El abogado de inmigración Héctor Benítez explica por qué los operativos de Ice no deberían paralizar a la comunidad latina, advierte sobre los errores más frecuentes al momento de una detención y recuerda que, bien asesorados, muchos casos encuentran caminos que la gente ni siquiera imagina.
“Lo peor es quedarse quieto”: la clave para enfrentar a Ice
Desde su firma en Florida, el venezolano Héctor Benítez atiende a migrantes en todo Estados Unidos. En esta conversación con La Gran Noticia insiste en algo básico: no firmar nada sin abogado, no resignarse al primer no y explorar todas las opciones legales antes de pensar en hacer las maletas.
Entre el miedo y la ley: cómo defenderse ante Ice
En medio de operativos y discursos duros sobre migración, Héctor Benítez apuesta por la información y la estrategia. El abogado detalla qué hacer si Ice toca la puerta, qué delitos cierran el camino y en qué casos un perdón puede cambiar por completo el destino de una familia.
“Hay muchas más salidas migratorias de las que la gente cree”
Conversación con el abogado de inmigración Héctor Benítez. En Estados Unidos, decir “Ice” basta para que a muchos migrantes se les encoja el corazón.
La Gran Noticia habló con el abogado de inmigración Héctor Benítez, quien lleva años acompañando casos en distintos estados del país.
Hector Benítez es un abogado colegiado en los Estados Unidos, admitido en el Colegio de Abogados del Estado de Missouri, con un destacado background docente y académico, que incluye varios títulos post-univeristarios obtenidos en su país, donde desarrolló una trayectoria profesional brillante, así como un ejercicio impecable y ético de su profesión.
Al emigrar a USA culminó exitosamente una Maestría en Law Letters (LLM). No menos importante, es el distinguido fundador y presidente de la prestigiosa firma Benme Legal, donde no sólo desempeña funciones ejecutivas en la corporación, sino que además dada su amplia experiencia en asesoría jurídica, diseña y aprueba las estrategias creadas para alcanzar los objetivos de la firma y de sus clientes.
La Gran Noticia (LGN): Hoy Ice es casi una palabra de miedo entre los migrantes. ¿Por qué esa sensación de que “se vienen encima” con tanta fuerza?
Héctor Benítez (HB): Porque no ha sido solo Ice. También han estado actuando Border Patrol, el FBI y otras agencias vinculadas al control migratorio. Con la nueva Administración han trabajado con una lógica de cuotas, de “cumplir números” en lo que llaman deportaciones masivas.
El problema es que, bajo ese enfoque, no siempre se distingue entre un verdadero delincuente y alguien que simplemente está en situación irregular. Por eso hemos visto cómo se han llevado trabajadores, ancianos y hasta niños, como el caso reciente del pequeño Liam, que golpeó tanto a la opinión pública.
En los últimos días, sin embargo, han empezado a aparecer matices. El llamado “zar” de la frontera, Tom Homan, y el propio presidente Trump han hablado de la necesidad de ajustar prioridades después de lo ocurrido en Minnesota, donde murieron dos ciudadanos norteamericanos durante operaciones migratorias. La idea que han dejado entrever es que la fuerza del sistema debería concentrarse más en quienes son realmente peligrosos y menos en la gente común. Habrá que ver si eso se traduce en hechos, pero la señal está ahí.
LGN: En la calle se comenta que viene cierta “flexibilización” en las detenciones. ¿Alcanza a notarse algo ya?
HB: Lo que se ve, por ahora, es un pequeño cambio en la intensidad. En estados como Florida y Texas hubo semanas con un nivel de detenciones altísimo. Atendimos muchísimos casos en muy poco tiempo.
En los últimos días la presión parece haber bajado un poco, sobre todo para quienes no tienen antecedentes criminales.
“No me atrevería a decir que es un giro definitivo, pero sí se percibe cierta disminución en la escalada”.
LGN: Si a una persona la detiene Ice, en la práctica, ¿qué debe hacer en ese momento?
HB: Lo primero es conservar la calma y no resistirse físicamente. Eso es clave. La resistencia, aunque no haya violencia, puede terminar convertida en un cargo más.
Y luego vienen cuatro puntos que siempre repito:
Decir con claridad que no autoriza revisiones ni de su vehículo ni de sus pertenencias.
Dejar claro que no va a responder preguntas en ese momento, y prefiere mantenerse en silencio.
Pedir hablar con un abogado antes de cualquier declaración.
Negarse a firmar documentos que no hayan sido revisados con ese abogado.
Las autoridades muchas veces presionan para que la persona firme una salida voluntaria o algún acuerdo que, después, es prácticamente imposible deshacer. Cuando se respetan estos pasos y, aun así, hay excesos o irregularidades, eso nos da herramientas para acudir a cortes federales, donde los jueces son independientes del sistema de inmigración.
En esas cortes, las posibilidades de lograr una liberación rápida o frenar una deportación injusta son mucho mayores.
LGN: Usted habla mucho de la importancia de la asistencia legal. ¿Qué está pasando ahí?
HB: Que el sistema está trabado y, al mismo tiempo, ofrece puertas que solo se abren si uno sabe dónde tocar.
Por un lado, las cortes de inmigración están más duras: nuevas reglas, decisiones administrativas que cierran caminos, trabas por todos lados. Pero esa misma rigidez ha obligado a muchos abogados a ir a la justicia federal, a usar recursos como el habeas corpus. Cuando lo haces bien, puedes lograr que una deportación se detenga o que una persona salga en cuestión de horas o días.
