Abelardo De La Espriella: el Presidente de una nueva arquitectura del poder

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Del estrecho triunfo electoral a la formación de un gabinete paritario, la creación de un partido propio y una posesión sin precedentes en la ciudad Cali, la hermosa Sultana del Valle.

En Colombia todavía no se ha producido el relevo presidencial, pero el poder ya comenzó a cambiar de manos.

Faltan pocos días para que Abelardo de la Espriella preste juramento como presidente de la República y, sin embargo, buena parte de la estructura con la que pretende gobernar se encuentra levantada.

Completó sus 18 ministerios, distribuyó responsabilidades entre dirigentes políticos, técnicos, militares retirados, representantes de poderes regionales y figuras conservadoras; consiguió el reconocimiento jurídico de su propio partido; definió una ceremonia de posesión fuera de Bogotá; y anunció que el comienzo de su mandato estará marcado por decisiones rápidas, decretos, reformas institucionales y una ofensiva discursiva contra la corrupción, la criminalidad y el legado del Gobierno saliente.

No se trata únicamente de la llegada de un nuevo mandatario.

Lo que se está configurando es una nueva arquitectura del poder en Colombia: una composición en la que coinciden la derecha tradicional, el conservatismo religioso, los poderes territoriales, sectores empresariales, altos perfiles técnicos, antiguos congresistas, activistas digitales y una nueva organización política construida alrededor del liderazgo personal del presidente electo.

Esa arquitectura todavía no ha sido puesta a prueba por el ejercicio cotidiano del Gobierno. No ha enfrentado una crisis ministerial, una votación decisiva en el Congreso, una protesta nacional, una emergencia de seguridad ni el escrutinio de sus primeros cien días. Pero sus cimientos ya permiten anticipar el carácter del mandato que comenzará el 7 de agosto de 2026.

Será un Gobierno que se presenta como ruptura, aunque se apoya en figuras experimentadas del establecimiento; que promete representar a “los nunca”, pero incorpora dirigentes con extensas trayectorias públicas; que exhibe paridad numérica entre hombres y mujeres, aunque conserva en manos masculinas buena parte del núcleo político, fiscal, diplomático y militar; y que proclama independencia frente a los partidos tradicionales mientras construye una coalición que necesitará de ellos para gobernar.

Esa es su primera gran paradoja.

Y quizá también la clave inicial para comprenderlo.


I. UNA VICTORIA POR EL MARGEN MÁS DELGADO

La segunda vuelta presidencial del 21 de junio de 2026 terminó de dividir electoralmente al país en dos mitades casi equivalentes.

Abelardo de la Espriella y su fórmula vicepresidencial, José Manuel Restrepo, derrotaron a Iván Cepeda y Aída Quilcué en una elección extraordinariamente cerrada. De acuerdo con las cifras consolidadas citadas al completarse el gabinete, De la Espriella obtuvo el 50,49 % de los votos válidos, frente al 49,51 % alcanzado por Cepeda. La diferencia convirtió su victoria en la más estrecha de la historia presidencial reciente del país. (El País)

La Registraduría había dispuesto para la segunda vuelta una tarjeta electoral con dos fórmulas: Iván Cepeda y Aída Quilcué en la primera posición, y Abelardo de la Espriella y José Manuel Restrepo en la segunda. Los resultados divulgados inicialmente fueron de preconteo y, por tanto, informativos; la consolidación con efectos jurídicos correspondió posteriormente a los escrutinios oficiales. (Registraduría Nacional del Estado Civil)

La estrechez del resultado tuvo efectos inmediatos.

Por una parte, le entregó a De la Espriella una victoria jurídicamente válida y políticamente trascendental. Por otra, le impidió interpretar las urnas como un cheque en blanco. Casi la mitad del electorado respaldó el proyecto contrario, de manera que el nuevo presidente no recibirá un país ideológicamente sometido, sino una sociedad partida, movilizada y vigilante.

La noche electoral no cerró la confrontación. Apenas cambió su escenario.

