Actualmente, unos 2,5 millones de colombianos conviven con depresión, una condición que afecta al 4,7% de la población. Durante diciembre, las consultas por salud mental registraron un incremento cercano al 20%.
Bogotá, enero 2026: El regreso a la rutina no siempre es sinónimo de bienestar. En las semanas posteriores a celebraciones prolongadas, suele registrarse un aumento en las consultas por ansiedad y depresión, impulsado por cambios bruscos de ritmo, presión económica y carga emocional.
Esta tendencia se refleja en datos internacionales, según el Servicio de Psiquiatría del Hospital Italiano de Buenos Aires 2025, las consultas por salud mental aumentan cerca de un 20% durante diciembre, un efecto que puede extenderse a las primeras semanas del año.
De acuerdo con cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y del Ministerio de Salud, en Colombia el 4,7% de la población sufre depresión, lo que equivale a cerca de 2,5 millones de personas.
Esta prevalencia se ubica por encima del promedio mundial, estimado por la OMS en 3,8%, y evidencia un desafío adicional para el sistema de salud colombiano, especialmente si se tiene en cuenta que solo alrededor del 20% de las personas con depresión mayor recibe atención profesional adecuada, dejando a una gran parte de la población sin acompañamiento oportuno.
‘’El incremento del malestar emocional tras volver a la rutina está marcado por expectativas personales elevadas y, en muchos casos, poco realistas, que generan ansiedad al inicio del año. A esto se suma la sensación de inconformidad con la vida actual y la comparación con los logros de otros, que emerge tras las reflexiones de cierre de año’’, indicó Laura Ramírez, psicóloga y vocera de Adipa, plataforma de formación en psicología y salud mental.
Y es que, la transición posterior a las festividades suele vivirse como una pérdida de los estímulos positivos asociados a ese periodo, lo que puede generar sensaciones de nostalgia, tristeza o decepción.
El contraste con la rutina diaria, donde el ocio y las recompensas emocionales disminuyen, impacta directamente en el estado de ánimo.
A esto se suma el cansancio acumulado tras semanas de alta exigencia social y emocional, así como la ruptura abrupta de hábitos de descanso y autocuidado, factores que pueden intensificar la sensación de desajuste durante las primeras semanas del año.
‘’En este proceso, también es clave no intentar cumplir todos los objetivos al mismo tiempo. Muchas personas exigen comenzar de inmediato con todos los planes del nuevo año, lo que suele derivar en frustración y sensación de agobio. Además, es importante identificar cuándo se necesita hacer una pausa’’, agregó Ramírez.
Frente a este panorama, especialistas coinciden en la necesidad de fortalecer el autocuidado y la escucha emocional durante el inicio del año, así como de promover el acceso oportuno a apoyo profesional.
Hablar abiertamente sobre el malestar emocional, reconocer sus señales tempranas y normalizar estos estados resulta clave para prevenir que se profundicen.
La salud mental requiere atención continua y sostenida, no solo en momentos críticos, por lo que impulsar estrategias de acompañamiento y prevención se vuelve fundamental para construir un bienestar más estable y duradero.



