Por Catalina Oquendo B.

Como siempre, cada semana parece un año en la vida política de Colombia– mas aún en año electoral-, pero hoy quiero detenerme y escribir sobre un sentimiento que nos movió y nos mueve a muchas mujeres en las grandes ciudades: el miedo a subirnos a un transporte público y ser abusadas, robadas o asesinadas.
Ese miedo se activó esta semana en Bogotá cuando una ciudadana llamada Diana Ospina tomó un taxi en la madrugada y fue secuestrada durante dos días. La imagen de ella, saliendo de una discoteca con una chaqueta brillante y pinta de una linda noche con amigas, podría ser la de cualquiera de nosotras.
Diana se despidió de una amiga que se fue un carro particular. Seguramente se dijeron el famoso “Avísame cuando llegues”, que se convirtió en un mantra que tenemos y que uno espera a leer para irse a dormir; ella pidió el suyo y, según los relatos conocidos, se lo cancelaron. Así que decidió tomar un taxi en la calle – algo que no debería generar críticas, porque hablamos de transporte público y porque en ciudades serias eso no debería ser un riesgo-.
En redes, como hacemos siempre sintiendo que no nos queda más, compartimos la imagen de la personas desaparecida, instamos a las autoridades a moverse rápido y esperamos. Esperamos con el corazón en vilo a que alguien ponga un tuit actualizando con la frase “Apareció con vida” que a nosotras nos alegra y a muchos molesta. Por fortuna, este lunes en la noche, Diana apareció sana y salva- la liberaron después de vaciarle sus cuentas- y pudimos dormir tranquilas. Fue un alivio, pero solo temporal y artificial, porque la sensación es permanente y la prevención de los hechos no está en el horizonte.
Por eso vengo a preguntarme por acá, ¿qué pasa si el ruido digital no es fuerte o si el secuestro ocurre en un día de muchas noticias?, ¿por qué no hay investigaciones más exhaustivas de los antecedentes de conductores que aún no están vinculados a plataformas?
En los dos días de esta desaparición teníamos las placas del taxi que se la llevó y de otro que participó en el hecho, sabíamos incluso los comparendos y la cantidad de multas que tenían los dueños, o el nombre de los conductores.
¿No es posible generar banderas rojas antes de que ocurran hechos así? ¿Tiene la policía información sobre placas “gemeleadas” y las monitorean en la ciudad, antes de que sirva para cometer delitos? Por supuesto, eso no quiere decir que alguien con comparendos termine en una acción criminal, pero saber si es reincidente, nos ayudaría a sentirnos más tranquilas.
Más allá de la trabajo de la Policía, que termina siendo reactivo, falta más acción de Movilidad. Cualquiera en Bogotá conoce los lugares de posibles paseos millonarios y aunque existen las “zonas amarillas”, en lugares de alta vida nocturna, no parecen suficientes para generar seguridad.
La zona donde desapareció Diana, que también es una de rumba, no hace parte de esa estrategia de puntos seguros. Pero no se trata solo de lugares de bares y fiesta, me pregunto por algo que solo nos pasa en Colombia: ¿Hay algún tipo de prevención en los puentes, que muchas mujeres evitamos por el pavor que nos producen? ¿en las calles más oscuras?. En suma, ¿Cómo hacemos para vivir en una ciudad que nos obliga a estar en modo defensa?
EL PAÍS | Colombia
| CATALINA OQUENDO B. |
| Corresponsal de EL PAÍS en Colombia. Periodista y librohólica hasta los tuétanos. Comunicadora de la Universidad Pontificia Bolivariana y Magister en Relaciones Internacionales de Flacso. Ha recibido el Premio Gabo 2018, con el trabajo colectivo Venezuela a la fuga, y otros reconocimientos. Coautora del libro Periodismo para cambiar el Chip de la guerra. |



