Se registraron 19 especies de aves y mamíferos, incluyendo felinos como puma, ocelote y tigrillo.
El 90% de los registros corresponde a mamíferos, lo que confirma la efectividad del método de cámaras trampa.
La presencia de grandes depredadores sugiere un buen estado de conservación en áreas restauradas.
Bogotá, mayo. El Consejo Comunitario de La Plata Bahía Málaga presentó los resultados de su más reciente ejercicio de monitoreo comunitario participativo de fauna, desarrollado con el apoyo del Fondo Minga y Colombia Sostenible, evidenciando una alta diversidad de especies y avances concretos en la restauración ecológica del territorio.

A través de cámaras trampa instaladas entre abril y noviembre de 2025, se registraron 19 especies pertenecientes a 14 familias, con un total de 479 individuos identificados, consolidando uno de los ejercicios más robustos de monitoreo comunitario en la región.
Los resultados muestran una clara predominancia de mamíferos, que representaron el 90% de los registros (435 individuos, 14 especies), frente al 10% de aves (44 individuos). Entre los hallazgos más relevantes se destaca la presencia de especies clave como el puma (Puma concolor), el ocelote (Leopardus pardalis) y el tigrillo (Leopardus wiedii), considerados depredadores clave para el equilibrio del ecosistema.
“La presencia de estos felinos no solo confirma el buen estado de conservación del bosque, sino que evidencia que los procesos de restauración están dando resultados reales en el territorio. Que especies como el puma, el ocelote y el tigrillo estén aquí es una señal clara de que el ecosistema se está recuperando y de que vamos por el camino correcto”, comentó Santiago Valencia, uno de los líderes de este proceso.
El monitoreo se concentró en dos áreas de restauración, Morro y Corozal/Natal, donde se evidenció una alta similitud en riqueza y abundancia de especies, con diferencias mínimas, cercanas al 10%, lo que confirma una recuperación homogénea del ecosistema.

La especie más representativa fue el guatín (Dasyprocta punctata) con 300 registros, seguida por la zarigüeya (Didelphis marsupialis) y el armadillo (Dasypus novemcinctus). En aves, destacaron especies como el chofe (Penelope ortoni) y la perdiz (Tinamus major).
El ejercicio también permitió identificar patrones de comportamiento relevantes, como hábitos diurnos y nocturnos, así como indicios de reproducción, hembras con crías, información clave para la toma de decisiones en conservación.
En total, se obtuvieron más de 9.100 registros, de los cuales el 45% correspondió a capturas efectivas de fauna, lo que respalda la precisión de este método no invasivo en ecosistemas de alta complejidad como el Pacífico colombiano.
Adicionalmente, se evidenció la presencia de especies en categorías de amenaza, como la pava del Baudó (Penelope ortoni), catalogada en peligro, y el mono capuchino (Cebus capucinus) en estado vulnerable, lo que refuerza la necesidad de mantener y fortalecer las acciones de conservación en el territorio.
Este monitoreo no solo aporta información científica relevante, sino que reafirma el valor del conocimiento local y la participación comunitaria en la protección de la biodiversidad. En un contexto de alta presión sobre los ecosistemas, iniciativas como esta demuestran que la conservación es posible cuando las comunidades están en el centro de la gestión ambiental.




