Por Amylkar D. Acosta Medina (1)

El petróleo está pasando por su mala hora en Colombia y ello a consecuencia de la política del actual gobierno presidido por Gustavo Petro, quien no oculta su fobia por el mismo.
En su programa de gobierno y en su Plan Nacional de desarrollo se dejó establecido “que no se otorgarán nuevas licencias para la exploración de hidrocarburos”.
Y fue más lejos al firmar en el marco de la COP 28 en noviembre de 2023 el Tratado de no proliferación de los combustibles fósiles, con el cual se comprometió a “cero exploración nueva” y “cero proyecto de explotación nueva en el mundo”.
Equivocadamente el Presidente Petro asume que el mundo está dejando de consumir el petróleo y que al seguir apostándole al mismo “a lo que va para abajo, pues vamos sencillamente con los ojos abiertos al abismo”.
Pero la realidad es otra: en 2023, por primera vez el consumo de petróleo en el mundo superó la barrera de 100 millones de barriles al día, el año pasado consumió 103 millones y según la Agencia Internacional de Energía (AIE) se estima en 105 millones en 2025.
Lo dijo claramente el Director de mercados energéticos de la AIE Keisuke Sadamori: “el mundo está a punto de alcanzar un máximo en el uso de combustibles fósiles y el carbón será el primero en disminuir, pero aún no hemos llegado a ese punto”. Razón tiene la reputada escritora Virginia Wolf cuando afirma que “es más fácil matar a un fantasma que a una realidad” y este es el caso.
El consenso alcanzado en las sesiones de la Conferencia de las partes de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Cambio climático (CMNUCC) va en el sentido de ir tomando distancia de los combustibles fósiles, pero el Presidente Petro optó por ir más allá, dándole la espalda.
La Hoja de ruta de la Transición energética no puede ser la misma en aquellos países que dependen de las importaciones de crudo que en aquellos otros en los que, como Colombia, dependen no de las importaciones sino de extraerlo y exportarlo. De allí que la propia CMNUCC llegó a la conclusión de que el compromiso de los países con sus metas de reducción de sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en su lucha contra el Cambio climático aunque solidaria y compartida es diferenciada!
Bien dijo William Thomas que “si las personas definen situaciones como reales, estas son reales en sus consecuencias”. Definitivamente las palabras tienen poder.
Ello explica que aunque el Gobierno para justificar y sostener su obstinación de descartar la firma de nuevos contratos de exploración y explotación de hidrocarburos, pese a las precarias reservas con las que cuenta Colombia, aduce que con esta decisión no se está impidiendo dicha actividad en el país, porque existen casi 200 contratos ya firmados y vigentes, lo cual es cierto, las cifras, los registros de la actividad de las empresas petroleras en Colombia hablan por sí solas.
Veamos: el número de taladros activos en Colombia se redujo entre el 27% y el 30% entre los años 2023 y 2024. Y en número de pozos exploratorios se redujeron el 33% en 2024. Ello explica también la caída del sector de Minas y canteras – 5% en 2024, -10% en el primer trimestre de este año y – 5.7% en el tercer trimestre. Lo cierto es que el volumen de las reservas vienen en caída libre y con ellas también la producción, que sigue siendo modesta.


Además, en los últimos dos años la Inversión extranjera directa (IED) experimentó una caída histórica del 30.5%, sólo en 2025 fue del 14%, afectada mayormente por el decaimiento de la inversión en el sector minero – energético, que concentra el 75.8% de la misma, la cual se desplomó el 26.7%. Ello explica en gran medida la contracción de este sector, el cual pasó de representar el 5.9% del PIB en la década pasada a sólo el 3.5% actual! Y ello no se ha dado por generación espontánea. Ello obedece en gran medida al freno, al desestimulo y al castigo por parte del Gobierno de los cuales viene siendo objeto la industria de los hidrocarburos, no se ha dado por generación espontánea.
