- Las actividades vinculadas a modelos circulares equivalen al 1,53% del PIB nacional, según cifras del Dane, y reflejan el creciente peso económico de prácticas como el reciclaje, la reparación, el mantenimiento, el alquiler de bienes y la gestión de residuos.
- Juan Carlos Higueras, doctor en economía y vicedecano de EAE Business School destaca que la economía circular ha dejado de ser únicamente una estrategia ambiental para convertirse en una herramienta de productividad, eficiencia operativa y protección frente a la volatilidad de las materias primas.
Bogotá, julio de 2026 — La economía circular empieza a ocupar un lugar cada vez más relevante en la estructura productiva de Colombia. De acuerdo con cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística, Dane, las actividades asociadas a este modelo generan cerca de $26 billones, lo que equivale al 1,53% del Producto Interno Bruto nacional. En otras palabras, por cada $100 producidos en la economía colombiana, más de $1,5 ya proceden de actividades relacionadas con el reciclaje, la reparación, el alquiler de bienes, el mantenimiento y la gestión de residuos.
Son cifras que demuestran que el modelo circular es una respuesta directa a las presiones de las cadenas de suministro globales. Incorporar estas prácticas hace posible que el mercado nacional reduzca su huella ambiental y, de paso, incremente su resiliencia y competitividad frente a los retos logísticos actuales. Así lo explica Juan Carlos Higueras, doctor en economía y vicedecano de EAE Business School, perteneciente a la red de educación superior Planeta Formación y Universidades.
“La economía circular no debe entenderse únicamente como una estrategia ambiental, sino como una oportunidad para fortalecer la productividad y la competitividad del país”, señala el Dr. Higueras. “Cuando una empresa reduce desperdicios, prolonga la vida útil de sus materiales o rediseña sus procesos para reutilizar recursos, no solo disminuye su impacto ambiental, también mejora sus costes operativos y reduce su dependencia de materias primas sujetas a una elevada volatilidad”.
Desde esta perspectiva, el modelo circular supone un cambio profundo frente a los esquemas lineales tradicionales basados en extraer, producir, consumir y desechar. Su verdadero potencial aparece cuando las organizaciones integran la circularidad desde el diseño del producto, la planificación logística, la relación con proveedores, la gestión de inventarios y la experiencia del cliente.
Este cambio ya comienza a observarse en sectores como la logística, el transporte, el comercio, la gestión de residuos y los servicios profesionales. Según los datos del DANE, cerca de nueve de cada diez pesos generados por este modelo proceden del sector servicios, mientras que el reciclaje de materiales representa algo más del 10% del valor total. Esta distribución muestra que la circularidad va mucho más allá del reciclaje y que su impacto económico se extiende a actividades de mantenimiento, reparación, asesoría, transporte, almacenamiento y gestión eficiente de recursos.
Esto implica que las empresas no se limiten a acciones puntuales de reciclaje, sino que avancen hacia modelos de retorno de productos, reparación, reutilización de materiales, diseño sostenible, trazabilidad y colaboración con otros actores de la cadena de valor.
La tecnología será clave en este proceso. Herramientas como el análisis de datos, la inteligencia artificial y el internet de las cosas permiten mejorar la trazabilidad de los materiales, anticipar necesidades de inventario, reducir pérdidas, optimizar rutas logísticas y medir con mayor precisión el impacto ambiental y económico de cada decisión empresarial.
“Las empresas que profesionalicen la medición de la circularidad estarán mejor preparadas para competir”, añade el Dr. Higueras. “No basta con comunicar iniciativas sostenibles; es necesario medir el ahorro en materias primas, la reducción de emisiones, el porcentaje de materiales reincorporados a la cadena de valor y el impacto financiero de estas decisiones. La sostenibilidad será realmente estratégica cuando pueda leerse también en la cuenta de resultados”.
En este sentido, la economía circular representa una oportunidad para que Colombia avance hacia un modelo productivo más eficiente, resiliente y competitivo. Su consolidación dependerá de la capacidad de las empresas para transformar la sostenibilidad en una decisión de negocio, apoyada en datos, tecnología, colaboración intersectorial y visión de largo plazo.




