
En noviembre de 2023, dos personas murieron y seis resultaron heridas cuando hombres armados abrieron fuego contra hinchas del Emelec, equipo del fútbol ecuatoriano que jugaba ese día el clásico contra el Barcelona de Guayaquil.
Ese partido tiene un sorprendente historial de violencia y muerte, lo que demuestra que ni siquiera hay que revisar los datos del fútbol más desarrollado de Sudamérica para encontrarse con enfrentamientos entre hinchadas de equipos rivales.
El 11 de abril de este año, dos jóvenes de 13 y 18 años murieron en una estampida poco antes del juego entre el chileno Colo Colo y el brasileño Fortaleza, por la Copa Libertadores.
Y ni hablar de la batalla campal desatada entre fanáticos de Independiente y Universidad de Chile, en el marco de la Copa Sudamericana, a mediados de este mismo mes. Así, podríamos estar horas revisando casos, porque los ejemplos suman y siguen.
Fenómeno transnacional, multidimensional, complejo
La violencia en las graderías es un fenómeno transnacional que no ha logrado ser detenido por las autoridades, y pone en peligro no solo al público, sino también a los deportistas. “En Sudamérica el fútbol juega un rol muy importante como espacio de construcción de identidades locales, regionales y, especialmente, nacionales. En torno a él se condensan aspiraciones, frustraciones y demandas colectivas, lo que liga al fútbol con sus contextos políticos, económicos y sociales”, explica a DW Eduardo Santa Cruz, académico de la Universidad de Chile y autor de varios libros sobre el rol social del balompié.
“Explicar las violencias asociadas al fútbol desde una perspectiva de la pobreza y el alcohol o las drogas es dejar de manifiesto que esto no sería un problema social estructural, sino una simple manifestación del momento, pero la verdad es que para entender el fenómeno se necesita ver distintos entornos sociales y comprender los procesos históricos y sociológicos que definen una sociedad”, apunta Alejandro Villanueva, académico colombiano e investigador social del deporte.
Lo respalda Santa Cruz en esta visión del tema: “Estamos frente a un fenómeno sociocultural multidimensional muy complejo. Las autoridades del fútbol han tendido siempre a reducirlo a una o dos variables y pensar que se soluciona con más controles, represión y uso de tecnologías”.
Para el académico chileno, hay que entender también cómo la consolidación de la mercantilización del fútbol ha afectado incluso al periodismo, que pasó “de uno orientado a la formación de una opinión pública a otro promotor del espectáculo que incendia el ambiente con discursos destinados a formar unos fanáticos consumidores a quienes se les estimula la ‘pasión’, es decir, la más plena irracionalidad”.
Escenario de manejo de otros conflictos
Como fenómeno social, el deporte permite evidenciar las diferencias que existen incluso entre los países, dice Villanueva, y el fútbol no es ninguna excepción, pues sirve como escenario de manejo de conflictos en casos de rivalidades. “Siempre tendrá una carga histórica el partido de fútbol entre Argentina e Inglaterra, por la Guerra de las Malvinas, o habrá disputas dentro de ciudades o países, como Boca-River en Buenos Aires o Santa Fe-Millonarios, en Colombia”.
Y ni hablar de los torneos continentales. “Hay rivalidades que tienen una carga cultural, una carga histórica, que se traslada al deporte, donde se generan enfrentamientos inicialmente simbólicos que pueden derivar en lo físico”. Santa Cruz vuelve a apuntar al periodismo, que “por incentivar el negocio, difunde de forma irresponsable discursos de rivalidades identitarias y otorga un supuesto carácter terminal a cada partido (‘de vida o muerte’)”. ¿Y qué pasa cuando la violencia se desata? “El periodismo recurre a discursos moralistas condenatorios”, apunta.
Relaciones personales y sociales cada vez más violentas
Hay un elemento en el que tanto Villanueva como Santa Cruz coinciden plenamente: la responsabilidad de mantener la paz en las gradas de los estadios no es únicamente de los hinchas, “sino también de los organizadores, de los clubes, de las federaciones y, desde luego, de todo el fútbol federado a nivel mundial, es decir la FIFA”, dice el experto colombiano. Su colega chileno abunda: “El camino para resolver el problema es multifactorial y requiere una voluntad política hoy día inexistente en dirigentes, prensa y autoridades”.
Eduardo Santa Cruz, que pronto lanzará un libro titulado “Historia social del fútbol chileno”, pone sobre la mesa un enfoque que es muy relevante, porque habla de un problema que trasciende los campos deportivos: “La violencia ha aumentado mucho en las relaciones sociales y personales. Es habitual que un incidente de tránsito termine a balazos”. En esa lógica, el problema es mucho más grande que solo un grupo de fanáticos de la pelota golpeándose por los colores de una camiseta.
Diego Zúñiga
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