En un contexto de baja cobertura pensional y alta informalidad laboral, especialistas advierten que la incertidumbre económica se está convirtiendo en un factor de riesgo para la salud mental de distintas generaciones.
En el primer trimestre del 2025, el sistema pensional colombiano registró oficialmente cerca de 1,8 millones de personas pensionadas, según cifras publicadas por Colpensiones. En un país donde predomina la informalidad y la cobertura pensional sigue siendo limitada, la jubilación dejó de ser una preocupación exclusiva de quienes están cerca del retiro y se transformó en una fuente constante de estrés para personas de distintas edades.
Desde la psicología, esta situación se traduce en lo que se conoce como ansiedad anticipatoria. “Aunque el retiro esté lejos, muchas personas lo viven como una amenaza simbólica a su estabilidad e identidad laboral. Aparecen preocupaciones persistentes, rumiación sobre escenarios financieros adversos y una sensación de pérdida futura de control”, explica la Dra. Paula Diez, psicóloga, magíster en neuropsicología y vocera de ADIPA (plataforma de formación en psicología y salud mental).
La experta advierte que la incertidumbre económica sostenida actúa como un estresor crónico. “Cuando la seguridad pensional se percibe como inestable, se debilita la confianza institucional y se instala una lógica de supervivencia más que de desarrollo”, señala. Esto impacta directamente la regulación emocional, incrementa síntomas ansioso-depresivos y condiciona decisiones de vida como formar una familia, adquirir vivienda o emprender.
Esta tendencia resulta especialmente preocupante si se considera que cerca de 2,5 millones de colombianos padecen depresión, lo que equivale aproximadamente al 4,7 % de la población, según cifras combinadas de la Organización Mundial de la Salud y el Ministerio de Salud colombiano.
En el contexto colombiano, la alta informalidad, las reformas recurrentes al sistema y la desigualdad estructural han reforzado la percepción de inseguridad frente al retiro. “Culturalmente, el trabajo está muy ligado a la identidad y al valor personal. Por eso, la jubilación puede vivirse como pérdida de rol más que como descanso, incluso en población joven”, agrega Diez.
En consulta, los efectos son cada vez más visibles. “Observamos ansiedad, insomnio, irritabilidad y pensamientos catastróficos sobre el futuro financiero. También conflictos de pareja asociados a decisiones económicas y conductas extremas, desde evitar hablar de dinero hasta el ahorro compulsivo motivado por el miedo”, concluye la vocera de ADIPA.
Frente a este escenario, especialistas en salud mental coinciden en la importancia de integrar educación financiera, planificación temprana y acompañamiento psicológico como estrategias preventivas.



