Con el 70% de la energía eléctrica del país dependiendo de las lluvias, las importaciones de gas disparadas un 166% y los proyectos renovables aún en retraso, las empresas colombianas tienen una ventana estrecha para protegerse antes de que los precios vuelvan a estallar.
Según datos de XM cerca del 65% de la generación de energía proviene de fuentes hídricas.
Según la Upme, en episodios recientes del fenómeno El Niño los embalses han caído por debajo del 30%.
Bogotá, abril de 2026. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) confirmó con alta confianza la formación de un “super”, El Niño, el más intenso en al menos una década, con anomalías de temperaturas oceánicas que podrían superar en 2°C por encima del promedio histórico.
Para Colombia, esta no es solo una señal climática: es una alerta económica de primer orden.
Con cerca del 70% de su matriz eléctrica dependiendo de la generación hidroeléctrica, el país enfrenta una alta exposición a escenarios de sequía prolongada. La experiencia lo demuestra.
Durante el fenómeno de El Niño de 2024, la caída en los niveles de los embalses obligó a activar de forma intensiva la generación termoeléctrica, que llegó a cubrir cerca de la mitad de la demanda nacional. En cuestión de semanas, el precio de la energía en la bolsa se disparó más de un 200% trasladando presión a toda la economía.
Hoy, las condiciones de partida son aún más exigentes. Las importaciones de gas natural, clave para respaldar la generación térmica, crecieron en un 166% en 2024, mientras la producción nacional cayó un 9%. A esto se suma una brecha de costos significativa: el gas importado se ubica entre 15 y 16 dólares por millón de BTU, frente a los 6 dólares del gas nacional.
Ese sobrecosto ya se refleja en las facturas: en Bogotá, las tarifas de gas subieron un 36% en 2025; en Medellín, un 22%. Y según Naturgas, si no entran nuevos campos de producción, Colombia podría depender de importaciones para el 56% de su gas en 2029.
El resultado de la ecuación para este año es predecible: embalses bajos, activación masiva de termoeléctricas, mayor demanda de gas importado, precio de bolsa de la energía en niveles críticos, inflación en cascada sobre alimentos, transporte, manufactura y servicios.
Ante este escenario, las empresas colombianas con alto consumo energético enfrentan hoy una ventaja que pueden perder pronto: el tiempo para actuar antes de que el fenómeno golpee.
Las compañías con consumos superiores a 55.000 kWh mensuales tienen acceso al mercado no regulado de energía, donde es posible negociar contratos de suministro a mediano y largo plazo con tarifas fijas o indexadas, blindándose de la volatilidad del precio de bolsa. Quienes lo hicieron antes del Niño de 2024 pagaron hasta tres veces menos que quienes quedaron expuestos al mercado spot durante la crisis.
Más allá de la cobertura tarifaria, este contexto abre oportunidades concretas para las empresas:
- Contratos de largo plazo en el mercado no regulado, que ofrecen predictibilidad financiera y protección ante picos de precio durante fenómenos climáticos extremos.
- Diversificación de fuentes de suministro, incorporando contrato con generadores de energía solar y eólica que no dependen del régimen hídrico.
- Gestión activa del perfil de carga, identificando horarios de alto costo y trasladando consumos no críticos a franjas de menor precio de bolsa.
- Estrategias de eficiencia energética, que reducen la exposición absoluta al precio independientemente de su nivel.
- Monitoreo en tiempo real del consumo, que permite tomar decisiones informadas y oportunas, no reactivas, ante cambios del mercado.
Es por ello, que desde Bia Energy el llamado es que la transición energética no se limite a diversificar la matriz, sino que exige transformar la manera en que las empresas gestionan su consumo. En escenarios de alta presión sobre el sistema, contar con información en tiempo real permite identificar ineficiencias, anticipar riesgos y tomar decisiones que reducen costos y optimizan la operación.
“Las empresas colombianas no pueden darse el lujo de llegar a otro fenómeno de El Niño sin información, sin contratos de largo plazo y sin una estrategia clara de gestión energética. La señal está sobre la mesa. La pregunta es ¿quién actúa antes de que los embalses bajen?. La energía es el insumo de todos los insumos. Gestionarla sin datos es como dirigir una empresa sin estados financieros.”, señaló Sebastián Ruales, CEO de Bia Energy.
Y es que donde la variabilidad climática deja de ser una excepción para convertirse en una constante, el Fenómeno de El Niño plantea un desafío urgente: adaptarse a un sistema energético cada vez más expuesto a condiciones extremas. Para compañías como Bia, el camino es claro; las empresas que tengan mayor visibilidad sobre su consumo energético, podrán anticiparse a escenarios como El Fenómeno del Niño, gestionar mejor sus costos y convertir la eficiencia en una ventaja competitiva.




