Las infecciones que se descontrolan y desencadenan una falla circulatoria —cuya forma más grave es el shock séptico— son una de las principales causas de muerte en cuidados intensivos y se asocian a cerca de 11 millones de fallecimientos al año en el mundo, según la OMS.1
Un estudio co-liderado desde Cali demostró que guiar el tratamiento con una técnica tan sencilla como observar el color de la piel ayuda a salvar más vidas; la revista Jama, una de las más influyentes de la medicina mundial, lo eligió el estudio del año 2025.
Colombia, mayo de 2026. Cuando una infección grave se sale de control, el cuerpo puede entrar en un estado crítico en el que la circulación colapsa y la sangre deja de llevar suficiente oxígeno a los órganos.
Sin un tratamiento rápido, varios órganos empiezan a fallar al mismo tiempo. Su forma más severa, el shock séptico, es una de las principales causas de muerte en las unidades de cuidado intensivo del mundo.
Según el primer informe global de la Organización Mundial de la Salud sobre sepsis, esta condición provoca cerca de 11 millones de muertes al año —uno de cada cinco fallecimientos en el planeta— y mantiene una mortalidad cercana al 43 % entre los pacientes que llegan a cuidado intensivo.1
Frente a esa realidad, mejorar el tratamiento durante las primeras horas es uno de los mayores desafíos de la medicina intensiva.
Un estudio co-liderado desde Cali por la Fundación Valle del Lili, demostró una forma eficaz de atender a estos pacientes. El estudio, llamado Andrómeda Shock-2, se concentró en algo que cualquiera puede observar a simple vista: el tiempo que tarda la piel de un dedo en recuperar su color después de presionarla unos segundos.
Esa medida —el tiempo de llenado capilar— funciona como un termómetro de la circulación en los vasos más pequeños del cuerpo, los que llevan el oxígeno directamente a los tejidos. Si el color vuelve rápido, la sangre está llegando bien a los tejidos, si tarda es señal de que algo no anda bien.

Con esa señal como guía, el equipo diseñó un tratamiento hecho a la medida de cada paciente, que decide hora por hora si conviene administrar líquidos, ajustar los medicamentos que sostienen la presión arterial o, al contrario, no insistir con intervenciones que en exceso también pueden hacer daño.
La estrategia se comparó con el cuidado estándar en 1.501 pacientes atendidos en 86 unidades de cuidado intensivo de 19 países y 4 continentes, entre marzo de 2022 y abril de 2025.
El resultado fue positivo: los pacientes tratados con esta estrategia sobrevivieron más y permanecieron menos días hospitalizados. Además, este ensayo a diferencia de otras innovaciones médicas no depende de tecnología costosa.
“La medición del llenado capilar es sencilla y no requiere tecnología avanzada. En el estudio participaron hospitales privados y públicos, universitarios y no universitarios, con mucha y con poca disponibilidad de recursos. Eso nos permite anticipar que esta estrategia es enseñable y replicable en prácticamente cualquier UCI del mundo”, explica el Dr. Gustavo Ospina, intensivista de la Fundación Valle del Lili, profesor de la Universidad Icesi y uno de los líderes del estudio.
Ciencia hecha desde América Latina, reconocida por el mundo
La revista Jama —una de las tres publicaciones científicas más influyentes y citadas de la medicina mundial— escogió a Andrómeda Shock-2 como el estudio del año 2025. Ser distinguido por Jama equivale a un sello de rigor y trascendencia, lo que significa que el trabajo es sólido en su método y que tiene el potencial de cambiar la forma en que se trata a los pacientes en cualquier parte del mundo.
Andrómeda Shock-2 es la continuación de una línea de investigación que el mismo grupo inició años atrás con Andrómeda Shock-1. Los resultados de ambos estudios se presentaron en la sesión central del Congreso Europeo de Cuidado Intensivo (Esicm), en París (2019) y en Múnich (2025), el escenario donde tradicionalmente se revelan las investigaciones más importantes de la especialidad.
Este estudio fue co-liderado por el Dr. Glenn Hernández y el Dr. Eduardo Kattan, de la Pontificia Universidad Católica de Chile, y el Dr. Ospina, de la Fundación Valle del Lili y la Universidad Icesi, con el apoyo del HCor de São Paulo en el análisis estadístico. Se sostuvo con recursos locales y con fondos competitivos obtenidos en España, Francia y el Reino Unido, un hecho poco común en investigaciones de esta envergadura.
“Recibir este reconocimiento de Jama es un honor que llena de orgullo a todo el equipo, pero también es una señal de que la ciencia que se hace desde América Latina tiene legitimidad y respeto a nivel global. Muchos centros se sumaron al proyecto sin esperar una compensación económica, algo que rara vez ocurre en estudios de esta envergadura”, añade el Dr. Ospina.
Tras el éxito del proyecto, los investigadores formalizaron la creación de Andrómeda Network, una red internacional de investigación que ya reúne cerca de 180 unidades de cuidado intensivo en 38 países y que será co-liderada desde Cali.
Para este año están previstas dos nuevas publicaciones del mismo grupo: Andrómeda Pegasus y Andrómeda VexUS. El mensaje de fondo es esperanzador, frente a una de las condiciones más letales de la medicina, parte de la respuesta no estaba en un equipo de última generación y esa respuesta nació, en buena medida, desde Cali.




