Barranquilla podría crear su propio Barrio de las Letras en el corazón del Centro Histórico

El sociólogo y periodista Ricardo Rocha Contreras, barranquillero residenciado en Estados Unidos, propone tomar como referencia el célebre Barrio de las Letras de Madrid y convertir algunos pasajes peatonales del Centro Histórico de Barranquilla en una ruta dedicada a Gabriel García Márquez, Amira de la Rosa, José Félix Fuenmayor, Álvaro Cepeda Samudio, Meira Delmar, Marvel Moreno y otras figuras fundamentales de la literatura y la cultura del Caribe.
Una ciudad también puede leerse.
Puede hacerse a través de sus edificios, sus plazas, sus esquinas y sus calles. Pero también mediante los nombres de quienes la pensaron, la narraron, la convirtieron en poesía, cuento, novela, teatro, periodismo o memoria.
De esa idea parte una propuesta que el sociólogo Ricardo Rocha Contreras, barranquillero residenciado desde hace años en Estados Unidos, acaba de poner sobre la mesa después de una reciente visita a Madrid.
Rocha les lanzó el reto a sus amigos Horacio Brieva, Anuar Saad y Jorge Medina, utilizando deliberadamente una palabra que convierte su propuesta en una provocación amable:
“Muchachos Horacio Brieva, Anuar Saad y Jorge Medina, esto en cierto modo es para darles un incordio que, si deciden aceptarlo, la patria chica —que es la verdadera patria— les habrá de recompensar”.
El “incordio” nació durante sus caminatas por Madrid.

Allí llamó particularmente su atención una zona de la capital española conocida como el Barrio de las Letras, vinculada históricamente a escritores que convirtieron ese sector de la ciudad en uno de los territorios literarios más reconocibles de Europa.
Miguel de Cervantes, Francisco de Quevedo, Lope de Vega y otros grandes nombres de las letras españolas quedaron asociados para siempre con aquellas calles.
Rocha regresó de Madrid con una pregunta sencilla:
¿Por qué Barranquilla no podría hacer algo parecido?
Su propuesta es identificar una zona de la ciudad en la que calles, pasajes o corredores peatonales puedan llevar los nombres de escritores barranquilleros, caribeños o colombianos estrechamente vinculados con la vida cultural de Barranquilla.
“La misión con la que busco incordiarles es explorar la posibilidad de identificar una zona de Barranquilla en donde sus calles puedan llevar el nombre de nuestros escritores locales o nacionales. Pienso que eso llamaría la atención sobre esas cosas barranquilleras que el visitante no ve”.
La idea merece ser discutida.
Y el Centro Histórico de Barranquilla podría ser el escenario natural para desarrollarla.
Una ciudad que tiene mucho que contar
Barranquilla posee una historia literaria extraordinaria que no siempre resulta visible para quien camina por sus calles.
Aquí confluyeron escritores, periodistas, poetas, músicos, artistas e intelectuales que terminaron convirtiendo a la ciudad en uno de los grandes centros culturales del Caribe colombiano durante buena parte del siglo XX.
La ciudad fue territorio esencial para Gabriel García Márquez.
Aunque nació en Aracataca, Barranquilla ocupó un lugar decisivo en su formación como periodista y escritor. Aquí encontró amigos, conversaciones, libros, redacciones, cafés y una atmósfera intelectual que terminaría acompañándolo durante toda su vida.

Su relación con Álvaro Cepeda Samudio, Germán Vargas, Alfonso Fuenmayor y otros integrantes del llamado Grupo de Barranquilla constituye uno de los capítulos más fascinantes de la historia cultural colombiana.
Por eso, un proyecto literario en el Centro Histórico difícilmente podría concebirse sin García Márquez.
Pero tampoco podría hacerse sin Amira de la Rosa.
Escritora, dramaturga, educadora y una de las grandes figuras culturales de Barranquilla, Amira pertenece profundamente a la memoria de la ciudad. Su nombre remite al teatro, a la literatura, a la enseñanza y a una sensibilidad artística que atraviesa varias generaciones. A ella se le debe la letra del himno distrital.
A ellos tendrían que sumarse, entre muchos otros, José Félix Fuenmayor, precursor de la narrativa moderna colombiana; Álvaro Cepeda Samudio, escritor, periodista y renovador del lenguaje narrativo; Meira Delmar, una de las voces poéticas más significativas del Caribe colombiano; y Marvel Moreno, cuya obra convirtió a Barranquilla y a su sociedad en materia de una literatura de enorme profundidad.

Solo esos seis nombres ya permitirían comenzar a imaginar un recorrido extraordinario:
Pasaje Gabriel García Márquez.
Pasaje Amira de la Rosa.
Pasaje José Félix Fuenmayor.
Pasaje Álvaro Cepeda Samudio.
Pasaje Meira Delmar.
Pasaje Marvel Moreno.