La campaña terminó, pero el antagonismo se trasladó a la transición, al Congreso, a las redes sociales, a la discusión sobre la legitimidad del resultado y a la preparación del nuevo Gobierno. El presidente saliente, Gustavo Petro, llegó a cuestionar la victoria de De la Espriella y sostuvo que se había producido un fraude contra Iván Cepeda. Posteriormente aseguró que entregaría el poder y matizó sus declaraciones al reconocer y respetar a quienes votaron por el mandatario electo. (El País)

De la Espriella respondió elevando el tono. En lugar de actuar solamente como vencedor institucional, mantuvo el lenguaje combativo de la campaña y convirtió la transición en una disputa sobre la legitimidad moral de quienes entregaban y recibían el Estado.

De esa manera quedaron delineados los primeros rasgos de su presidencia: confrontación, velocidad, comunicación directa y una concepción del triunfo electoral como mandato para reordenar el poder.


II. DE CANDIDATO EXTERNO A JEFE DEL ESTADO

Abelardo de la Espriella llega a la Presidencia sin haber ocupado previamente un cargo de elección popular ni haber administrado una entidad estatal.

Su trayectoria se desarrolló principalmente en el derecho, el litigio, la actividad empresarial, los medios de comunicación y la construcción de una identidad pública basada en la confrontación verbal, la defensa del orden, la propiedad privada, la familia tradicional, la reducción del Estado y una política de mayor severidad frente a la delincuencia y los grupos armados.

Esa ausencia de experiencia administrativa fue presentada durante la campaña como una virtud.

De la Espriella no se ofreció como continuador de una carrera política, sino como alguien dispuesto a intervenir un sistema que describía como capturado por la corrupción, la burocracia y las élites partidistas. Su promesa de gobernar con “los nunca” resumía esa narrativa: personas que nunca hubieran pertenecido a las roscas, que no hubieran vivido del Estado y que pudieran trasladar a la administración pública experiencias obtenidas fuera de ella.

La victoria lo obligó, sin embargo, a pasar del lenguaje de la insurgencia electoral a la realidad de gobernar un Estado de más de cincuenta millones de habitantes.

Necesitaba ministros que entendieran el Congreso, las finanzas públicas, las regiones, las Fuerzas Militares, las relaciones internacionales, los mercados energéticos, el sistema de salud, la educación y la compleja maquinaria administrativa nacional.

Fue entonces cuando comenzó a surgir la primera contradicción entre la promesa y la construcción real del Gobierno.

Los “nunca” no desaparecieron completamente. La convocatoria digital denominada “cazatalentos”, abierta desde el 13 de julio para recibir hojas de vida de ciudadanos interesados en ingresar al Gobierno, constituye una tentativa de incorporar perfiles externos. Según el presidente electo, más de 300.000 personas se inscribieron y de ese proceso surgió, entre otros casos, la designación de Claudia Benavides Salazar como ministra de Ciencia. (El País)

Pero la mayoría de los puestos centrales no quedó en manos de desconocidos.

El nuevo Gobierno fue ensamblado con una combinación mucho más pragmática: experiencia política, redes regionales, técnicos sectoriales, figuras conservadoras y algunos perfiles presentados como independientes.

No fue una renuncia absoluta a la renovación.

Fue la admisión de que, para transformar el poder, primero había que aprender a ocuparlo.


III. EL EMPALME CONVERTIDO EN CAMPO DE BATALLA

La transición entre Gustavo Petro y Abelardo de la Espriella comenzó sin la habitual imagen del presidente saliente recibiendo al mandatario electo en la Casa de Nariño.

Los primeros contactos institucionales quedaron en manos del vicepresidente electo, José Manuel Restrepo, y de representantes del Gobierno saliente. El proceso avanzó inicialmente por sectores, con revisión de información administrativa, presupuestal y contractual.

El equipo entrante insistió en denominarlo “empalme anticorrupción”. No pretendía recibir solamente inventarios, balances y documentos: buscaba realizar una auditoría política y administrativa que permitiera identificar irregularidades y establecer responsabilidades.

La relación terminó por fracturarse el 7 de julio.

Ese día, De la Espriella ordenó suspender inmediatamente el empalme y acusó al Gobierno saliente de desconocer el resultado electoral. También pidió a las Fuerzas Armadas cumplir su juramento constitucional y no obedecer eventuales órdenes contrarias al orden institucional. (El País)

El episodio fue mucho más que una disputa protocolaria.

