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Ciudades

El incierto futuro de 175 mil jóvenes en Barranquilla

AutorRedacción LGN
1 de septiembre de 2026 · 6:23 p. m.|7 min de lectura|
El incierto futuro de 175 mil jóvenes en Barranquilla
Uno de cada tres jóvenes del área metropolitana no estudia, está desempleado o trabaja en la informalidad.

La cifra revela una paradoja inquietante: mientras Barranquilla consolida una transformación urbana reconocida nacionalmente, una parte considerable de su nueva generación todavía busca cómo conectarse con las oportunidades de esa ciudad que avanza.

Por Jorge Medina Rendón Redacción La Gran Noticia

Barranquilla tiene 175 mil razones para preocuparse por el futuro de sus jóvenes.

Son exactamente 175.231 jóvenes entre los 14 y los 28 años que se encuentran por fuera del sistema educativo y, simultáneamente, desempleados, inactivos laboralmente o trabajando en condiciones de informalidad.

No constituyen una minoría.Representan el 35,6 % de los jóvenes del área metropolitana de Barranquilla.

Dicho de una manera todavía más sencilla: más de uno de cada tres jóvenes enfrenta dificultades para encontrar en la educación o en el empleo formal una ruta cierta hacia su futuro.

La cifra surge del Panorama de la Juventud en Barranquilla 2026, elaborado por Global Opportunity Youth Network Barranquilla, y pone sobre la mesa uno de los desafíos sociales más importantes para una ciudad que durante las últimas décadas ha protagonizado una notable transformación física, económica y urbana.

La pregunta inevitable es otra:

¿Está avanzando la juventud a la misma velocidad que está avanzando Barranquilla?

79 mil jóvenes trabajan, pero en la informalidad

El problema no puede reducirse al desempleo.

Dentro de esos 175.231 jóvenes existe un grupo particularmente revelador: 79.182 trabajan en la informalidad y no estudian, trabajan, producen, buscan ingresos.

Pero lo hacen por fuera de las condiciones que ofrece un empleo formal. Son jóvenes para quienes trabajar no necesariamente significa haber encontrado estabilidad. La diferencia económica resulta considerable.

Según el informe, un joven ocupado formalmente recibe en promedio alrededor de $1,6 millones mensuales, mientras el ingreso promedio de quien trabaja informalmente ronda los $900.000. Son aproximadamente $700.000 de diferencia cada mes.

La informalidad, por tanto, no es simplemente una categoría estadística. Puede convertirse en una frontera entre dos maneras completamente distintas de comenzar la vida adulta.

58 mil están fuera del mercado laboral

Existe otro grupo quizás más complejo. 58.142 jóvenes no estudian y además se encuentran fuera del mercado laboral.

No aparecen siquiera dentro del grupo de quienes están buscando activamente un empleo. Aquí las cifras obligan a profundizar.

¿Por qué dejaron de estudiar?

¿Por qué tampoco están buscando trabajo?

¿Cuántos están dedicados a labores domésticas o de cuidado?

¿Cuántos abandonaron la búsqueda después de intentarlo repetidamente?

¿Cuántos no encuentran capacitación adecuada?

¿Cuántos sencillamente dejaron de creer que existe una oportunidad para ellos?

Es justamente aquí donde una estadística comienza a convertirse en un problema social.

Otros 36 mil buscan trabajo y no lo encuentran

A ellos se suman 36.350 jóvenes desempleados que tampoco estudian.

En este caso existe una diferencia fundamental: quieren incorporarse al mercado laboral, pero no consiguen hacerlo.

Y aparece otro dato especialmente preocupante:

casi ocho de cada diez jóvenes desempleados pertenecen a los estratos 1 y 2.

El lugar que ocupa una familia dentro de la estructura socioeconómica sigue teniendo entonces una enorme influencia sobre las posibilidades con las cuales sus hijos comienzan la vida laboral.

La desigualdad también puede heredarse a través de las oportunidades.

El incierto futuro de 175 mil jóvenes en Barranquilla
Imagen generada con Inteligencia Artificial

El primer gran cuello de botella aparece al terminar el colegio

Hay un momento decisivo en esta historia: el grado 11.

Terminar el bachillerato debería significar el comienzo de una nueva etapa educativa.

Para miles de jóvenes no ocurre así.

En 2024, 6.450 bachilleres de Barranquilla no hicieron tránsito inmediato hacia la educación superior.

La tasa de tránsito inmediato fue de apenas 56,7 %.

Esto significa que prácticamente cuatro de cada diez bachilleres no ingresaron inmediatamente a educación superior después de graduarse.

Y ahí puede comenzar la desconexión.

Un joven termina el colegio, no encuentra cómo ingresar a una universidad o institución técnica, intenta buscar empleo sin experiencia y termina entrando a la informalidad.

El problema deja entonces de ser exclusivamente educativo o laboral.

Se convierte en una cadena.

Colegio → educación superior → formación pertinente → primer empleo → formalización → estabilidad económica.

Cuando uno de esos eslabones se rompe, los siguientes comienzan también a debilitarse.

La desigualdad comienza incluso antes

El informe muestra además diferencias importantes en los resultados educativos.