Pero la iniciativa podría crecer mucho más.
No sería solamente poner nombres en las calles
Ahí está probablemente la principal oportunidad del proyecto.
Copiar literalmente el modelo madrileño sería insuficiente.
Barranquilla podría construir una versión propia.
No tendría necesariamente que cambiar la nomenclatura oficial de calles y carreras ni generar dificultades para residentes, comercios, servicios públicos o sistemas de ubicación.
Podría hacerse algo más sencillo y posiblemente más atractivo:
crear una red de pasajes y corredores peatonales culturales dentro del Centro Histórico.
Cada pasaje podría llevar el nombre de un escritor.
Cada uno podría tener una identidad propia.
Una señalización especial podría explicar quién fue el autor y qué relación tuvo con Barranquilla.
Las fachadas podrían contener fragmentos de sus obras.
En el piso podrían instalarse frases, versos o pequeñas piezas literarias.
Y códigos QR permitirían que cualquier visitante, utilizando su teléfono celular, pudiera escuchar narraciones, conocer biografías, consultar fotografías, descubrir libros o reconstruir episodios de la historia cultural de la ciudad.
La literatura dejaría así de estar únicamente en las bibliotecas.
Saldría a caminar por Barranquilla.
Caminar sobre las palabras
Uno de los elementos más atractivos del Barrio de las Letras de Madrid es precisamente esa sensación de encontrarse permanentemente con la literatura mientras se recorre el espacio urbano.
Barranquilla podría desarrollar su propia interpretación.
Imagínese entrar al Centro Histórico y encontrar en el pavimento una frase de García Márquez.
Unos metros después, un verso de Meira Delmar.
En otra esquina, palabras de Amira de la Rosa.
Más adelante, una referencia a un cuento de José Félix Fuenmayor.
Luego, una estación dedicada a Álvaro Cepeda Samudio.
Y después, una frase de Marvel Moreno.
De pronto, caminar por el Centro dejaría de ser solamente trasladarse entre comercios y edificios.
Se convertiría en una experiencia cultural.
La geografía del Grupo de Barranquilla
El proyecto ofrece además una posibilidad todavía más ambiciosa.
Barranquilla conserva una geografía asociada con escritores, periodistas y artistas que protagonizaron momentos fundamentales de la cultura colombiana.
Muchos visitantes han escuchado hablar del Grupo de Barranquilla, pero pocos pueden reconstruir territorialmente dónde ocurrían aquellas conversaciones, dónde trabajaban sus protagonistas, qué cafés frecuentaban o cómo era la ciudad intelectual que encontraron García Márquez y sus amigos.
Una Ruta de las Letras podría recuperar esa geografía.
No necesariamente para reproducir exactamente una ciudad que ya no existe, sino para hacer visible su memoria.
La historia podría contarse mediante estaciones.
Una ruta del periodismo.
Una ruta del Grupo de Barranquilla.
Una ruta de las escritoras.
Una ruta de los poetas.
Una ruta de la narrativa del Caribe.
Una ruta del teatro y la dramaturgia.
Entonces el proyecto dejaría de ser un homenaje estático y se convertiría en un verdadero sistema cultural urbano.
Barranquilla también podría contar a sus mujeres
Hay otro aspecto fundamental.
La historia literaria no debería reducirse únicamente a los nombres tradicionalmente más visibles.
Amira de la Rosa, Meira Delmar y Marvel Moreno ofrecen la posibilidad de construir también una lectura femenina de la historia cultural de Barranquilla.
Y detrás de ellas existen otras escritoras, periodistas, maestras, dramaturgas e intelectuales cuya memoria merece ser investigada y recuperada.
Por eso el proyecto debería surgir de una selección plural, académica y ciudadana.
Universidades, bibliotecas, investigadores, escritores, periodistas, historiadores y organizaciones culturales podrían participar en la construcción del inventario.
No sería simplemente preguntar quiénes son los escritores más famosos.
La pregunta tendría que ser mucho más rica:
¿Quiénes ayudaron a escribir culturalmente a Barranquilla?
Un museo sin paredes
Ese podría convertirse en uno de los grandes conceptos del proyecto.
Barranquilla podría tener en su Centro Histórico un museo literario sin paredes.
Las calles serían sus salas.
Las fachadas serían sus vitrinas.
Los pasajes serían capítulos.
Las voces de los escritores podrían escucharse mediante recursos digitales.
Las fotografías antiguas podrían aparecer en determinados puntos.
Los visitantes podrían seguir mapas físicos o aplicaciones móviles.
Los colegios podrían recorrer el sector con sus estudiantes.
Las universidades podrían desarrollar investigaciones y contenidos.
Los turistas tendrían una nueva razón para caminar por el Centro.
Y los propios barranquilleros podrían descubrir historias que durante años estuvieron frente a ellos sin poder verlas.
