El estrés crónico no solo afecta la salud mental, también puede alterar la presión arterial, favorecer procesos inflamatorios y aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares, responsables de cerca de 17,9 millones de muertes al año en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud.
Especialistas en psicología clínica y cirugía vascular advierten que el manejo del estrés, junto con hábitos saludables como el ejercicio, el descanso adecuado y el apoyo emocional, puede convertirse en una herramienta clave para proteger el sistema vascular y reducir factores de riesgo a largo plazo.
Bogotá, abril de 2026. Las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de muerte en el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud, cada año mueren cerca de 17,9 millones de personas por enfermedades del corazón y de los vasos sanguíneos, lo que representa alrededor del 32 % de todas las muertes globales.
Entre los factores que influyen en su aparición, la evidencia científica señala cada vez con mayor claridad el impacto del estrés crónico y de las emociones negativas en la salud vascular.
Durante mucho tiempo, la prevención cardio y endovascular se centró principalmente en factores como la alimentación, el sedentarismo o el tabaquismo. Sin embargo, la medicina contemporánea reconoce que la salud del sistema vascular también está influida por factores psicológicos y sociales, como el estrés prolongado, la ansiedad o la presión emocional constante.
El impacto del estrés no solo se refleja en el corazón, sino también en el sistema vascular. La activación constante de los mecanismos de estrés puede favorecer la hipertensión arterial, la inflamación de los vasos sanguíneos y la formación de placas de aterosclerosis, procesos que aumentan el riesgo de infarto, accidente cerebrovascular o enfermedad arterial periférica.
El doctor Alberto Muñoz Hoyos, cirujano vascular y endovascular, explica que el impacto del estrés en la salud vascular también se presenta por su efecto sobre el endotelio, la capa interna que recubre todos los vasos sanguíneos del organismo. Estudios en fisiología vascular han demostrado que el estrés psicológico sostenido puede alterar el funcionamiento de estas células, reducir la producción de sustancias vasodilatadoras como el óxido nítrico y aumentar procesos inflamatorios y oxidativos en las arterias. “Esta alteración, conocida como disfunción endotelial, se considera una de las primeras etapas en el desarrollo de múltiples enfermedades vasculares, ya que favorece la rigidez arterial, la formación de placas y las alteraciones en la circulación sanguínea”, anota el doctor Muñoz Hoyos. Además, señala, que el organismo responde al estrés activando mecanismos biológicos que afectan directamente al sistema cardiovascular dado que el estrés sostenido activa el sistema nervioso simpático y aumenta la liberación de hormonas como el cortisol y la adrenalina. Esto eleva la presión arterial, acelera la frecuencia cardiaca y favorece procesos inflamatorios que, con el tiempo, pueden dañar las paredes de los vasos sanguíneos y aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
Desde la psicología clínica, la doctora María Clara Arbeláez, especialista en esta rama, señala que el estrés emocional sostenido puede convertirse en un factor silencioso que deteriora progresivamente la salud física. “El cuerpo no distingue entre un peligro real y una presión emocional constante. Cuando el estrés se vuelve crónico, el organismo permanece en estado de alerta permanente. Esto genera alteraciones hormonales, cambios en la presión arterial y hábitos de vida menos saludables que terminan impactando la salud vascular”, anota la doctora Arbeláez.
Los especialistas coinciden en que el manejo adecuado del estrés debe considerarse una estrategia fundamental de prevención cardiovascular. De hecho, cada vez más guías clínicas internacionales recomiendan incorporar el bienestar emocional dentro de las estrategias de promoción de la salud.
Entre las recomendaciones más importantes para proteger el sistema vascular frente a la ansiedad y el estrés, por parte del equipo interdisciplinario de la Clínica Vascular de Bogotá, se encuentran:
· Identificar y manejar las fuentes de estrés crónico, especialmente las relacionadas con el trabajo, la carga emocional o los conflictos prolongados.
· Practicar actividad física regular, ya que el ejercicio contribuye a regular las hormonas del estrés y mejora la salud cardiovascular.
· Mantener una buena calidad de sueño, fundamental para el equilibrio hormonal y la recuperación del sistema nervioso.
· Fortalecer las redes de apoyo social y emocional, factores asociados con mejores indicadores de salud cardiovascular.
· Consultar oportunamente a profesionales de la salud cuando existen síntomas persistentes de ansiedad, estrés o depresión.
La prevención de la salud vascular requiere una mirada integral que combine hábitos de vida saludables, control médico periódico y cuidado de la salud mental. Reconocer que las emociones también influyen en el funcionamiento del corazón y de los vasos sanguíneos permite desarrollar estrategias más completas para reducir el riesgo de enfermedad.
Este enfoque interdisciplinario, que integra medicina vascular y salud mental, se consolida como una de las tendencias más importantes en la prevención moderna de enfermedades cardiovasculares.




