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martes, marzo 17, 2026

Mi análisis sobre Sentiario: Días de Ilusiones

SENTIR LA MANO DE DIOS

“Cuando te topes con una,

analiza bien su esencia,

puede ser una princesa

que en ella se camufló,

para decirte en su vuelo

que todas las creó Dios”

Tomado del poemario: Momentos de Victor Hugo Vidal Barrios

Por Victor Hugo Vidal Barrios*

Es muy grato analizar sin emociones de amistad, la poesía que irradia Jorge Medina Rendón, por cada poro de su esencia llena de sentimientos y añoranzas.

Son sentires — poemas — que expresan sintiendo en primera persona, las cavilaciones del alma de un periodista con espíritu de poeta, que en forma particular crea su propio estilo y lo refleja en estas páginas, salpicadas de sentimientos diversos que crecen en su tiempo cronológico y se derraman en recuerdos, chorro hídrico de burbujas de sentir que fluye enérgico, donde la memoria del agua se hace más fuerte.

Me da mucha satisfacción el hecho de haberme pedido que analice su obra, lo que acrecienta más mi diagnóstico e interés poético, en este gran poemario lleno de sentimientos de toda índole y conjugados con una retórica propia de un experto en la materia.

Nace un gran poeta y me toca bautizarlo en las aguas diáfanas del rio Toribio, con la majestuosidad de nuestra Sierra Nevada de fondo, que con sus dos enormes picos forma el binomio y la trinidad la hace con el poeta naciente mismo, que ilumina este acto litúrgico literario.

Desde el título de su obra, maneja su propio diccionario que abre un léxico nuevo, hecho de análisis y creador de una epistemología renovada:

“SENTIARIO”

Lo percibo e interpreto como el sentir diario que mueve nuestras vidas, nuestras fibras, desde la sonrisa radiante de un sol naciente, hasta el baño de ocaso en un atardecer de colores de Kandinsky, del astro rey.

Y lo fortalece con: Sentieta, alguien que expresa un sentir con alma de poeta.

Un escritor potencial con gran sensibilidad y expresión espontánea por lo que siente, cobijado por su espíritu de comunicador social periodista y lo dice sencillamente, como surgen las palabras, así:

“Por ese universo humano a veces yo escribo, siento como esa gente y siento como puedo sentir. A veces, o muchas veces, casi siempre, o siempre, con razón o sin razón, con la razón mía o con la de los demás, con el dolor propio o con el del otro, con las alegrías personales o con las del vecino, yo sencillamente escribo”

Inicia su poemario en prosa con una luz de esperanza, que adorna el corazón de un poeta natural y sensible en su esencia, antagonizando El olvido que seremos de Héctor Abad Facio Lince — por lo menos en el título en este corto pero diciente poema:

“AQUELLO QUE ALGUNA VEZ SERÁ”

“Un día cualquiera,

de esos de tomar tinto y leer,

imaginando paisajes y primaveras,

tomando impulso interior para volver a creer.

Un día para las nuevas causas,

de esos que traen el renacer,

con afán de vida y nada de pausas,

empeñados en seguir viendo el amanecer”  

Se siente además la fuerza y coordinación de metáforas en una prosa poética única, buscando su estilo, aunque sencillo va convirtiéndose poema tras poema, en un pincel lírico de pelo de Marta Kolinsky, fino y en crecimiento, que pinta sin pintar, con sinestesia, los colores de su vida desde niño, matizando los recuerdos de su infancia, de su Ciénaga adorada, con altos sentimientos que brotan de su alma, así lo refleja en su poema:

 “UN CIELO DE NOSTALGIAS”

“Hay mañanas en las que cuando me levanto,

mis ojos actúan como un pincel

que dibujan en el cielo nostalgias

de distintos colores y épocas,

no porque crea que el ayer fue superior,

sino por el afán de rescatar entre melancolías

aquello que te ha enseñado a crecer en la vida[…]”

“Y comienzo a los dos años,

llevado de la mano de mí madre a conocer el mar,

a orillas del Caribe en Ciénaga, Magdalena,

Colombia, América del Sur.