Ese es precisamente uno de los planteamientos más interesantes de Ricardo Rocha:
mostrar “esas cosas barranquilleras que el visitante no ve”.
Cultura que también puede producir economía
Una intervención de esta naturaleza no tendría solamente valor histórico.
Podría tener también impacto económico.
Los corredores literarios podrían acompañarse de librerías, cafés, pequeños restaurantes, galerías, tiendas culturales, ventas de libros usados, artesanías, diseño local y programación artística.
Podrían organizarse ferias del libro.
Lecturas públicas.
Encuentros de escritores.
Festivales de poesía.
Presentaciones teatrales.
Tertulias.
Conciertos de pequeño formato.
Recorridos nocturnos.
Narraciones dramatizadas sobre personajes de la ciudad.
Incluso Barranquilla podría tener una Noche de las Letras, durante la cual los corredores permanezcan ocupados por escritores, actores, músicos, estudiantes, libreros y lectores.
La cultura tendría entonces una doble condición:
sería memoria y sería actividad económica.
El Centro Histórico como laboratorio
El Centro de Barranquilla se encuentra precisamente en un proceso de transformación que podría abrir espacio para iniciativas de esta naturaleza.
Algunos sectores han recuperado espacio público, otros han avanzado hacia una mayor presencia peatonal y existe un interés creciente por devolverle al Centro su condición de lugar de encuentro ciudadano.
Eso permite hacer una propuesta concreta:
estudiar cuáles calles, callejones, pasajes o pequeños corredores pueden destinarse total o parcialmente al peatón y conectarlos mediante una Ruta de las Letras.
No sería necesario comenzar con una intervención gigantesca.
Podría seleccionarse inicialmente un pequeño circuito.
Tres o cuatro pasajes.
Seis escritores.
Una señalización común.
Intervenciones artísticas.
Iluminación.
Programación cultural.
Y evaluar su impacto.
Si funciona, el circuito podría crecer.
¿Quién escogería los nombres?
Ese será inevitablemente uno de los debates.
Y sería bueno que ocurriera.
El proyecto podría convocar una gran conversación sobre la memoria cultural de Barranquilla.
Podría constituirse un comité integrado por representantes de universidades, bibliotecas, escritores, Academia de Historia, periodistas, investigadores, gestores culturales, Distrito y ciudadanía.
La selección debería tener criterios claros.
Relación del escritor con Barranquilla.
Importancia de su obra.
Aporte cultural.
Representatividad histórica.
Diversidad generacional.
Presencia femenina.
Relación con el Caribe.
Y también escritores nacionales o internacionales cuya vida intelectual haya tenido una conexión particularmente importante con la ciudad.
Así el proyecto no terminaría convertido en una simple lista de nombres.
Sería una reconstrucción de nuestra memoria.
De Madrid a Barranquilla, pero con identidad propia
La inspiración nació en Madrid.
Pero la propuesta de Ricardo Rocha Contreras no tendría por qué producir una copia.
Barranquilla posee suficientes historias para desarrollar algo completamente suyo.
Madrid tiene a Cervantes, Quevedo y Lope.
Barranquilla puede caminar con García Márquez, Amira de la Rosa, José Félix Fuenmayor, Álvaro Cepeda Samudio, Meira Delmar y Marvel Moreno.
Y detrás de ellos hay muchas otras voces esperando su calle.
Sus palabras podrían incorporarse a los pisos.
Sus fotografías a las fachadas.
Sus historias a los recorridos.
Sus libros a las vitrinas.
Sus vidas a la memoria de quienes pasan.
El “incordio” queda planteado
Ricardo Rocha lanzó la idea casi como quien envía una provocación entre amigos. Jorge Medina decide empezar a promoverla, cogiendo ese trompo en la uña, como se dice popularmente.
Pero hay ideas que comienzan pequeñas y después encuentran una ciudad dispuesta a adoptarlas.
Esta podría ser una.
La propuesta puede ser llevada a la Alcaldía de Barranquilla, a sus dependencias encargadas del Centro Histórico, cultura, patrimonio y espacio público; pero también a universidades, empresas, fundaciones, escritores y ciudadanos.
Habría que estudiar la viabilidad urbanística.
Identificar corredores.
Construir el inventario literario.
Diseñar la imagen.
Calcular costos.
Buscar alianzas.
Y comenzar.
Quizá con una sola calle.
Quizá con un solo pasaje.
Pero comenzar.
Porque Barranquilla ha invertido grandes esfuerzos en recuperar físicamente su Centro Histórico.
Ahora podría dar otro paso:
recuperar también las historias que alguna vez caminaron por él.
Y hacer que la ciudad vuelva a encontrarse con quienes la escribieron.
La propuesta de Ricardo Rocha Contreras queda abierta.
El “incordio”, como él lo llamó, ya fue enviado.
Ahora la pregunta es para Barranquilla:
¿nos atrevemos a construir nuestro propio Barrio de las Letras?