En las pruebas Saber 11, los colegios privados registraron un puntaje global promedio de 289, mientras los establecimientos oficiales urbanos alcanzaron 260.

Son 29 puntos de diferencia.

Esto significa que los jóvenes no necesariamente llegan en las mismas condiciones al momento de competir por un cupo universitario, una beca o determinadas oportunidades educativas.

Por eso hablar de juventud exige hablar también de calidad educativa.

No basta con garantizar que un joven permanezca en el colegio.

El verdadero desafío consiste en preguntarse con qué herramientas sale de él.

Una alarma entre los menores que ya trabajan

Hay otro dato difícil de ignorar.

Entre los jóvenes trabajadores de 14 a 17 años, aproximadamente el 85 % se encuentra en la informalidad.

Aquí convergen educación, pobreza, trabajo adolescente y vulnerabilidad.

Un muchacho que comienza demasiado temprano una vida laboral precaria puede terminar sacrificando precisamente aquello que podría permitirle abandonar esa precariedad posteriormente: su educación.

Es un círculo que Barranquilla necesita romper.

590 llamados de auxilio

Pero el panorama juvenil no puede medirse solamente en empleos, matrículas e ingresos.

Existe una dimensión mucho más humana.

Durante 2025 fueron registrados 590 intentos de suicidio entre jóvenes de 15 a 29 años.

La mayor cantidad ocurrió precisamente entre los más jóvenes:

281 casos entre los 15 y los 19 años.

Otros 192 correspondieron al grupo de 20 a 24 años y 117 a jóvenes entre 25 y 29.

Son cifras que obligan a incorporar la salud mental dentro de cualquier política seria de juventud.

Porque detrás del desempleo, la falta de oportunidades, la incertidumbre educativa y las dificultades familiares pueden existir también frustración, ansiedad, aislamiento y desesperanza.

Y ninguna ciudad puede hablar plenamente de futuro sin preguntarse cómo se sienten quienes tendrán que construirlo.

La gran paradoja de Barranquilla

Aquí aparece quizás la conclusión más importante.

Barranquilla no es una ciudad inmóvil.

Todo lo contrario.

Durante las últimas décadas transformó buena parte de su infraestructura, recuperó espacios públicos, desarrolló nuevos escenarios, fortaleció su oferta turística y comenzó a proyectarse con una imagen completamente diferente ante Colombia y el mundo.

Precisamente por eso estas cifras adquieren mayor relevancia.

El próximo gran salto de Barranquilla no puede ser solamente urbano. Tiene que ser humano.

La infraestructura puede cambiar el rostro de una ciudad.

Pero son la educación, el conocimiento, la tecnología, el empleo y la movilidad social los que terminan cambiando la vida de quienes la habitan.

De la alarma a las soluciones

Los 175.231 jóvenes no deberían convertirse simplemente en otra cifra preocupante que aparezca durante algunos días en titulares y posteriormente desaparezca de la discusión pública.

La dimensión del problema exige una estrategia igualmente grande.

Barranquilla necesita construir una verdadera ruta de oportunidades juveniles, capaz de identificar al joven desde los últimos años del bachillerato y acompañarlo hasta su incorporación al mundo educativo o laboral.

Eso implica conectar mucho mejor colegios, universidades, SENA, instituciones técnicas y tecnológicas, empresas, emprendimiento y administración pública.

También significa formar jóvenes pensando en la economía que viene y no solamente en la que existe: programación, inteligencia artificial, análisis de datos, bilingüismo, logística avanzada, industrias creativas, turismo, energías, servicios empresariales y nuevas tecnologías.

Y, especialmente, significa buscar a quienes ya quedaron desconectados.

Porque probablemente ellos no llegarán solos hasta las instituciones.

Las instituciones tendrán que llegar hasta ellos.

175 mil historias detrás de una cifra

Hay algo que las estadísticas nunca consiguen mostrar completamente.

Dentro de esos 175 mil jóvenes está quien terminó bachillerato y no pudo pagar una universidad.

Está quien envió decenas de hojas de vida y nunca recibió una llamada.

Está quien trabaja diariamente pero continúa en la informalidad.

Está la joven que tuvo que quedarse en casa cuidando a alguien.

Está quien quiere estudiar pero todavía no sabe cómo hacerlo.

Y está también quien simplemente necesita que alguien le muestre una oportunidad.

Por eso este informe no debería leerse solamente como una radiografía de problemas.

También puede convertirse en una hoja de ruta.

Barranquilla ya demostró durante los últimos años que puede proponerse grandes transformaciones.

Ahora tiene delante una mucho más compleja.

No se construye con cemento.

No se inaugura cortando una cinta.

Y probablemente tomará años.

Se trata de conseguir que 175 mil futuros que hoy aparecen rodeados de incertidumbre puedan encontrar educación, trabajo y oportunidades para construir su propio camino.

Porque una ciudad puede transformar sus calles, sus parques, su río y su horizonte.

Pero su transformación más importante será siempre la que consiga transformar el futuro de su gente.

Información elaborada con la asistencia de Inteligencia Artificial, bajo la supervisión de un periodista.

Etiquetas:Gobierno
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