Tierra natal que educó mi interior, al ritmo del pedazo fértil,

en donde se cultivan imágenes de amor y sentires del corazón,

que unidos en cuerpo y alma,

dejan ver un bosque de ilusiones y emociones,

en el que muchas veces se marchitan hojas,

que sucumben a las laceraciones del destino”

Se nota con frecuencia en el poeta Jorge Medina, el recordar con nostalgia los tiempos acaecidos y con ellos, amigos y familiares que hoy, ya son ensueños, lo expresa en:

“IDOS LOS TIEMPOS”

“Ayer era el biberón en la boca y esta mañana estamos con las canas entre las sienes”

“Dirijo los ojos al piso cubierto de arena y sin arribar al lamento del compungido,

me digo…son ya quimeras…”

Le canta al amor con gran pasión, con sentimiento, adornando siempre con figuras literarias, lo sentimos en:

“TU CUERPO, MI MORADA”

“Tumulto de sentimientos,

riego de amor en todo tiempo,

amor que se grita a los cuatro vientos.

Suspiros y fragancias de noches revoltosas,

bebiendo pasión de manos ansiosas”

Igualmente se siente, en sus escritos una mezcla vibratoria de adentro hacia afuera y viceversa, cual ondas centrífugas y centrípetas — saliendo y entrando al corazón creador— lo observamos en:

“VIBRACIONES”

“Te miro,

me miras,

te provoco,

me provocas,

anhelo tu vibrar,

deseas mi forma de amar,

alternamos vibraciones,

vibraciones que hacen dulce

el beso que llama otro beso,

vibraciones que dan fuerza a la pasión,

al sentimiento arrollador”

Se siente también el romance en la iluminación poética de la tea nocturna del plenilunio, en:

“A LA LUZ DE LA LUNA”

“El mar golpeaba la arena,

el cielo con su sábana de estrellas,

cubría nuestros cuerpos a la luz de la luna.

El viento repartía su música,

entre olas agigantadas.

Las manos ardían,

los ojos brillaban,

la sangre agitada

consumía cada poro

de la piel tendida,

los labios recorrían”

Sigue la lírica romántica bien dibujada, con crayolas de narrativa en:

“NO BASTA”

“Mientras desliza

su cuerpo bajo la lluvia

escribe en la arena:

No basta con que

me hagas el amor,

porque si de hacerlo fuera,

bastarían un cuerpo y el mío.

Más no contigo.

No basta con que

me llenes de besos

y me inundes de tu calor,

porque para estar así

cualquier torrente basta.

Más no contigo”

Se expresa el lamento y el sentir de un Virus llamado Covid 19, que nos obligó a reclutarnos en nuestras propias viviendas, confinados y angustiados, sintiendo la proximidad de la partida…

Y VOLVIMOS A CORRER EL TELÓN

Había caído sobre el escenario,

día y noche se hicieron lo mismo a puertas cerradas,

en occidente el sol avisaba el comienzo de la mañana,

en oriente se dormía entre pesadillas,

poco a poco nos llegaban las noticias

mientras las aves trinaban al pie de la ventana.

El virus sonaba a voz de fantasma,

oculto en la terraza que pone a palpitar el corazón

 a ritmo de amenaza,

hoy suman centenares los muertos

y mañana serán miles los cadáveres,

muchos sin nombres y sin despedidas

todos han desfilado en titulares de

periódicos, estaciones de radio,

televisión y redes sociales,

recordando que somos simples mortales.

El Covid-19 dio lugar a una nueva forma

de terror orbital con pinta de alienígena,

de traje verde que crea congestión

en la sala de recibo del más allá y

satura las unidades de cuidados intensivos

con más de 32 millones de moribundos

entre el cielo y el mundo.

El miedo rueda sin excepciones,

toda especulación cabe en la mente,

cualquier gota de tos o estornudo

tiene forma de ataúd,

y cualquiera llora a escondidas

o ante el escaso público del hogar,

pensando en el ahogo, el dolor de pecho,

la expiración final o la apresurada cremación.

La vida social está clausurada,

la economía asiste al desplome de todos sus frentes,

el hambre asalta los hogares,

la protesta social se hace evidente,

los gobiernos entre medidas,

aciertos y desaciertos,

lucen descontrolados con poca capacidad de reacción

ante un futuro que se hace cada vez más incierto,

más de setecientos días en la absoluta oscuridad,

para una población superior a los ocho mil millones de habitantes

parecería ser insignificante la desaparición de unos adultos mayores,

casi todos, pero lo creciente y letal del virus

y la pasmosa velocidad del contagio

presagian la partida universal…

Y en este otro poema que narra el desespero de la Pandemia que azotó nuestro sentir…

PANDEMIA, ENCIERRO Y SENTIMIENTO

En tiempos de peste global

no hay guardianes para las almas

 que se resisten al abrazo con la eternidad

porque creen haber partido antes de la hora celestial.

