de 42.945 jóvenes. Esa proporción casi duplica la tasa general del área metropolitana, calculada en 9,8 %.

El dato revela una paradoja: el 53 % de los jóvenes desempleados cuenta con formación técnica, tecnológica o profesional.

Tener un título mejora las posibilidades, pero no garantiza la inserción laboral. Las empresas suelen exigir experiencia previa, mientras los recién graduados necesitan precisamente una primera oportunidad para comenzar a adquirirla. Ese círculo termina dejando por fuera a personas que tienen conocimientos, pero no han logrado demostrar todavía su capacidad dentro de una organización.

El 78 % de los jóvenes desempleados pertenece a los estratos 1 y 2, lo que confirma que las dificultades de acceso al trabajo tampoco se distribuyen de manera uniforme.

Aunque entre 2021 y 2025 mejoraron los niveles de ocupación y disminuyó el desempleo juvenil, los jóvenes continúan representando apenas el 20 % de las personas ocupadas y alrededor del 45 % de los desocupados.

Trabajar tampoco significa superar la precariedad

La otra cara del problema es la informalidad.

En Barranquilla y su área metropolitana, el 48,6 % de los jóvenes ocupados trabaja en condiciones informales. Son aproximadamente 90.370 personas sin acceso pleno a estabilidad, seguridad social, protección laboral o posibilidades claras de crecimiento.

Entre quienes trabajan por cuenta propia, la situación es todavía más crítica: el 84 % lo hace desde la informalidad.

El autoempleo puede ser una plataforma de emprendimiento e independencia. Sin embargo, cuando surge por falta de alternativas, bajos ingresos o imposibilidad de ingresar al mercado formal, se convierte en una forma de supervivencia más que en una verdadera actividad empresarial.

Seis de cada diez jóvenes ocupados trabajan como empleados en empresas, mientras tres de cada diez lo hacen por cuenta propia. Más de 6.000 se desempeñan en el servicio doméstico y cerca de 4.000 participan en negocios o actividades familiares sin recibir remuneración.

La informalidad afecta con mayor intensidad a las mujeres jóvenes: alcanza el 51 %, frente al 47 % entre los hombres.

Incluso la educación no elimina completamente ese riesgo. El informe señala que, aun entre personas con formación técnica o estudios de posgrado, entre el 10 % y el 37 % continúa trabajando informalmente.

Las mujeres cargan con una desventaja adicional

Las diferencias de género atraviesan todo el mercado laboral juvenil.

El 44 % de los hombres jóvenes trabaja, frente a solamente el 27 % de las mujeres. La distancia no se explica únicamente por una menor participación femenina en actividades económicas.

Una de cada cuatro mujeres jóvenes se dedica principalmente a labores del hogar, mientras entre los hombres esa proporción es de apenas el 3 %.

Las labores de cuidado continúan recayendo de manera desproporcionada sobre ellas. El cuidado de hijos, hermanos, adultos mayores o familiares enfermos limita el tiempo disponible para estudiar, capacitarse, buscar empleo o cumplir jornadas laborales.

Cuando logran ingresar al mercado, las mujeres presentan una mayor participación como asalariadas: el 69 % trabaja como empleada de empresa, frente al 57 % de los hombres. Ellos, en cambio, tienen mayor presencia en el trabajo por cuenta propia: 39 %, comparado con 24 % entre las mujeres.

También existen diferencias sectoriales. Los hombres predominan en la industria manufacturera, la construcción, el transporte y otras actividades con mayores niveles de formalidad. Las mujeres se concentran en alojamiento, comida, actividades artísticas y distintos servicios donde suelen presentarse condiciones más informales.

Cerrar la brecha laboral femenina exige algo más que programas de capacitación. Se necesitan sistemas de cuidado, horarios flexibles, transporte seguro, acceso a jardines infantiles y políticas empresariales capaces de reconocer las responsabilidades familiares.

Los sectores que más empleo generan no son los que mejor pagan

El comercio continúa siendo el principal generador de empleo juvenil, con cerca del 24 % del total. Sin embargo, durante la última década se ha producido una transformación relevante.

