Salud mental infantil en Cesar: las señales que no se pueden seguir ignorando

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En el departamento la salud mental infantil ya no puede abordarse como un asunto que solo merece atención cuando una crisis irrumpe en una familia, en un salón de clase o en una comunidad.

Hoy la conversación exige pasar de la reacción tardía a la prevención cotidiana, de la alarma momentánea al acompañamiento sostenido y del estigma silencioso a una capacidad real de escuchar lo que niños, niñas y adolescentes no logran decir con palabras.

El contexto nacional ayuda a entender la urgencia.

El Instituto Nacional de Salud mantuvo para 2026 el intento de suicidio dentro de los eventos priorizados de vigilancia y ratificó la notificación inmediata de los casos entre los 10 y 17 años en Sivigila 4.0. Esa medida refleja la necesidad de respuestas rápidas frente al deterioro de la salud mental en población joven. 

En Cesar, el balance oficial más reciente de la Gobernación reporta que, a la semana epidemiológica 35 de 2025, el departamento acumulaba 431 intentos de suicidio, un 6,1% menos que en el mismo periodo de 2024.

Si bien la reducción es un avance, la cifra sigue siendo alarmante. El desafío real no es solo mover la estadística, sino garantizar que niños y adolescentes no lleguen al límite del sufrimiento emocional por falta de un apoyo oportuno.

Desde esa realidad, Adriana Vergara De la Ossa, docente del programa de Psicología de la Fundación Universitaria del Área Andina, sede Valledupar, insiste en que uno de los errores más comunes sigue siendo actuar tarde.

La experiencia del Programa de Formación en Atención y Manejo de la Conducta Suicida en Población Infantojuvenil, impulsado desde la institución, ha mostrado que la prevención mejora cuando docentes, orientadores y cuidadores aprenden a reconocer cambios de conducta, dejan de minimizar lo que sienten los menores y entienden que escuchar a tiempo también es intervenir. 

Señales pequeñas, decisiones grandes

Buena parte del problema empieza cuando los adultos interpretan el malestar emocional como simple rebeldía, pereza, malgenio o dramatismo. Pero muchas veces las señales aparecen antes de una crisis visible: aislamiento repentino, irritabilidad persistente, pérdida de interés por actividades que antes generaban entusiasmo, alteraciones del sueño, llanto frecuente, miedo a hablar, baja autoestima o comentarios de desesperanza. Ninguna de esas expresiones debe leerse de manera automática como una emergencia mayor, pero ignorarlas sí aumenta el riesgo de que el dolor crezca en silencio.

Ahí la familia cumple un papel decisivo. Vergara advierte que muchos niños, niñas y adolescentes callan porque temen ser juzgados, castigados o ridiculizados. En otros hogares persiste además una idea que sigue haciendo daño: creer que pedir ayuda psicológica es señal de debilidad o exageración. Ese estigma no resuelve el problema; lo esconde. Y cuando una emoción dolorosa no encuentra escucha ni contención, suele expresarse en retraimiento, conflictos escolares, ruptura del vínculo con el entorno o conductas de riesgo. 

Por eso la prevención no empieza en la urgencia, sino mucho antes. Empieza cuando en casa se habla de emociones sin burla, cuando en el colegio hay adultos disponibles para escuchar, cuando el deporte, el arte, la lectura y los espacios de conversación fortalecen autoestima, pertenencia y confianza. También empieza cuando la comunidad entiende que acompañar no es interrogar ni regañar, sino abrir un espacio seguro para que el menor pueda expresar lo que le pasa sin miedo a ser invalidado.

En ese punto, el acceso a ayuda profesional sigue siendo un reto importante para el departamento, sobre todo en zonas rurales y apartadas. De ahí que divulgar las rutas disponibles también sea parte de la prevención. El Ministerio de Salud mantiene la Línea 106 como canal de orientación en salud mental en territorios que no cuentan con una línea propia, y en el departamento del Cesar se encuentra la línea 3105668234, en donde se prestan los primeros auxilios psicológicos a las personas afectadas, la cual funciona las 24 horas al día y los 7 días a la semana.

En conclusión, en un departamento donde todavía persisten barreras de acceso, silencios familiares y estigmas alrededor de la salud mental, la prevención no puede seguir siendo un discurso secundario. La tarea es escuchar antes, juzgar menos y actuar a tiempo. Porque cuando se trata de niños, niñas y adolescentes, una señal atendida a tiempo no solo evita una crisis: puede cambiar por completo una historia.