Mostró que el presidente electo no estaba dispuesto a separar la transición administrativa de la confrontación política. Para él, recibir el Gobierno significaba también construir un expediente sobre el estado de la Nación y establecer una línea divisoria entre lo que consideraba el deterioro petrista y el orden que prometía restaurar.

La suspensión, sin embargo, entrañaba riesgos.

Un empalme incompleto puede afectar el conocimiento sobre contratos, ejecución presupuestal, programas sociales, operaciones de seguridad, litigios internacionales, compromisos fiscales y decisiones urgentes que no esperan a que termine la confrontación política.

La decisión reveló una tensión que probablemente acompañará al nuevo Gobierno: la necesidad de demostrar firmeza sin deteriorar la continuidad institucional.

Gobernar no será únicamente derrotar al adversario.

Será recibir los problemas que ese adversario no alcanzó a resolver.


IV. LOS 18 MINISTROS: EL MAPA DEL NUEVO PODER

El gabinete quedó completado con el anuncio de Claudia Benavides Salazar en el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación.

De la Espriella llegará así a la posesión con los 18 ministerios definidos:

Interior: Rodrigo Lara Restrepo.
Hacienda y Crédito Público: Miguel Gómez Martínez.
Justicia y del Derecho: Iván Cancino.
Defensa Nacional: Jorge Eduardo Mora.
Relaciones Exteriores: Omar Bula Escobar.
Agricultura y Desarrollo Rural: Indalecio Dangond.
Minas y Energía: María Nohemí Arboleda.
Comercio, Industria y Turismo: Mauricio Gómez Amín.
Transporte: Elsa Noguera.
Educación Nacional: Viviane Morales.
Ambiente y Desarrollo Sostenible: Fabio Arjona.
Vivienda, Ciudad y Territorio: Jaime Andrés Beltrán.
Deporte: Juliana Gutiérrez Zuluaga.
Tecnologías de la Información y las Comunicaciones: Alexandra Falla Zerrate.
Culturas, las Artes y los Saberes: Paola Holguín.
Trabajo: Natalia López Fuentes.
Salud y Protección Social: Ana María Vesga.
Ciencia, Tecnología e Innovación: Claudia Benavides Salazar. (El País)

La lista no constituye un bloque ideológico perfectamente homogéneo.

Es, más bien, una estructura de equilibrios.

El núcleo político

Rodrigo Lara Restrepo, Miguel Gómez Martínez, Mauricio Gómez Amín, Elsa Noguera, Viviane Morales y Paola Holguín representan experiencia legislativa, administrativa, electoral o diplomática.

Lara, primer ministro anunciado, fue presentado además como una especie de zar anticorrupción. Tiene una larga trayectoria en el Congreso y pertenece a una familia central en la historia política colombiana. Miguel Gómez combina experiencia económica, actividad privada y paso por el Legislativo. Viviane Morales ha sido congresista, fiscal general y embajadora. Elsa Noguera fue alcaldesa de Barranquilla, ministra de Vivienda y gobernadora del Atlántico. (Caracol Radio)

Son figuras difíciles de inscribir en la categoría de los ciudadanos totalmente ajenos al establecimiento.

Pero son precisamente quienes pueden ofrecerle al presidente electo conocimiento del aparato estatal, interlocución institucional y vínculos con sectores políticos que serán necesarios en el Congreso.

Seguridad y justicia

El mayor general retirado Jorge Eduardo Mora, designado en Defensa, ocupó altos cargos de mando y dirección de inteligencia en las Fuerzas Militares. Su nombramiento envía una señal directa: la seguridad será administrada desde una perspectiva operacional y con fuerte protagonismo militar. (Caracol Radio)

Iván Cancino, abogado penalista y académico, asumirá Justicia. Su perfil aproxima la cartera al derecho penal, la discusión sobre criminalidad, el sistema penitenciario y la reforma de los instrumentos de persecución judicial.