Ahora, el dato que más me preocupa es este: más del 75% de quienes están en procesos migratorios enfrentan todo sin abogado. Por falta de dinero, por miedo, por desconocimiento… las razones pueden variar, pero el resultado es el mismo: sus posibilidades de éxito caen en picada.
LGN: ¿Y qué puede hacer alguien que necesita ayuda, pero siente que no le alcanza para pagar un abogado?
HB: Lo primero es saber que no está solo. Hay organizaciones que ofrecen servicios de bajo costo e incluso gratuitos para quienes realmente no tienen cómo pagar.
La realidad, sin embargo, es que esas organizaciones están desbordadas. Les llega un océano de casos y simplemente no dan abasto. Ahí es donde entramos los despachos privados.
Existe la idea de que “todos los abogados son inalcanzables”. No siempre es así. Depende del profesional, claro, pero hoy la mayoría entiende la situación económica de la gente. Por eso se ofrecen planes de pago, cuotas, arreglos que permitan que una familia pueda defenderse sin tener que escoger entre comer o contratar un abogado. No es un lujo: muchas veces es la diferencia entre quedarse o ser deportado.

LGN: ¿Cómo está conformado su equipo y desde dónde trabajan?
HB: Dirijo una firma en la que trabajamos cerca de 50 personas entre abogados y otros profesionales. La tecnología nos permite atender casos en todo el país.
Nuestras oficinas están en Florida, en El Doral (Miami), Bradenton y Orlando, y también tenemos presencia en Katy, en el estado de Texas. Pero, a estas alturas, muchos casos se llevan por teléfono o videollamada, así que la distancia ya no es una barrera tan grande.
LGN: ¿De dónde procede usted?
HB: Soy venezolano. Y esa experiencia también me marca: sé lo que es salir de tu país y construirte de nuevo en otro lugar.
LGN: Cuando una persona llega a su oficina, ¿qué probabilidades reales tiene de conseguir una solución?
HB: Todo depende del caso, pero hay algo importante: cuando se deja de pensar en “una sola opción” y se pasa a trabajar con estrategias, las probabilidades de éxito suben mucho.
En nuestro despacho, tomando en cuenta los distintos caminos que se pueden abrir para una misma persona o familia, estamos logrando tasas de aprobación que superan el 80%. Eso no significa que todo sea fácil ni que haya fórmulas mágicas, pero sí que, si se exploran bien las alternativas, el panorama cambia.
Un ejemplo: alguien presenta un asilo afirmativo y se queda sentado, esperando años y años a que eso se resuelva. Mientras tanto, podría estar evaluando otras vías:
Visas de interés nacional.
Visas asociadas a ofertas de certificaciones laborales.
Visas por habilidades extraordinarias.
Peticiones familiares.
Visas U, para víctimas de determinados delitos.
Visas T, para víctimas de explotación laboral o sexual en contextos de trata.
Lo que vemos una y otra vez es gente que lleva diez o doce años con un asilo pendiente, cuando pudo haber resuelto su situación en dos o tres años por otro camino, sin renunciar al trámite inicial. De eso se trata: de armar bien el mapa para cada familia.
LGN: ¿Y qué pasa con quienes tienen antecedentes penales? Ahí muchos dan el caso por perdido.
HB: Es comprensible el miedo, pero no todo está perdido automáticamente.
Es cierto que hay delitos muy graves que cierran puertas y pueden implicar detención obligatoria: homicidio, violación, maltrato infantil, violencia doméstica agravada, tráfico de drogas… Son faltas que el sistema considera especialmente graves.
En el derecho estadounidense se habla de CIMT, crimes involving moral turpitude: delitos que chocan de frente con la conciencia social.
Pero no todos los antecedentes están en esa categoría. Muchos pueden ser objeto de un waiver, un perdón migratorio. La clave es la técnica: cuándo se pide, cómo se argumenta, ante qué autoridad se plantea. Y también el tiempo: mucha gente se acuerda de que debe regularizar su situación cuando ya está encima una orden de deportación. Llegar tarde es uno de los errores más caros.
LGN: Para quien nos lee y siente que este es su caso, ¿cómo puede contactarlo?
HB: Pueden llamarnos al +1 786 558 5625, entrar a benmelegal.com o buscarnos en redes sociales como @benmelegal. Ahí encuentran la información básica y los canales de contacto.
LGN: Para cerrar, ¿qué mensaje le dejaría hoy a los migrantes que viven con el miedo en la puerta?
HB: Les diría que no se resignen. Que no se queden con lo que dice un comentario en redes o una búsqueda rápida en internet.
“Un abogado de inmigración serio no está para vender ilusiones, sino para explicar con calma qué se puede hacer y qué no, y trazar una ruta. Hay colegas que cobran muy poco por la consulta y otros que ni siquiera la cobran. Vale la pena hacer esa llamada, pedir esa cita, escuchar una opinión profesional”.
Lo que ustedes ven como un callejón sin salida, muchas veces tiene puertas que no habían notado. Y hoy, entre llamadas, Zoom, Teams o Google Meet, la ayuda puede estar a un clic de distancia, aunque el abogado esté en otro Estado.
Se vienen meses complejos, pero también es posible que la presión disminuya por el clima político y el rechazo social a las políticas más extremas. Mientras tanto, mi consejo es el mismo: busquen al abogado de confianza y no se queden quietos. En migración, el tiempo casi nunca juega a favor de quien no se mueve.