Ellas se ven ir y venir andar y gemir

delirantes en el limbo del encierro,

millares de nubes hacen de barrotes

nada les retorna el vivir,

el agujero parece ser el peor azote

sin la solemnidad del entierro.

Un día se infectaron

al otro día murieron y nunca lo supieron.

Sin partida de defunción, sin un abrazo de despedida,

cesan los latidos del corazón

y en los demás abierta queda la herida.

Más de un aliento ronda por cuartos y calles

buscando amaneceres y atardeceres

 que nunca volverán.

Tampoco habrá más placeres

unidos al éxtasis del cuerpo

ni a las caricias del amor de afán

El sentir Caribe, expresado con emoción y satisfacción por haber nacido frente al mar, con un sol alegre y metafórico, con la espontaneidad nuestra y con la explosión interior de palabras, listas para ser detonadas: con la complicidad de la pareja…

VALOR DE NACER ENTRE OLAS

Despierta mi alma frente al Caribe,

muy temprano me levanto

y mis ojos se emocionan,

muy temprano en la mañana

se siente inmensa alegría

al revolcar el cuerpo en estas olas

y en estas tierras que hoy

inspiran nuestro canto.

Él y ella expresan

esperanzas y angustias,

la angustia que muele almas

y la esperanza que no deja

morir la calma.

Él y ella viven

su presente y sueñan

con un futuro mejor,

el presente que los hace valiente

y el futuro que los obliga

andar con paso seguro.

Él y ella ofrecen su ternura

y disfrutan sus amores,

la ternura que los hace sensibles

y los amores que tejen ilusiones

para no sufrir tanto.

Ella y él siembran riqueza

y pescan en ríos y en mares.

Riqueza es lo que ella

y él regalan en cada una de sus cosechas,

cosechas que agradecen

cuando una y otra vez

llenos de fe oran al pie de los altares…

Y el amor imperecedero del poeta por su querida Madre, cierran su ciclo de sentimientos, en una cadena de eslabones poéticos, donde cada uno brilla con la creatividad de un verdadero vate:

MADRE, SÍ, ELLA

Dios te bendiga hijo,

decía con su imagen de mujer divina

mientras estampaba su beso

en la frente y se retiraba

cuando yo doblaba la esquina.

La recuerdo en su juventud

dejada prematuramente por su marido,

angustiada por sus pequeños

y laboriosa sin quietud.

Madre, sí, ella,

bella como una estrella,

firme como el roble

a la vera del camino,

andando sin temor alguno al destino,

construyendo oraciones

día y noche para que las fuerzas

nunca la fueran a abandonar en afanosa lucha,

para nunca perder la capacidad de amar.

Mi madre siempre fue una voz

que escuché en todos sus decibeles de comprensión

y encantadora esperanza.

Tal vez no la abracé todas las veces como ella quería,

Tal vez me faltó repetirle lo mucho que la amaba

y extrañaba,

Tal vez hubiera podido poner más en práctica

los sabios consejos que ella daba

confiada en que me ayudarían a llegar a viejo.

Ese día que nos miramos

a los ojos por última vez,

apreté sus manos y le dije

que soltara tranquila sus alas

que emprendiera en calma su vuelo,

que algún día nos volveríamos a encontrar

en el infinito cielo.

En ese momento le dije

Dios te bendiga Madre,

le di un beso en la frente

y esperé a que doblara la esquina

en esa otra forma de buscar la verdad,

cuando uno se abraza con la eternidad.

Madre, sí, ella. Mi Madre.

Aquí termina mi análisis modesto y humilde de este gran poeta, que nace de las olas de un mar caribe, en una pintura de colores, plasmados en el lienzo de sus recuerdos. Felicitaciones hermano.

*Víctor Hugo Vidal, Poeta, Pintor, Novelista y destacado profesional de la odontología del municipio de Ciénaga, Magdalena. Una parte importante de sus pinturas ilustran el libro que alude.