El binomio Defensa-Justicia anticipa una de las prioridades del nuevo Gobierno: reconstruir la autoridad estatal y revisar las políticas de negociación, sometimiento y tratamiento jurídico de las organizaciones armadas.

El componente regional

La presencia de Elsa Noguera, Mauricio Gómez Amín e Indalecio Dangond concede un peso notable al Caribe.

Noguera y Gómez Amín poseen trayectorias profundamente vinculadas a Barranquilla y al Atlántico. Dangond, experto en desarrollo rural y financiamiento agropecuario, introduce una representación costeña adicional en un ministerio estratégico para las regiones. (Caracol Radio)

Paola Holguín, María Nohemí Arboleda y Juliana Gutiérrez fortalecen la presencia antioqueña. Jaime Andrés Beltrán, exalcalde de Bucaramanga, conecta al Gobierno con Santander y con sectores cristianos conservadores.

La composición demuestra que De la Espriella no quiere gobernar únicamente desde Bogotá. Busca organizar una red de poderes territoriales en la que el Caribe, Antioquia y los liderazgos urbanos regionales adquieran mayor protagonismo.

Los técnicos sectoriales

Fabio Arjona en Ambiente, María Nohemí Arboleda en Minas, Ana María Vesga en Salud y Claudia Benavides en Ciencia aportan experiencia específica en sus áreas.

Arjona ha desarrollado una extensa trayectoria en conservación y dirección ambiental. Arboleda conoce el funcionamiento del sistema eléctrico y del mercado energético. Benavides proviene del campo de la innovación, la incubación empresarial y la docencia universitaria. (Caracol Radio)

Estos nombramientos buscan tranquilizar a sectores que temían un gabinete construido exclusivamente sobre afinidades ideológicas.

La señal parece ser doble: habrá un Gobierno políticamente conservador, pero no necesariamente dispuesto a prescindir del conocimiento técnico.


V. LA PROMESA DE “LOS NUNCA” Y EL REGRESO DE LOS EXPERIMENTADOS

La conformación del gabinete ofrece el primer gran criterio para evaluar la distancia entre la campaña y el Gobierno.

Durante meses, De la Espriella prometió llevar al Estado a quienes nunca hubieran pertenecido a las élites burocráticas. Sin embargo, varios de sus ministros tienen apellidos reconocidos, carreras parlamentarias, experiencia diplomática, relaciones con casas políticas regionales o participación previa en distintos gobiernos.

El contraste ha sido señalado especialmente en los casos de Rodrigo Lara y Miguel Gómez, así como en las conexiones del gabinete con estructuras políticas del Caribe. (El País)

La contradicción es evidente, pero no necesariamente simple.

Un Gobierno constituido únicamente por personas sin experiencia estatal habría corrido el riesgo de la improvisación. Un gabinete conformado exclusivamente por dirigentes tradicionales habría negado la promesa de renovación.

De la Espriella optó por una fórmula intermedia: incorporar algunos perfiles nuevos, pero colocar las áreas políticamente sensibles en manos de personas capaces de navegar el Estado.

Esta decisión revela que la expresión “los nunca” probablemente cambiará de significado.

Ya no podrá representar de manera literal a quienes jamás hayan ocupado un cargo público. Tendrá que convertirse en una categoría política más amplia: personas que, aunque provengan de instituciones existentes, acepten actuar dentro del proyecto presidencial y romper con las prácticas que el nuevo Gobierno atribuye al sistema anterior.

La prueba no estará en sus hojas de vida.

Estará en la manera como ejerzan el poder.


VI. PARIDAD NUMÉRICA, PODER DESIGUALMENTE DISTRIBUIDO

El gabinete está compuesto por nueve mujeres y nueve hombres.

La igualdad numérica cumple la exigencia establecida por la Ley 2424 de 2024, que elevó al 50 % la participación mínima de mujeres en los cargos de máximo nivel decisorio. La obligación legal influyó en la etapa final de la conformación del equipo y en la designación de mujeres en ministerios que permanecieron vacantes hasta los últimos días. (El País)

Las mujeres dirigirán:

Educación, Transporte, Minas y Energía, Salud, Trabajo, Tecnologías de la Información, Culturas, Deporte y Ciencia.

