Esto es lo que la inteligencia Artificial aún no puede administrar

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Mientras la tecnología aprende a analizar datos, proyectar ventas e incluso elaborar estrategias de negocio, las empresas enfrentan un desafío distinto: encontrar profesionales capaces de interpretar la información, liderar personas y tomar decisiones en medio de la incertidumbre.

Bogotá, julio de 2026. Son las ocho de la mañana y, antes de que inicie la primera reunión del día, un gerente ya ha recibido un informe elaborado por inteligencia artificial.

En cuestión de segundos, la herramienta resumió el comportamiento de las ventas, identificó variaciones en los costos, proyectó distintos escenarios financieros y sugirió acciones para el siguiente trimestre.

Hace apenas unos años, ese trabajo habría requerido varias horas de análisis y un equipo completo revisando hojas de cálculo.

Pero el informe termina ahí.

Ningún algoritmo conoce la cultura de la organización, entiende las motivaciones de un equipo, negocia con un cliente estratégico o decide cuándo asumir un riesgo que puede cambiar el rumbo de una empresa.

La tecnología ha cambiado la velocidad con la que las organizaciones trabajan. Lo que aún no ha cambiado es la necesidad de personas capaces de decidir qué hacer con toda esa información.

Ese es, precisamente, el nuevo papel de la Administración de Empresas.

La transformación digital dejó de ser una conversación exclusiva de las áreas de tecnología. Hoy atraviesa la operación completa de las organizaciones, desde la gestión financiera hasta la experiencia del cliente. 

En su más reciente revisión sobre conectividad digital en Colombia, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) destaca que el país ha logrado avances importantes en infraestructura y acceso a tecnologías digitales, pero advierte que el siguiente desafío será traducir esa transformación en mayores niveles de productividad, innovación y competitividad.

Para lograrlo, la tecnología necesita algo que no puede automatizar: el criterio.

Al mismo tiempo, el mercado laboral también está cambiando. El Future of Jobs Report 2025, del World Economic Forum, identifica el pensamiento analítico, el liderazgo e influencia social, la resiliencia, la curiosidad y el aprendizaje continuo entre las habilidades con mayor crecimiento para los próximos años. 

“Durante muchos años se pensó que un administrador era quien controlaba procesos o supervisaba operaciones. Hoy su principal responsabilidad consiste en conectar la estrategia con las personas, interpretar información para tomar mejores decisiones y liderar organizaciones que cambian todos los días”, explica Juanita Bernal, CEO de HEP.

La evolución del mercado también está transformando las competencias que buscan las empresas. Más que dominar herramientas específicas, los nuevos administradores deben comprender cómo integrar la tecnología dentro de la estrategia del negocio y convertirla en una ventaja competitiva.

La inteligencia artificial seguirá aprendiendo a ejecutar tareas cada vez más complejas. Sin embargo, comprender el contexto de una organización, construir confianza, resolver conflictos o decidir el rumbo de un negocio continúa siendo una responsabilidad profundamente humana.

“Las organizaciones no necesitan profesionales que compitan con la tecnología, sino personas capaces de utilizarla para resolver problemas, liderar equipos y generar valor. La formación en Administración de Empresas debe preparar a los estudiantes para interpretar el entorno, tomar decisiones con criterio y responder a los desafíos de organizaciones que evolucionan constantemente”, explica Andrés Mauricio Castro, decano del programa de Administración de Empresas de la Universidad Piloto de Colombia.

El aprendizaje también cambió de lugar. Ya no ocurre únicamente en un salón de clase, sino entre reuniones, proyectos, viajes de trabajo y decisiones que deben tomarse sobre la marcha. La virtualidad permite que ese proceso de formación avance al mismo ritmo que las organizaciones, preparando profesionales capaces de responder a un entorno que no se detiene. —