Las actividades profesionales pasaron de representar alrededor del 6 % del empleo juvenil en 2015 al 12 % en 2024. Alojamiento y servicios de comida también creció del 8 % al 12 %.

Al mismo tiempo, la industria manufacturera redujo su participación del 15 % al 12 %, mientras la construcción cayó del 9 % al 6 %.

El cambio muestra una economía juvenil que se desplaza progresivamente hacia los servicios y las actividades intensivas en conocimiento. Pero también plantea una preocupación: varios de los sectores que más jóvenes emplean ofrecen ingresos bajos.

En comercio, actividades artísticas, construcción, alojamiento y servicios de comida, los ingresos medianos juveniles se ubicaron en 2024 entre el 62 % y el 86 % del salario mínimo.

En contraste, los mayores ingresos se encontraron en información y comunicaciones, minería, actividades profesionales, administración pública y algunos servicios financieros.

La diferencia refuerza la necesidad de orientar la formación hacia sectores con mayor productividad y mejores remuneraciones, sin abandonar la tarea de formalizar y elevar la calidad del empleo en actividades tradicionales como comercio, turismo y gastronomía.

Las oportunidades hacia 2030

El informe identifica cuatro grandes agrupaciones con capacidad para fortalecer la empleabilidad juvenil durante los próximos años.

La primera es la economía turística y creativa, especialmente alojamiento y servicios de comida. Barranquilla posee ventajas culturales, empresariales y de conectividad que pueden convertir al turismo en una fuente relevante de trabajo, siempre que los empleos generados superen la temporalidad, la informalidad y los bajos salarios.

La segunda corresponde a la innovación, la tecnología y el empleo formal, con énfasis en información y comunicaciones. Es uno de los sectores con mejores niveles de ingreso y mayor proyección, pero requiere formación en competencias digitales, programación, análisis de datos, bilingüismo, inteligencia artificial, ciberseguridad y servicios empresariales.

La tercera es la transición verde y el empleo sostenible, vinculada al suministro de electricidad, gas, agua, gestión de residuos y energías limpias. La posición geográfica del Caribe y su potencial solar y eólico pueden abrir nuevas oportunidades para técnicos, tecnólogos, ingenieros y operadores especializados.

La cuarta está relacionada con la logística, el transporte y la industria manufacturera. La condición portuaria de Barranquilla, su conexión con mercados nacionales e internacionales y su tradición industrial ofrecen una plataforma que podría aprovecharse mediante nuevas cadenas productivas y procesos de modernización.

Fundesarrollo aclara que esta identificación no constituye una competencia entre sectores ni una jerarquía definitiva. Se trata de una herramienta para orientar inversiones, programas educativos y esfuerzos institucionales.

El desafío es conectar las piezas

Barranquilla no parte de cero. La ciudad ha mejorado sus indicadores de ocupación, posee instituciones educativas, tejido empresarial, infraestructura y sectores con posibilidades reales de crecimiento.

Lo que todavía falta es conectar esas piezas.

La formación debe responder con mayor rapidez a las transformaciones económicas. Las empresas necesitan abrir rutas de primer empleo y valorar capacidades más allá de la experiencia acumulada. Las instituciones públicas deben fortalecer la orientación vocacional, facilitar la permanencia educativa y crear condiciones para que las mujeres puedan estudiar y trabajar.

También es necesario acompañar a quienes ya se encuentran en la informalidad. No basta con exigirles que se formalicen. Se requieren incentivos, acceso a financiación, asesoría empresarial, protección social flexible y caminos graduales para transformar pequeños oficios en unidades productivas sostenibles.

El informe de Fundesarrollo deja una advertencia y, al mismo tiempo, una posibilidad.

La advertencia es que una ciudad que no genera oportunidades para su juventud termina reproduciendo pobreza, desigualdad y exclusión.

La posibilidad es que Barranquilla cuenta con casi medio millón de jóvenes capaces de protagonizar su próxima transformación económica.

El reto no consiste solamente en ayudarles a encontrar cualquier trabajo. Consiste en construir una ciudad donde estudiar tenga sentido, trabajar permita progresar y ser joven no sea una desventaja.