Los hombres encabezarán:

Interior, Hacienda, Justicia, Defensa, Relaciones Exteriores, Agricultura, Comercio, Ambiente y Vivienda.

La composición es paritaria, pero la distribución del poder merece una lectura más profunda.

Los cinco ministerios que forman el centro político, fiscal, judicial, militar y diplomático —Interior, Hacienda, Justicia, Defensa y Cancillería— quedaron en manos masculinas.

Interior manejará la relación con el Congreso, los partidos, las autoridades territoriales y las situaciones de orden público. Hacienda controlará el presupuesto, la tributación y las restricciones fiscales. Defensa dirigirá la política de seguridad. Justicia administrará las reformas legales y penitenciarias. Cancillería representará al país en el exterior.

No obstante, sería equivocado concluir que las mujeres recibieron carteras secundarias.

Educación, Salud y Trabajo gobiernan una porción esencial de la política social. Transporte y Minas administran inversiones, infraestructura y sectores económicos decisivos. TIC y Ciencia determinarán buena parte de la modernización estatal. Cultura y Deporte poseen una enorme capacidad de influencia simbólica y territorial.

Existe, entonces, paridad formal y responsabilidad sustantiva, pero no una distribución completamente equilibrada del poder político duro.

El gabinete representa un avance cuantitativo importante. La verdadera equidad dependerá de la autonomía de las ministras, su acceso al presidente, su influencia presupuestal y su capacidad para intervenir en las grandes decisiones nacionales.

La paridad no se agota en contar nombres.

También exige medir quién decide.


VII. DEFENSORES DE LA PATRIA: EL PRESIDENTE YA TIENE PARTIDO

El 3 de agosto, el Consejo Nacional Electoral concedió personería jurídica a Defensores de la Patria.

La decisión fue adoptada con seis votos favorables, uno contrario y dos ausencias. La mayoría consideró que los 12,9 millones de votos obtenidos por De la Espriella y José Manuel Restrepo acreditaban suficientemente el respaldo popular exigido para el reconocimiento de la colectividad. (El País)

El nuevo partido será dirigido inicialmente por Camilo Noguera Abello, mientras Abelardo de la Espriella presidirá su Asamblea. Entre sus fundadores se encuentran el vicepresidente electo, integrantes de la campaña, ministros designados y activistas digitales que participaron en la expansión electoral del movimiento. (El País)

La personería jurídica transforma la naturaleza del proyecto.

Defensores de la Patria deja de ser solamente el vehículo utilizado para recoger firmas y respaldar una candidatura presidencial. Ahora podrá recibir financiación estatal, conceder avales, presentar candidatos, organizar directorios y disputar las elecciones territoriales de octubre de 2027.

El presidente electo ya no dependerá enteramente de los partidos que lo apoyaron.

Tendrá una organización propia.

Esto le permitirá intentar convertir sus 12,9 millones de votos en una fuerza territorial, pero también abrirá una competencia dentro de la derecha. El Centro Democrático ha ejercido durante años un liderazgo preponderante en ese espacio. La aparición de una colectividad organizada alrededor de De la Espriella puede disputarle candidatos, votantes, alcaldías, gobernaciones y protagonismo ideológico. (El País)

La pregunta es si Defensores de la Patria conseguirá convertirse en una institución duradera o permanecerá como una organización dependiente de la figura presidencial.

Un partido real necesita algo más que votos nacionales: requiere reglas internas, democracia, cuadros regionales, disciplina, financiación transparente y capacidad para sobrevivir a los desacuerdos.

Por ahora, el movimiento ha obtenido el instrumento legal.

Le falta construir la organización.


VIII. LAS DOS DERECHAS QUE CONVIVIRÁN EN EL GOBIERNO

En el gabinete pueden identificarse, al menos, dos grandes vertientes.

La primera es una derecha institucional y administrativa, conformada por técnicos, exministros, excongresistas y dirigentes acostumbrados a negociar dentro de las reglas tradicionales del Estado.

La segunda es una derecha más reciente, plebiscitaria y confrontacional, influida por la comunicación digital, el conservatismo cultural, la crítica a los organismos multilaterales, el énfasis en la autoridad y las experiencias de dirigentes como Donald Trump, Javier Milei o Nayib Bukele.