Ello obedece en gran medida al desestimulo y al castigo por parte del Gobierno de los cuales viene siendo objeto la industria de los hidrocarburos. Primero fue la reforma tributaria de 2022 (Ley 2277) la que le estableció nuevas sobretasas (hasta 10-15%), le eliminó beneficios como la deducibilidad de las regalías y el CERT y amplió el impuesto al carbono. Posteriormente, amparado en la declaratoria de la conmoción interior en el Catatumbo (Decreto 062 de 2025) se le impuso un impuesto del 1% sobre la extracción y venta de hidrocarburos.
Y, como si lo anterior fuera poco, en virtud del Decreto 572 de 2025 se anticipó el pago de la autorretención en la fuente del 2026 al tiempo que se incrementó su porcentaje del 5.6% al 7%, afectando de paso la liquidez y el flujo de caja de las empresas. Pero, faltaba la cereza del pastel, acaba el Gobierno de decretar la emergencia económica (Decreto 1390 del 22 de diciembre de 2025) impone un nuevamente el impuesto especial del 1% a la extracción y venta del petróleo, justo en momentos en los que su precio se viene descolgando en los mercados internacionales y por lo tanto el margen para las empresas, empezando por ECOPETROL, es cada día menor. Podemos afirmar, entonces, que los pésimos registros del desempeño de este sector, no se han dado por generación espontánea.
El Presidente Gustavo Petro ha reclamado como su éxito el prematuro marchitamiento de este sector, inducido por su propia política y decisiones equivocadas, aduciendo que “estamos ante un cambio del modelo de desarrollo exitoso, que la sociedad debe sostener para los siguientes años y no volver atrás, hacia las rentas fósiles y cocaineras” y añadió: “verificamos que entre más cae el extractivismo fósil, más crece la actividad productiva en agricultura con un enorme 7.1% e industria no ligada al petróleo”, refiriéndose al dato puntual del DANE para el primer trimestre de este año.
Pero poco duró la euforia del Presidente, pues para el segundo y tercer trimestre de 2025 siguientes la desaceleración del crecimiento de la agricultura se tradujo en un crecimiento del 3.8% para el segundo trimestre y del 2.4% para el tercero, después de haber alcanzado un máximo histórico de 10.2% en segundo trimestre de 2024, comportamiento este explicado por el inusitada alza primero de los precios del café y su más reciente destorcida. No estamos, entonces, en presencia de “un cambio del modelo de desarrollo exitoso”, sino de un falso positivo.
En este contexto, preocupa sobremanera el rumbo de la estatal petrolera ECOPETROL, limitada en su margen de acción por la política de gobierno de descartar la firma de nuevos contratos de exploración y producción de hidrocarburos por su aversión a estos, en momentos en los que completa prácticamente tres años con sus utilidades en caída libre, se distrae del core de su negocio que son los hidrocarburos para invertir en proyectos eólicos fallidos en los que ha comprometido cuantiosas inversiones, renunció por presión de su Junta directiva y ésta por presión del propio Presidente Petro a un excelente negocio, como lo era la adquisición de 30% del proyecto Oslo en la misma cuenca del Permian, del cual insiste con terquedad aragonesa el Presidente en que ECOPETROL debe desinvertir y retirarse, por razones eminentemente ideológicas.
La preocupación es mayor, ahora que se avecinan nuevos cambios en su Junta directiva en la próxima asamblea de la empresa en marzo, cuando se espera la llegada de nuevos integrantes, activistas varios de ellos y alineados con el pensamiento y las directrices del Presidente Petro. El reto es mayor para la Junta entrante y para el próximo gobierno de cara a los nuevos acontecimientos que se han desencadenado con la intervención de los EE.UU en Venezuela, con el claro propósito de controlar y reactivar su industria, los cuales podrían derivar en mayores producción y exportación de crudo.
Ello podría derivar en una seria amenaza para Colombia, habida cuenta que el crudo que extrae y comercializa Venezuela es pesado como el de Colombia, ya que los dos países compiten por el mismo nicho de mercado y ello en momentos en los que la tendencia de los precios es a la baja debido a un exceso de oferta en el mercado, que tiene los precios oscilando en torno a los US $60, después de haber alcanzado un máximo en enero del año anterior de US $79 el barril.
Miembro de número de la ACCE (1)
Santa Marta, enero 24 de 2026
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