Detalles de la Presentación

Barranquilla está transformando su mercado laboral. Mientras las empresas demandan cada vez más perfiles con habilidades tecnológicas y socioemocionales, cerca de uno de cada dos jóvenes ocupados en el área metropolitana continúa trabajando en condiciones de informalidad, una realidad que limita su acceso a empleos estables, ingresos adecuados y protección social.

Esta es una de las principales conclusiones de los estudios “Tendencias económicas y dinámicas del mercado laboral de los jóvenes en Barranquilla A.M.” y “Evolución reciente de la informalidad en el mercado laboral juvenil en Barranquilla A.M.”, elaborados por Fundesarrollo y Goyn Barranquilla, y que fueron presentados durante las Jornadas de Puertas Abiertas del centro de pensamiento.

Los análisis muestran que, aunque el comercio continúa siendo el principal generador de empleo juvenil, la ciudad avanza hacia actividades económicas más intensivas en conocimiento, lo que está modificando los perfiles laborales que requieren las empresas. Sin embargo, esta transformación también está ampliando la brecha entre las competencias que demanda el mercado y las habilidades con las que muchos jóvenes ingresan al mundo laboral.

En este contexto, Lilian Urueta, directora de Goyn Barranquilla, señaló que responder a estas transformaciones requiere una mirada integral, en la que intervengan distintos actores para acompañar a los jóvenes en su transición hacia empleos de mayor calidad. “Todo esto es sistémico: información, orientación, acompañamiento, desarrollo de habilidades y mejor información son variables que están jugando allí”.

Los resultados evidencian que el 49 % de los jóvenes ocupados trabaja en condiciones de informalidad, situación que afecta con mayor intensidad a las mujeres (51 %) que a los hombres (47 %). Además, tres de cada diez jóvenes ocupados son trabajadores por cuenta propia, una modalidad donde se concentra una parte importante de la informalidad.

El estudio también confirma que la educación mejora las oportunidades laborales, pero no garantiza el acceso a un empleo formal. Entre el 10 % y el 37 % de los jóvenes con formación técnica, tecnológica o de posgrado continúa trabajando en la informalidad, mientras que esta proporción alcanza el 65 % entre quienes solo cuentan con educación secundaria.

Desde el sector empresarial, Alberto Vives, gerente de la Andi Seccional Atlántico-Magdalena, destacó la necesidad de fortalecer la conexión entre la formación y las necesidades del aparato productivo.

“Las prácticas laborales facilitan el acceso de los jóvenes al mercado laboral y aumentan sus posibilidades de vinculación. Además, incorporar talento joven fortalece la innovación y la competitividad de las empresas.”

En la misma línea, Robert Llinás, coordinador regional de Formación Profesional del Sena Atlántico, señaló que uno de los principales retos consiste en lograr que la información, la formación y las oportunidades lleguen efectivamente a los jóvenes. “Aunque a veces existen las oportunidades, estas no siempre les llegan…”, afirmó.

Frente a este panorama, los estudios plantean cuatro prioridades para mejorar las oportunidades laborales de los jóvenes:


• Fortalecer la transición entre la educación y el empleo, previniendo el trabajo temprano.

• Ampliar el acceso a mecanismos formales de intermediación laboral.

• Impulsar la productividad y la formalización de los micronegocios.

•Mejorar el seguimiento de las condiciones laborales de los jóvenes con mayores niveles de vulnerabilidad.

Finalmente, para Oriana Alvarez Vos, directora ejecutiva de Fundesarrollo, estos hallazgos muestran la necesidad de actuar de manera coordinada para que la transformación económica de la ciudad también se traduzca en mejores oportunidades para los jóvenes.

“El mercado laboral ya está cambiando. Ahora el desafío es que los jóvenes también puedan hacerlo. Si Barranquilla logra cerrar las brechas de habilidades, formalidad y acceso a oportunidades, esta transformación puede convertirse en una de las mayores ventajas competitivas de la ciudad.”

Los estudios se encuentran disponibles para consulta en las páginas web de Fundesarrollo y Goyn Barranquilla.

Informe preparado con asistencia de Inteligencia Artificial, bajo la supervisión de un periodista.