La guerra en Ucrania se está consolidando como un campo de pruebas para tecnologías militares emergentes.
Entre las más llamativas destaca la llegada de Phantom MK-1, un robot humanoide de combate desarrollado por la startup estadounidense Foundation, diseñado específicamente para operar en entornos bélicos.
En febrero de 2026, la compañía envió dos unidades a territorio ucraniano para su evaluación en misiones reales, principalmente tareas de reconocimiento y operaciones de alto riesgo.
Un robot soldado diseñado para el combate
El Phantom MK-1 presenta un diseño claramente orientado al combate:
Estructura de acero negro con visor tintado
Forma humanoide para operar en entornos diseñados para personas
Capacidad para usar armas convencionales (pistolas, escopetas, rifles tipo M-16)
Preparado para ejecutar tareas como apertura de brechas, reconocimiento o apoyo táctico
Según sus creadores, el objetivo es que pueda manejar cualquier arma que usaría un soldado humano.
Producción masiva y modelo de negocio
La empresa planea escalar rápidamente:
Objetivo: hasta 50.000 unidades para 2027
Coste estimado: unos 100.000 dólares anuales por robot (modelo de leasing)
Contratos actuales con el Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea de EE. UU.
Esto apunta a una posible industrialización del concepto de “soldado robótico”.
Riesgos éticos y escalada militar
El desarrollo de robots humanoides armados plantea preocupaciones importantes:
Reducción del coste humano de la guerra, lo que podría facilitar conflictos
Dificultad para asignar responsabilidades en caso de abusos
Riesgo de autonomía letal si se elimina el control humano
Actualmente, los protocolos militares estadounidenses exigen supervisión humana para el uso de fuerza letal. Sin embargo, en el propio conflicto ucraniano ya se están viendo sistemas autónomos (como drones) capaces de identificar y atacar objetivos sin intervención directa debido a interferencias electrónicas.
Fuente IA Secrets



