La reconstrucción mamaria tras la pérdida masiva de peso

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En Colombia, la Encuesta Nacional de la Situación Nutricional (Ensin) indica que el 56,4% de los adultos presentan exceso de peso, mientras que el World Obesity Atlas estima que esta cifra continuará aumentando durante los próximos años.

En paralelo, datos del Sistema Integral de Información de la Protección Social (Sispro) muestran que en 2024 cerca de 1.780 mujeres con diagnóstico de obesidad fueron sometidas a cirugía bariátrica, sumando alrededor de 6.000 de estos procedimientos entre 2020 y 2024.

Si bien estas intervenciones representan un avance importante en el tratamiento de la obesidad, especialistas advierten que una de las secuelas más comunes en mujeres tras la pérdida drástica de peso es la disminución de la firmeza del busto. Sin embargo, la cirugía posbariátrica no es el único escenario donde los cirujanos plásticos se enfrentan a un tejido sin soporte elástico.

Existe un grupo relevante de mujeres con hipertrofia mamaria (senos excesivamente grandes) que deciden someterse a una reducción del tamaño del seno buscando aminorar riesgos posturales como giba, pero también para conseguir disminución de la fatiga/cansancio entre otras alteraciones funcionales.

Es precisamente tras este procedimiento de reducción donde el tejido, fatigado por años de soportar un gran volumen, queda vulnerable ante el efecto de la gravedad, planteando exactamente el mismo reto estructural: la necesidad de un soporte interno que garantice la estabilidad de la cirugía.

El desafío quirúrgico es el mismo en dos perfiles de pacientes con realidades distintas, la paciente posbariátrica (cuyo seno ha quedado como una “bolsa vacía” tras la pérdida de peso) y la paciente que acaba de salir de una mamoplastia de reducción (donde se ha retirado el exceso de glándula, pero la piel remanente está estirada por el sobrepeso que cargó a lo largo de muchos años).

En ambos casos, los ligamentos naturales están rotos o vencidos, lo que expone a la paciente a algo conocido como ptosis mamaria grado III (caída severa del seno) o al fenómeno de bottoming-out (cuando el seno operado se escurre hacia abajo).

Más allá de lo estético, esta falta de soporte postquirúrgico perpetúa comorbilidades físicas dolorosas como dermatitis crónica por el roce de pliegues cutáneos e intensos dolores de espalda (riesgo aumentado de cifosis, escoliosis) y cuello.

Para mitigar estas fallas mecánicas de la piel, la tecnología médica ha evolucionado mediante el uso de soluciones como GalaFLEX, una innovación de ingeniería biológica que actúa como un sostén interno temporal.

Este “andamio” de alta resistencia, fabricado a partir de un polímero bioabsorbible, asume de manera inmediata la carga estructural que la piel debilitada por el bypass o fatigada tras la reducción.  A lo largo de un periodo de 18 a 24 meses, el dispositivo se absorbe y desaparece del organismo, dejando en su lugar un tejido de 3 a 4 veces más fuerte que el original.

Este soporte interno no solo resuelve un problema físico, sino que impacta de manera indirecta el bienestar psicológico. La jurisprudencia colombiana y la salud médica coinciden en que una intervención quirúrgica funcional no termina en la mesa de operaciones, sino cuando la paciente recupera la dignidad en su vida diaria.

De hecho, la Sentencia T-449/19 de la Corte Constitucional de Colombia amparó este principio al determinar que las cirugías reconstructivas posteriores a un bypass gástrico (como la reconstrucción mamaria) no son procedimientos meramente estéticos o cosméticos, sino funcionales y parte integral del tratamiento contra la obesidad.

Este mismo criterio de salud funcional ampara el espíritu de la mamoplastia de reducción, donde corregir las secuelas del sobrepeso del busto es clave para la calidad de vida de la mujer.

En ambos casos, la deformidad o la caída rápida del tejido tras la cirugía causan una desconexión entre la identidad mental y la realidad física de la mujer, derivando en aislamiento, vergüenza y afectaciones en su entorno laboral o de pareja.

Al implementar GalaFLEX en procedimientos médicos conocidos como mastopexia posbariátrica o en  mamoplastias de reducción, el especialista no solo ofrece un levantamiento físico duradero, sino una herramienta que aporta colateralmente a la salud mental de la paciente fortaleciendo entre otras la autopercepción a través de resultados posquirúrgicos de primera y optimizados.