El Gobierno necesitará a ambas.

La derecha institucional puede ofrecer estabilidad económica, interlocución parlamentaria, relaciones empresariales y experiencia administrativa.

La derecha disruptiva proporciona identidad política, movilización popular, lenguaje de ruptura y lealtad directa al presidente.

La convivencia no será sencilla.

Los técnicos podrían resistirse a decisiones fiscalmente costosas o jurídicamente inviables. Los sectores ideológicos podrían acusar a los ministros tradicionales de moderar el cambio. Los políticos regionales buscarán participación presupuestal. Los activistas reclamarán fidelidad al mandato electoral. El presidente tendrá que decidir constantemente entre la eficacia institucional y la pureza del discurso.

La nueva arquitectura del poder es amplia.

Precisamente por eso puede resultar inestable.


IX. UN GOBIERNO DE DECRETOS Y DECISIONES RÁPIDAS

De la Espriella ha anticipado un comienzo de Gobierno acelerado.

Entre los anuncios divulgados se encuentra la preparación de decenas de decretos para las primeras semanas, con medidas relacionadas con seguridad, salud, lucha contra la corrupción, estructura estatal y ejecución administrativa. También ha defendido una concepción fuerte del poder presidencial y la necesidad de actuar sin quedar paralizado por las negociaciones políticas tradicionales.

La intención de gobernar mediante decretos debe ser observada con precisión jurídica.

El presidente de la República posee una importante potestad reglamentaria, puede reorganizar determinadas dependencias dentro de los límites legales y cuenta con facultades extraordinarias en circunstancias previstas por la Constitución.

Pero no puede sustituir indefinidamente al Congreso.

Las reformas tributarias, los cambios estructurales en derechos, la creación o eliminación de ciertas entidades, las modificaciones de competencias legales y muchas transformaciones prometidas durante la campaña requieren leyes, control constitucional o procedimientos administrativos complejos.

La velocidad política no elimina los límites institucionales.

El nuevo Gobierno podrá producir un fuerte impacto en sus primeros días, pero la duración de ese cambio dependerá de su solidez jurídica, de los recursos disponibles y de la capacidad para construir mayorías.

Una presidencia puede comenzar con decretos.

No puede gobernar cuatro años solamente con ellos.


X. SEGURIDAD: LA PRINCIPAL PROMESA Y EL MAYOR RIESGO

La seguridad será probablemente el terreno en el que De la Espriella intente diferenciarse con mayor rapidez del Gobierno de Gustavo Petro.

Su discurso ha enfatizado la recuperación del control territorial, el fortalecimiento de las Fuerzas Militares, la lucha contra el narcotráfico, la extorsión, el secuestro y las organizaciones armadas.

La designación de un general retirado en Defensa refuerza esa prioridad.

El nuevo Gobierno tendrá que decidir qué hará con los procesos de negociación y sometimiento iniciados dentro de la política de paz total, cómo tratará a las disidencias de las antiguas FARC, qué estrategia desplegará frente al ELN y de qué manera coordinará la seguridad rural y urbana.

La promesa de firmeza puede producir respaldo inmediato en sectores agotados por la violencia.

Pero también deberá enfrentar límites operacionales y humanitarios.

Recuperar territorios requiere inteligencia, presencia militar, justicia, carreteras, escuelas, empleo, sustitución de economías ilegales y protección de las comunidades. La fuerza es necesaria para contener a las organizaciones criminales, pero resulta insuficiente para impedir que regresen.

El presidente tendrá que demostrar que su política de seguridad no se reduce a endurecer el lenguaje.

La autoridad solo se consolida cuando el Estado permanece después de la operación militar.


XI. ECONOMÍA: ENTRE LA CONFIANZA EMPRESARIAL Y LA RESTRICCIÓN FISCAL

La designación de Miguel Gómez Martínez en Hacienda y José Manuel Restrepo en la Vicepresidencia busca transmitir moderación y confianza a los sectores económicos.

