Desde hace un año, gracias a una nueva tecnología láser, se puede curar el agrandamiento no canceroso de la próstata, sin necesidad de cirugía abierta, con control mucho más preciso del sangrado, menos días de sonda y recuperación más rápida.
Bucaramanga, febrero de 2026. La urología vive un cambio decisivo impulsado por la tecnología.
Mientras el cáncer de próstata continúa siendo una de las principales causas de muerte por cáncer en hombres mayores de 50 años en Colombia, una innovación médica de última generación está transformando el tratamiento del crecimiento benigno de la próstata, una condición que afecta a más del 80 por ciento de los hombres a partir de esa edad.
Desde hace menos de un año, Colombia incorporó la enucleación prostática con láser de Tulio (Thulium), una técnica mínimamente invasiva que permite tratar la hiperplasia prostática benigna sin cirugía abierta, con mayor precisión quirúrgica, mejor control del sangrado, menos días de sonda y una recuperación más rápida.
En muchos casos, el procedimiento puede realizarse de forma ambulatoria, incluso en pacientes con enfermedades cardiovasculares o que reciben anticoagulantes.

Según el doctor Milton Augusto Salazar Rey, jefe del Departamento de Urología de la Clínica Foscal, este avance representa un punto de inflexión en la cirugía prostática: permite retirar con alta precisión el tejido que obstruye la salida de la orina, reduciendo riesgos y acelerando el retorno a la vida cotidiana.
Sin embargo, la tecnología no reemplaza la prevención. El cáncer de próstata —otra enfermedad de esta glándula— sigue siendo potencialmente letal cuando no se detecta a tiempo, ya que en sus etapas iniciales suele ser silencioso.
Muchos hombres aún consultan solo cuando aparecen síntomas urinarios, una conducta que limita las posibilidades de curación en los casos oncológicos.
Las recomendaciones médicas indican iniciar los controles prostáticos desde los 50 años en hombres sin factores de riesgo y desde los 40 en quienes son afrodescendientes o tienen antecedentes familiares.
A esto se suma el uso creciente de pruebas genéticas, que permiten identificar riesgos compartidos con otros tipos de cáncer y adelantar los chequeos de forma personalizada.
“El mayor avance no es solo tecnológico, sino cultural: entender que la prevención salva vidas”, concluye el especialista.



