Son reiteradas las imágenes de personas mayores con nietos, leyendo, tejiendo o caminando con un bastón. En cambio, poco se ven en actitud coqueta con su pareja, en una cena romántica o bailando. Es como si los años llegaran y la sexualidad se fuera. Se jubilara.
La transformación poblacional a nivel mundial ha puesto sobre la mesa este tema. Las personas mayores de 60, que hoy suman 14 millones en Colombia y en veinte años serán 21 millones, según el Dane, tienen mayor expectativa de vida, son más independientes, más activas y con menos hijos de los que tenían sus padres y madres a su edad.
Este cambio en la población está llevando a conversaciones sobre nuevos requerimientos y entendimientos económicos y sociales, pero poco o nada sobre sexualidad.
Por eso algunas personas están liderando diálogos para eliminar el imaginario del ‘abuelo asexual’ y hablar de la sexualidad en todas las etapas de la vida, incluyendo la de las personas mayores.
“Hay que preguntarse por qué se cree que las personas mayores de 60 años no tienen derecho a la educación sexual o al goce efectivo de su sexualidad”, afirma Camila Castellanos, líder de Bienestar Físico y Socioemocional de la Fundación Saldarriaga Concha.
Agrega que este asunto, que es de la mayor importancia, debe abordarse más allá de la salud.
“Desde la investigación Misión Colombia Envejece (2023) ya veíamos que era un tema que iba más allá de la salud, sino que debía ir anclado al bienestar y la participación social”, explica.
En su concepto existe una especie de silencio social, que impide dialogar sobre la sexualidad en personas mayores, lo que termina siendo una barrera para el acceso a derechos fundamentales como el de la educación o el acceso a la información.
Por ejemplo, cuando un joven de 20 años llega a una consulta médica, entre las preguntas rutinarias está la de si usa condón; mientras que a una persona de 65 le preguntan por su tensión arterial.
Lo mismo ocurre en las diferentes campañas de prevención: los jóvenes son bombardeados con información sobre el consentimiento y la protección; mientras que a los mayores de 55 se les habla de diabetes, ignorando que su salud física es inseparable de su salud emocional y sexual.
Un análisis de la revista británica The Economist pone el foco sobre esta realidad al describir a los mayores de 55 años como la ‘nueva generación problema’.
El reportaje advierte que el aumento en los casos de infecciones de transmisión sexual y el consumo de sustancias en este grupo es, en gran medida, consecuencia de un vacío preventivo.

Mayores con menor educación sexual (y del siglo XX)
Esa ausencia de educación sexual empieza a pasar factura en los contagios de enfermedades de transmisión sexual en las personas mayores de 55. Las cifras muestran un aumento importante.
Según la Agencia de Seguridad Sanitaria del Reino Unido (UKHSA), los casos de sífilis en mayores de 65 años crecieron un 31% entre 2019 y 2023. En Estados Unidos, la gonorrea en mayores de 55 se multiplicó por seis desde 2010, de acuerdo con el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de la Agencia Nacional de Salud Pública.
Colombia no se queda atrás. El Instituto Nacional de Salud (INS), en su Boletín Epidemiológico Semanal -Semana 52 de 2025-, muestra que el grupo de edad entre 55 y 64 años registró un incremento de 13,3% en nuevos diagnósticos de VIH respecto al año anterior y los reportes consolidados de SaluData en 2025 muestran que 1 de cada 10 diagnósticos de sífilis en hombres en Bogotá ya no ocurre en jóvenes, sino en hombres que superan los 50 años.
Los expertos han explicado que este aumento en los indicadores se debe a diversos factores como una mayor comercialización de medicamentos para la disfunción eréctil, pero también al incremento en los divorcios en mayores de 50 años que ha llevado a personas monógamas a buscar relaciones casuales en aplicativos como Tinder, con los mismos conocimientos de protección que tenían en los años setenta. De aquí la urgencia de la inclusión del grupo en las campañas de distintos sectores.
