La famosa leche que se come a cucharadas, Klim celebra 80 años en Colombia, consolidando una trayectoria que combina valor nutricional, sabor y recordación entre los consumidores.
En el último año, la marca registró un crecimiento cercano a 60 puntos básicos en participación de mercado hacia 2025, manteniéndose como una de las referencias más relevantes dentro del portafolio de Nestlé en el país.
Parte de su historia también se construye desde la producción local en Valledupar, donde la operación impacta a esta región y Antioquia a través del Plan de Fomento Lechero de Nestlé; una iniciativa que acompaña a los productores desde el origen de la cadena productiva mediante asistencia técnica, entrega de primas y la promoción de prácticas de ganadería regenerativa.
Actualmente, el programa beneficia a 320 productores, y ha logrado que hoy el 85% de la leche que usa la compañía en sus productos provenga de fincas que implementan prácticas de agricultura regenerativa, incluyendo los productos de Klim.
“Durante estos 80 años hemos construido una propuesta con un equilibrio entre nutrición y un sabor único, dos atributos que han permitido que permanezcamos en la mente de los consumidores generación tras generación.
“Para muchos colombianos que crecieron viendo la lata amarilla en sus casas, una cucharada de Klim no solo remite a su sabor característico, sino también a esos instantes cotidianos que permanecen en la memoria colectiva, afirma, Verónica Castro, Gerente de Grupo de Marketing Nutrición Familiar Nestlé.
Desde el punto de vista nutricional, la leche es uno de los alimentos con mayor densidad nutricional dentro de la dieta diaria. Un vaso de leche contiene alrededor de 13 nutrientes esenciales, como calcio y proteínas, que ayudan al buen funcionamiento del sistema inmune y al fortalecimiento de los huesos.
En el caso de Klim Clásica, su formulación incluye nutrientes que aportan a la dieta diaria de las familias colombianas. Un vaso contribuye al aporte diario de proteína de alta calidad además de 11 vitaminas y minerales como calcio y vitamina D que contribuyen al mantenimiento de los huesos, zinc y vitaminas A y C que favorecen el buen funcionamiento del sistema inmunológico.
Asimismo, cada porción aporta alrededor de 6 gramos de proteína, lo que representa cerca del 12% de la recomendación diaria de proteína para niños mayores de 4 años y adultos, convirtiéndose en una fuente accesible de proteína de alto valor biológico dentro de la dieta.
Sobre esa base nutricional, la marca ha desarrollado un sabor característico que se ha convertido en uno de sus principales atributos de recordación. Para muchos consumidores, ese sabor está ligado a momentos cotidianos de la infancia.
La relación entre sabor y memoria tiene incluso una explicación científica: los sabores y aromas activan circuitos del cerebro relacionados con la memoria emocional.
Además, estudios de comportamiento del consumidor indican que hasta el 88 % de las personas considera el sabor como el principal criterio al elegir alimentos, por encima de variables como precio o conveniencia.
A lo largo de sus 80 años en el país, la marca también ha evolucionado para responder a nuevas dinámicas de consumo con el desarrollo de innovaciones como Klim Snacks un alimento lácteo diseñado especialmente para niños a partir de los 3 años. Estos corazones compactos contiene 6 vitaminas y minerales, en un práctico sobre ideal para llevar a cualquier parte y que mantiene su sabor inconfundible.
Klim sigue formando parte de escenas cotidianas que se repiten en muchos hogares: una preparación familiar, un vaso de leche o simplemente una cucharada que remite a los sabores de la infancia.
En esa mezcla entre nutrición, sabor y memoria compartida, la marca continúa encontrando su lugar en la vida diaria de los hogares colombianos.



