Política, cambio y humanidad: el gran reto de nuestra sociedad

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Por Eduardo Frontado Sánchez

Indiscutiblemente, la vida es una asociación constante de cambios imparables. Sin embargo, muchos de esos cambios trascendentales vienen dados por factores externos regidos por los propios seres humanos. Entre ellos, la política ha sido, a lo largo de los años, uno de los factores de transformación más importantes, pues de alguna manera termina influyendo y definiendo el destino de nuestras vidas.

Resulta imposible no darse cuenta de la necesidad de cambio y de las implicaciones que tiene toda la situación que actualmente vivimos a nivel global. Como sociedad, aún no tenemos muy claro cómo vamos a enfrentar los cambios que se avecinan ni las consecuencias que estos traerán consigo. Vivimos en un mundo marcado por conflictos, tensiones y profundas divisiones que, lejos de acercarnos, parecen alejarse cada vez más de nuestra esencia humana.

Bajo mi punto de vista, todos estos acontecimientos representan un llamado de atención sobre cómo vivimos, qué pensamos y cuán trascendentes queremos ser. Aunque hoy resulte imposible predecir cómo terminarán tantos conflictos alrededor del mundo, donde el poder y la ambición dominan gran parte del tablero político, sí existe algo que podemos definir y transformar: nuestra manera de actuar frente a lo que ocurre a nuestro alrededor.

La razón de ser de un verdadero cambio no depende únicamente de unas elecciones o de una estrategia política. El cambio realmente importante ocurre cuando lo político y lo social logran unirse bajo una misma visión y un mismo objetivo: generar bienestar para los ciudadanos. Mientras las estructuras políticas y la sociedad continúen remando hacia lados opuestos, muchas veces guiados por intereses personales más que colectivos, será imposible construir una transformación profunda que conduzca a la sociedad hacia un mejor destino.

La palabra “cambio” y la palabra “política” pueden convertirse también en una oportunidad de aprendizaje. No todo lo relacionado con la política es necesariamente negativo, así como tampoco todo cambio debe verse desde el miedo o la incertidumbre. Mucho depende de la visión que tengamos sobre cada uno de los acontecimientos que ocurren a nuestro alrededor y de nuestra capacidad, como seres humanos, de aprender y no repetir los errores que nos han llevado a esta debacle de humanidad que actualmente vivimos.

De nada sirve mostrarnos vulnerables o humanos si, al mismo tiempo, permitimos que las estructuras que conforman nuestro entorno se destruyan por sí solas y por causa de la ambición. Aspirar a una meta o luchar por alcanzar un objetivo no tiene nada de malo cuando se hace en favor del bien común. El problema surge cuando las ambiciones individuales terminan imponiéndose sobre las necesidades colectivas.

Hasta ahora, entre guerras y conflictos, la política pareciera demostrar que muchas veces está dominada por intereses personales más que sociales. Bajo discursos y promesas, numerosos líderes intentan convencer a los pueblos de que trabajan por el bienestar común, cuando en realidad las prioridades suelen responder a otros intereses.

El mayor reto de la sociedad actual es lograr entender quiénes somos, qué papel jugamos y cómo podemos sanar nuestras propias heridas para alcanzar la profundidad de un verdadero cambio. Solo así podremos detener tantos conflictos y tantos frentes de guerra abiertos. La política y el cambio también tienen una óptica positiva que, como sociedad, debemos descubrir y sacar a la luz.

Recordando siempre que lo humano es lo que nos identifica y que lo distinto debería ser aquello que nos une.