El reporte del Foro Económico Mundial, titulado Los Trabajos del Futuro 2025, asegura que la economía plateada será el motor de empleos con un crecimiento del 30% para 2030, pero el marketing solo se enfoca en viajes de descanso y suplementos vitamínicos; no incluye condones en los cruceros, talleres de uso de aplicativos de citas en los centros de jubilados o folletos sobre enfermedades de transmisión sexual en las salas de espera de cardiología.
“Vemos cómo el patrón se repite globalmente como una advertencia de lo que ocurre cuando la conversación se detiene. No estamos reconociendo que la persona mayor tiene la facultad de poder gozar de todos los espacios de la vida diaria y de los dominios del bienestar, entre ellos, la sexualidad y por experiencia sabemos que la exclusión no está en la persona sino en su interacción con el entorno”, puntualiza Castellanos.
Momento de disfrutar
“Nosotras todavía estamos vivas, sentimos y vibramos, aunque ya no tenemos la edad de antes”, dice una mujer en Manizales al preguntarle cómo vive su sexualidad a sus más de 60 años. Otra en Medellín coincide en que su edad le permite disfrutar más la sexualidad porque “la vive con más tranquilidad (…), ya no hay temor a quedar embarazada y se convierte en algo para uno mismo”.
Estas voces dan cuenta de que la sexualidad se empieza a entender como una decisión propia e individual. La Líder de Salud de la Saldarriaga Concha destaca que las personas mayores de 60 quieren explorar, identificar su cuerpo de otras maneras, ir a otros ritmos y dejar atrás ideas que les inculcaron en su juventud.
En el caso de las mujeres, ideas como: “si uno no está con el esposo, se va a buscar otra…” y en el de los hombres: las mujeres “ya operadas no son lo mismo. Son frías, se les baja la libido, ya se enfría el botón”.
Minimizar el impacto de estas ideas culturales, requiere un trabajo combinado de diversos sectores. Investigaciones reconocen que la mayoría de las relaciones a los 60 están atravesadas por cambios físicos, que conllevan a que las personas no tengan un disfrute pleno de su sexualidad.
Por ello, los profesionales de la salud están llamados a ayudar a superar los tabúes, a tener un rol pedagógico en el que expliquen que los cambios en la libido o la respuesta física no son el fin de la vida sexual, sino una transición en la que se dispone de soluciones clínicas y terapéuticas.
Al facilitar estas herramientas, el médico no solo trata un síntoma, sino que abre la puerta para que la pareja explore nuevas formas de intimidad en las que el cuerpo no sea un impedimento, sino un territorio de descubrimiento compartido y conversado, un espacio en el que se pueda hablar sobre lo que se quiere o no hacer.
Hablemos de sexo
La conversación sobre sexualidad con la pareja o con otras personas no es fácil. Terapeutas señalan que es una barrera más para una sexualidad plena.
Personas mayores expresan que siguen teniendo un conocimiento limitado sobre sexualidad, particularmente sobre los cambios físicos y emocionales que ocurren con la edad y que inciden en sus experiencias sexuales.
La mayoría afirma que lo poco que sabe lo ha aprendido a lo largo de la vida, a través de la experiencia, pero no ha recibido información específica sobre las transformaciones del cuerpo en la vejez ni cómo estas pueden afectar su sexualidad.
“A los 60 se entiende más que el cuerpo ha cambiado y seguirá cambiando y por eso se debe entender que ahora son otros los asuntos que median la intimidad. Debería haber un cambio en la mirada hacia el disfrute y la decisión propia. Decir no quiero se vuelve una opción que no te vincula, entiendes que no pierdes a tu pareja por eso. Allí es donde se evidencian las brechas que involucran al entorno y vemos asuntos que están pendientes”, resalta Castellanos.
Precisamente por ello, la Fundación Saldarriaga Concha invita a visibilizar esos asuntos pendientes con campañas informativas que abran espacios y conversaciones que contribuyan a entender que la sexualidad no se jubila al cumplir los 60.
Texto suministrado por la Fundación Saldarriaga Concha