El Gobierno entrante ha defendido la empresa privada, la propiedad, la inversión, la reducción de cargas burocráticas y una relación más cercana con los mercados.

Pero recibirá una situación fiscal compleja.

Las promesas de fortalecer la seguridad, recuperar la infraestructura, mejorar la salud, ampliar oportunidades productivas y modernizar el Estado demandan recursos. Al mismo tiempo, la reducción del aparato público y la resistencia a nuevas cargas tributarias limitan las fuentes de financiación.

El Gobierno tendrá que decidir qué programas conservará, cuáles recortará y de dónde obtendrá el dinero para cumplir sus prioridades.

La tensión será inevitable: ofrecer un Estado más eficaz mientras se promete un Estado menos costoso.

Ese desafío recaerá inicialmente sobre Hacienda, Planeación Nacional y la Vicepresidencia. Allí se comprobará si la nueva administración puede convertir sus promesas de austeridad en una verdadera reorganización o si terminará trasladando costos hacia las regiones, los usuarios o los sectores sociales.


XII. CALI: LA POSESIÓN COMO MENSAJE POLÍTICO

Abelardo de la Espriella se posesionará el viernes 7 de agosto de 2026 en la Arena USC de la Universidad Santiago de Cali.

Será la primera ceremonia presidencial de esta naturaleza realizada fuera de Bogotá, lo que obligó al Congreso a aprobar el cambio de sede. La Cámara de Representantes lo autorizó con 117 votos favorables y siete contrarios. (El País)

La elección de Cali no es un simple desplazamiento logístico.

Es una decisión cargada de simbolismo.

Cali fue uno de los epicentros del estallido social de 2021. Es una ciudad atravesada por la desigualdad, la resistencia cultural, los problemas de seguridad, la migración interna, la economía del Pacífico, la diversidad étnica y la cercanía con territorios afectados por el narcotráfico y los grupos armados.

Posesionarse allí le permite al presidente enviar varios mensajes a la vez.

El primero es la ruptura con el centralismo bogotano y con la tradición ceremonial de la Plaza de Bolívar.

El segundo es la intención de convertir a las regiones en escenario del poder nacional.

El tercero es una demostración de autoridad en una ciudad que simbolizó la protesta contra el establecimiento.

Y el cuarto es la construcción de una imagen presidencial distinta: menos republicana en el sentido clásico y más cercana a un gran acontecimiento político, territorial y mediático.

La ceremonia contará con delegaciones extranjeras, mandatarios latinoamericanos, representantes diplomáticos y miembros de la realeza. Entre las asistencias anunciadas se encuentran el rey Felipe VI de España y los presidentes Javier Milei, Daniel Noboa, Santiago Peña, Laura Fernández, José Raúl Mulino, José Antonio Kast, Nasry Asfura y Luis Abinader. (El País)

La ausencia también tendrá significado.

Gustavo Petro e Iván Cepeda no asistirán. Los expresidentes Juan Manuel Santos y Ernesto Samper tampoco figuran entre los invitados confirmados, mientras que las exclusiones y presencias han alimentado el debate sobre si la ceremonia debe expresar unidad institucional o la victoria de un sector político sobre otro. (El País)

La seguridad será extraordinaria. Las autoridades territoriales anunciaron el despliegue de aproximadamente 11.000 integrantes de la Fuerza Pública en Cali y su área metropolitana. (El País)

El acto será, en consecuencia, la primera representación visual de la nueva arquitectura del poder.

Un presidente nacido electoralmente de la confrontación; una derecha internacional invitada; las regiones ocupando el escenario central; sectores del viejo poder presentes; opositores ausentes; y una ciudad históricamente rebelde convertida durante unas horas en capital política de Colombia.


XIII. LO QUE CAMBIA Y LO QUE PERMANECE

Abelardo de la Espriella llega a la Presidencia prometiendo una ruptura.

Pero las rupturas políticas rara vez borran completamente el sistema anterior.

Su gabinete demuestra que la renovación necesitará experiencia. Su partido propio deberá negociar con otras colectividades. Sus decretos estarán sometidos a los jueces. Su política económica dependerá de los mercados y del Congreso. Su estrategia de seguridad requerirá coordinación territorial. Su paridad ministerial deberá traducirse en poder efectivo. Y su liderazgo personal tendrá que coexistir con instituciones que no pueden ser reemplazadas por la voluntad presidencial.

