Colombia pierde 9.76 millones de toneladas de alimentos al año

La FAO en Colombia señaló en abril de 2026 que alrededor del 60% de la pérdida y desperdicio de alimentos ocurre antes de la etapa de consumo, con factores relacionados con la producción, la logística, el transporte y el almacenamiento

La reducción de estas pérdidas está llevando a la industria de alimentos a incorporar tecnologías en diferentes etapas de la cadena, desde el procesamiento hasta la conservación y distribución.
Bogotá, septiembre de 2026. El mundo desperdició 1.050 millones de toneladas de alimentos en 2022, equivalentes al 19% de los alimentos disponibles para los consumidores, según el Food Waste Index Report 2024 del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP).
De ese volumen, el 60% correspondió a los hogares, un 28% a los servicios de alimentación y un 12% al comercio minorista.
El informe de Naciones Unidas también encontró que los hogares desperdiciaron el equivalente a más de 1.000 millones de comidas cada día, en un contexto en el que 783 millones de personas enfrentaban hambre. Además, la pérdida y el desperdicio de alimentos representan entre el 8% y el 10% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.
En América Latina y el Caribe, la dimensión del problema también es significativa. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) estima que la región pierde alrededor de 220 millones de toneladas de alimentos al año, mientras persisten problemas de inseguridad alimentaria en distintos países.
Por su parte, en Colombia, el Departamento Nacional de Planeación (DNP) estima que 9.76 millones de toneladas de alimentos se pierden o desperdician cada año, equivalentes al 34% de la oferta alimentaria nacional. Es decir, aproximadamente una de cada tres toneladas disponibles no llega a cumplir su propósito alimentario.
El problema empieza antes del consumidor
La distribución de las pérdidas en Colombia muestra una diferencia frente al panorama global del desperdicio. Mientras el UNEP identifica a los hogares como el principal generador del desperdicio medido en las etapas de consumo, las cifras de la FAO muestran que una proporción importante de las pérdidas colombianas ocurre antes de que los alimentos lleguen al consumidor.

La FAO en Colombia señaló en abril de 2026 que el 60,3% de la pérdida y desperdicio de alimentos ocurre antes de la etapa de consumo, con factores relacionados con la producción, la logística, el transporte y el almacenamiento. De hecho, las frutas y verduras concentran la mayor cantidad de alimentos perdidos o desperdiciados en el país, con cerca de 6,1 millones de toneladas al año, de acuerdo con el estudio del DNP.
Esta situación también tiene implicaciones económicas para la cadena alimentaria, ya que cada alimento que no llega al consumidor representa recursos utilizados en su producción, procesamiento, transporte y almacenamiento.
La tecnología busca reducir las pérdidas en la cadena
La reducción de estas pérdidas está llevando a la industria de alimentos a incorporar tecnologías en diferentes etapas de la cadena, desde el procesamiento hasta la conservación y distribución. Entre las alternativas se encuentran los sistemas que permiten prolongar la vida útil de los alimentos y, en determinadas aplicaciones, almacenarlos y transportarlos sin refrigeración. Estas soluciones pueden reducir el deterioro de productos perecederos durante su distribución.
La digitalización también está entrando en los procesos de producción, el uso de datos obtenidos directamente de las líneas permite identificar pérdidas y oportunidades de eficiencia durante las operaciones. En paralelo, la industria trabaja en el aprovechamiento de subproductos para transformarlos en ingredientes de valor agregado.
“La pérdida y el desperdicio de alimentos no se generan en un único punto de la cadena; existen distintos momentos en los que las decisiones pueden marcar la diferencia. Desde la transformación de los alimentos y bebidas hasta su envasado, almacenamiento y comercialización, contar con tecnología y conocimiento especializado permite responder a los desafíos de cada etapa, mejorar la eficiencia de los procesos y contribuir a preservar los alimentos por más tiempo. Al final, todo este trabajo también se refleja en la confianza del consumidor, que reconoce y valora los atributos de un producto cuando estos se traducen en una experiencia que responde a sus necesidades, y es allí donde cada uno de estos puntos de contacto cobra relevancia”, explica Edwin Rozo, director de servicio de Tetra Pak Andina.
Las cifras globales y colombianas muestran dos puntos diferentes del mismo fenómeno, pues, a nivel mundial, los hogares concentran el 60% del desperdicio medido por UNEP, mientras que en Colombia una parte significativa de las pérdidas ocurre mucho antes de que los alimentos lleguen a ellos.
La diferencia es relevante para las estrategias de reducción de estas pérdidas. Las acciones sobre consumo, compras y aprovechamiento de alimentos tienen incidencia en la etapa final, pero en Colombia también existen oportunidades en producción, poscosecha, almacenamiento, transporte, procesamiento y conservación.
“También existen oportunidades dentro de las plantas de producción, la conectividad y el análisis de datos que permiten identificar dónde se generan pérdidas y tomar decisiones para reducirlas, mientras que el aprovechamiento de subproductos permite obtener mayor valor de las materias primas utilizadas”, agrega el ejecutivo de Tetra Pak.
Así, la reducción de estas pérdidas involucra, por tanto, tanto las decisiones del consumidor como la capacidad de la cadena alimentaria para producir, conservar, transportar y procesar los alimentos antes de que lleguen a la mesa.
