Cartagena: la ciudad que deslumbra al turista, pero le niega oportunidades a su juventud

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Por fuera crece el brillo. Por dentro persiste la fractura.

Cartagena aparece ante el mundo como una postal de éxito.

Sus murallas siguen seduciendo viajeros internacionales. Los hoteles mantienen ocupaciones cercanas al 70 %. Los vuelos extranjeros aumentan. El turismo se consolida. El comercio se mueve. El puerto respira actividad. La industria petroquímica continúa siendo uno de los grandes motores económicos del Caribe colombiano.

Pero detrás de esa vitrina luminosa existe otra ciudad.

Una Cartagena donde miles de jóvenes sobreviven atrapados entre la informalidad, el desempleo y la pobreza. Una ciudad donde ser mujer y joven puede significar cargar simultáneamente con exclusión laboral, bajos ingresos y ausencia de oportunidades reales para construir un proyecto de vida.

Esa es la radiografía expuesta por el informe “Oportunidades negadas: radiografía de la exclusión y el trabajo precario para la juventud en Cartagena”, elaborado por investigadores del Banco de la República y Fundesarrollo.

Y lo que revela no es simplemente una dificultad económica pasajera.

Es una fractura estructural.

La paradoja cartagenera

Cartagena concentra cerca del 65 % del valor agregado de Bolívar y mantiene uno de los aparatos turísticos más fuertes de Colombia.

El turismo internacional crece.
Los pasajeros extranjeros aumentan.
La ocupación hotelera se mantiene por encima del promedio nacional.
La ciudad se fortalece como destino global.

Sin embargo, el crecimiento económico no logra convertirse en bienestar social masivo.

Ahí nace la gran contradicción.

Porque mientras Cartagena vende lujo, experiencias y expansión turística, una parte significativa de su población permanece excluida de los beneficios del crecimiento.

El informe revela que en 2024 la ciudad registró:

  • 40 % de pobreza monetaria,
  • y 13 % de pobreza extrema,

ubicándose entre las ciudades con peores indicadores urbanos del país.

La pandemia agravó el golpe, pero el problema venía de mucho antes.

Y lo más preocupante es que Cartagena no ha logrado regresar plenamente a sus niveles prepandemia en varios indicadores sociales.

La juventud: el rostro más vulnerable

El documento coloca el foco sobre un sector particularmente golpeado: los jóvenes entre 18 y 28 años.

Uno de cada cuatro integrantes de la fuerza laboral cartagenera pertenece a este grupo.

Pero para ellos el mercado laboral parece funcionar con puertas estrechas.

La pobreza juvenil en Cartagena supera ampliamente la de otras ciudades principales del país.

La informalidad domina buena parte de las opciones laborales.
Los ingresos son bajos.
La estabilidad escasa.
Y el empleo formal de calidad resulta insuficiente.

La investigación advierte que estas condiciones pueden empujar a sectores vulnerables hacia actividades de alto riesgo social, especialmente en economías altamente dependientes del turismo.

No es una afirmación menor.

El informe menciona explícitamente la posibilidad de que la falta de oportunidades termine exponiendo a jóvenes y mujeres a escenarios asociados con explotación sexual y trata de personas.

En una ciudad donde el turismo internacional crece aceleradamente, esa advertencia adquiere una dimensión profundamente inquietante.

Ser mujer en Cartagena: una desventaja multiplicada

Pero si la juventud enfrenta obstáculos, las mujeres jóvenes soportan una carga todavía más pesada.

El estudio muestra que:

  • presentan mayores tasas de desempleo,
  • menor participación laboral,
  • más informalidad,
  • y menores ingresos que los hombres y que las mujeres de otras ciudades principales.

La pobreza extrema en hogares con jefatura femenina alcanza niveles alarmantes.

Y aunque otros sectores sociales lograron cierta recuperación tras la pandemia, muchas mujeres cartageneras siguen atrapadas en dinámicas económicas precarias.

El informe conecta esta realidad con:

  • sobrecarga de trabajo doméstico no remunerado,
  • responsabilidades de cuidado,
  • dificultades de inserción laboral,
  • y persistencia de estructuras históricas de exclusión.

En otras palabras:
la desigualdad no aparece solamente en el salario.

También se instala en el tiempo disponible, en las oportunidades perdidas y en las posibilidades futuras.

La ciudad partida en dos

Cartagena no solo exhibe desigualdad económica.

También muestra una fuerte fragmentación territorial.

Mientras la franja turística y sectores de alta valorización continúan expandiéndose, numerosos hogares de bajos ingresos permanecen concentrados en periferias con menor infraestructura y menor acceso a oportunidades.

El informe recuerda además que cerca del 69 % de las viviendas de la ciudad pertenecen a estratos 1 y 2.

Y aunque Cartagena se proyecta internacionalmente como destino premium, amplias zonas populares continúan enfrentando:

  • inseguridad alimentaria,
  • bajos ingresos,
  • segregación espacial,
  • y precariedad laboral.

La investigación cita datos de Cartagena Cómo Vamos según los cuales, en 2025, cuatro de cada diez hogares reportaron algún nivel de insuficiencia alimentaria.

Eso significa que, mientras la ciudad recibe más visitantes extranjeros, miles de familias todavía enfrentan dificultades para garantizar tres comidas diarias.

El turismo no basta

El estudio no plantea que el turismo sea negativo.

Lo que cuestiona es la incapacidad del modelo económico para transformar crecimiento en movilidad social amplia.

La economía cartagenera genera riqueza.
Pero esa riqueza no se distribuye de manera suficiente.

Y allí emerge uno de los grandes desafíos históricos de la ciudad:
cómo convertir el éxito turístico en bienestar colectivo.

Porque una ciudad no puede medirse únicamente por:

  • el número de turistas,
  • los cruceros,
  • la ocupación hotelera,
  • o el crecimiento inmobiliario.

También debe medirse por la dignidad de quienes la habitan.

Más allá de la postal

Cartagena continúa siendo una de las ciudades más fascinantes de América Latina.

Pero también una de las más desiguales.

La postal existe.
El brillo existe.
El crecimiento existe.

Pero detrás de la fotografía turística hay otra realidad:
la de miles de jóvenes que sienten que el progreso pasa frente a ellos sin detenerse jamás.

Y quizá ahí reside la pregunta más incómoda que deja este informe:

¿De qué sirve que una ciudad deslumbre al mundo, si buena parte de su propia juventud siente que el futuro le fue negado?