La nueva arquitectura no ha destruido la antigua.

Ha comenzado a redistribuir sus espacios.

El Caribe gana presencia. Antioquia conserva influencia. Los sectores cristianos encuentran representación. Los técnicos adquieren responsabilidades estratégicas. Los militares recuperan protagonismo. Los dirigentes tradicionales ingresan a un Gobierno que se presentó contra la tradición. Los activistas digitales pasan de la campaña a la organización partidista. Y el presidente construye una estructura propia para no depender enteramente de los partidos que lo acompañaron.

La pregunta central no es si De la Espriella representa un cambio.

Lo representa.

La pregunta es qué clase de cambio será.

Podría convertirse en una reorganización eficaz del Estado, con mayor autoridad, claridad administrativa y participación regional.

También podría degenerar en una presidencia excesivamente personalista, enfrentada permanentemente con sus opositores, impaciente ante los controles y sometida a las contradicciones de su propia coalición.

Las dos posibilidades se encuentran abiertas.


XIV. EL PRESIDENTE ANTES DE SER PRESIDENTE

Entre el 21 de junio y el 3 de agosto transcurrieron apenas 43 días.

En ese breve periodo, Abelardo de la Espriella pasó de ganar una elección por menos de un punto porcentual a completar un gabinete de 18 ministros, obtener el reconocimiento de su partido, disputar la legitimidad del Gobierno saliente, organizar una posesión inédita en Cali y proyectar una agenda de transformaciones rápidas.

La velocidad ha sido su primera demostración de poder.

Pero la rapidez con la que se construye un Gobierno no determina la calidad con la que gobernará.

Desde el 7 de agosto comenzará otra medición.

Ya no contará únicamente el número de ministros nombrados, sino su desempeño. No bastará anunciar decretos, sino que deberán resistir el control judicial. No será suficiente prometer seguridad, sino que tendrá que reducir la violencia. No bastará hablar de austeridad, sino que deberá equilibrar las finanzas. No será suficiente exhibir paridad, sino garantizar autoridad real a las mujeres del gabinete. Y no bastará crear un partido, sino demostrar que puede funcionar democráticamente sin convertirse en una extensión del presidente.

Hasta ahora, De la Espriella ha mostrado capacidad para ocupar el centro del escenario.

A partir del 7 de agosto deberá demostrar capacidad para administrar el país que existe fuera de ese escenario.


EPÍLOGO: LA ARQUITECTURA Y EL ARQUITECTO

Toda arquitectura política revela una concepción del poder.

La que Abelardo de la Espriella ha comenzado a construir descansa sobre varios pilares: liderazgo presidencial fuerte, seguridad, conservatismo cultural, confianza empresarial, protagonismo regional, comunicación directa, incorporación de técnicos y consolidación de un partido propio.

Sus materiales provienen de mundos distintos.

Hay piedra antigua de la política tradicional, acero militar, capital empresarial, fervor religioso, conocimiento técnico y cemento digital.

El arquitecto deberá impedir que esas piezas, en lugar de sostenerse mutuamente, terminen chocando entre sí.

Porque un Gobierno no se mantiene solamente por la autoridad de quien lo dirige.

También depende de la armonía de sus estructuras, de la legitimidad de sus decisiones, del respeto por los límites constitucionales y de la capacidad para gobernar tanto a quienes celebraron la victoria como a quienes votaron contra ella.

Abelardo de la Espriella recibirá el 7 de agosto la banda presidencial.

Pero el poder que ejercerá no comienza ni termina en esa banda.

Está en el gabinete que escogió, en el partido que organizó, en los territorios que representa, en las alianzas que construya, en los adversarios que reconozca y en los límites que acepte.

Allí se definirá si la nueva arquitectura del poder termina convertida en una estructura para gobernar democráticamente a Colombia o en un edificio levantado alrededor de un solo hombre. Por ahora, sus cimientos están a la vista. La historia comenzará a probarlos desde el próximo viernes.