Durante la adultez, también es importante adoptar hábitos que favorezcan una alimentación equilibrada a largo plazo. Por eso, es clave hablar de algo que muchas veces pasa desapercibido: el consumo de azúcar y cómo pequeños cambios en la alimentación y el estilo de vida pueden contribuir a reducirlo.
El alto consumo de azúcar es una costumbre que adquirimos desde niños; asociamos lo dulce con premios, satisfacción y en algunos casos recuerdos, por lo que disminuirlo no es una tarea sencilla.
“El consumo excesivo de azúcar en alimentos y bebidas como refrescos o jugos es uno de los principales factores que contribuyen a una alimentación desequilibrada. No se trata de eliminar el gusto por lo dulce de la mesa, sino de tomar decisiones conscientes”, comentó Erika Ruis, nutrióloga y Healthcare Marketing Manager de Splenda Latam.
¿Cómo reconocer el exceso de azúcar?
A diferencia de otros hábitos, el consumo excesivo de azúcar no siempre presenta señales evidentes en el corto plazo. Por ello, es importante revisar con detalle nuestra alimentación diaria, revisar las etiquetas nutricionales y reconocer las principales fuentes de azúcares añadidos en la dieta. Bebidas azucaradas, cereales, yogures saborizados, aderezos, y otros alimentos pueden aportar cantidades importantes de azúcar sin que lo notemos.
Adoptar pequeños cambios, como elegir bebidas sin azúcar o reducir gradualmente el consumo de productos con azúcares añadidos, puede contribuir a mejorar la calidad de la alimentación a largo plazo.
6 formas ocultas en las que consumimos azúcar
“Yo no como dulces, ¿por qué tengo el azúcar elevado?” es una frase común en muchos hogares. Sin embargo, el azúcar no siempre viene en forma de postres o dulces. Muchas veces se esconde en alimentos que consideramos saludables o neutros.
Estos son los principales culpables:
- Jugos naturales: Aunque suenen saludables, un vaso de jugo de naranja recién exprimido puede tener tanta azúcar como una gaseosa. Al licuar o exprimir la fruta se pierde la fibra y, por lo tanto, el azúcar se absorbe de manera más rápida.
- Aderezos, salsas o condimentos: La gran mayoría de estos complementos contienen azúcar añadida en grandes cantidades.
- Pan tajado y productos “integrales” industriales: Muchos panes comerciales, incluso los que se venden como integrales, llevan azúcar o jarabes entre sus primeros ingredientes para mejorar el sabor o textura.
- Yogurt con sabor o cereales de desayuno: Un yogurt con fruta puede tener entre 15 y 25 gramos de azúcar añadida. Los cereales de caja, incluso los presentados como “saludables”, suelen ser de los alimentos más azucarados del supermercado.
- Café y bebidas “gourmet”: Un café latte con saborizante o una bebida de temporada puede contener entre 30 y 50 gramos de azúcar, lo que por sí solo supera el máximo recomendado por la OMS.
- Embutidos y alimentos procesados salados: Las carnes frías, la mortadela, el jamón y las sopas instantáneas suelen incluir azúcar como conservador y potenciador de sabor. El azúcar en alimentos salados pasa completamente desapercibido.
Pero ¿qué podemos hacer? Prestar una mayor atención a la lista de ingredientes y las tablas nutricionales de los productos que consumimos es una recomendación principal.
Cuidar a los miembros de la familia también implica prestar atención a los hábitos cotidianos. No se trata de imponer una dieta estricta ni de eliminar por completo lo dulce, sino de entender que pequeñas decisiones diarias pueden generar grandes cambios.
Los edulcorantes no calóricos pueden ser una herramienta útil dentro de una alimentación equilibrada para quienes buscan reducir el consumo de azúcar sin renunciar al sabor dulce. Esto va más allá de solo “ponerle esos edulcorantes a tu café”, sino de descubrir todos los momentos en los que puede acompañar tu día.




