Indycar Barranquilla 2028: Por qué Alex Char cree que beneficia a la ciudad

Una carrera que puede acelerar mucho más que los automóviles
Por Jorge Medina Rendón Redacción La Gran Noticia
Barranquilla prepara motores para uno de los acontecimientos deportivos internacionales de mayor dimensión que podría recibir la ciudad en los próximos años.
El alcalde Alejandro Char anunció que en abril de 2028 la IndyCar podría correr en Barranquilla, frente al río Magdalena, dentro de una estrategia que busca fortalecer el turismo, el entretenimiento y el posicionamiento internacional de la capital del Atlántico.
La ciudad viene trabajando en la definición del trazado y en las condiciones necesarias para realizar una competencia de esta magnitud.
A septiembre de 2026, sin embargo, todavía debe distinguirse entre el anuncio realizado por la administración distrital y la confirmación formal de la categoría: IndyCar aún no ha publicado su calendario de 2028 incluyendo oficialmente a Barranquilla.
Pero el proyecto ya permite formular una pregunta mucho más interesante que la deportiva:
¿qué podría significar para Barranquilla recibir una carrera de IndyCar?
La respuesta puede medirse en turismo, hoteles, restaurantes, comercio, empleo, inversión, exposición internacional y construcción de marca de ciudad.
Y las experiencias de otras ciudades permiten dimensionar esa oportunidad.
Una ciudad convertida en circuito
El concepto que se ha venido planteando para Barranquilla es especialmente atractivo porque no contempla construir un autódromo aislado de la ciudad.
La intención es llevar la competencia al entorno urbano del río Magdalena, aprovechando la transformación experimentada por Barranquilla alrededor del Gran Malecón y sus conexiones con la Vía 40.
Eso cambia completamente la naturaleza del espectáculo.
Los automóviles serían protagonistas, pero también lo sería Barranquilla.
Cada toma aérea tendría la posibilidad de mostrar el Magdalena, el Malecón, el desarrollo urbano, Puerta de Oro y una ciudad tropical construyendo una nueva relación con su río.
En eventos deportivos internacionales, esa exposición tiene un valor enorme.
Long Beach: cuando una carrera se convierte en industria
El mejor referente para comprender la dimensión económica de una IndyCar urbana es Long Beach, California.
Su Grand Prix de 2024 recibió más de 194.000 asistentes durante tres días.
Un estudio económico determinó que el evento produjo US$58 millones en gasto de visitantes y operación, que generaron un impacto económico regional total estimado en US$98,7 millones.
También sostuvo 702 empleos y produjo aproximadamente US$17,9 millones en ingresos tributarios. Dentro de la propia ciudad de Long Beach, la actividad económica asociada alcanzó US$58,7 millones.
Pero quizás el resultado más interesante está fuera de las cuentas.
Más de dos millones de personas tuvieron exposición al evento mediante plataformas nacionales e internacionales, convirtiendo la carrera en una gigantesca vitrina turística para Long Beach.
Detroit: 156.000 personas y más de un millón frente al televisor
Otro referente es Detroit.
Su Grand Prix de 2025 reunió aproximadamente 156.000 personas durante tres días, mientras la transmisión de la carrera alcanzó una audiencia promedio de 1,061 millones de espectadores en FOX y sus plataformas de streaming.
La audiencia aumentó 75 % frente al año anterior y alcanzó un pico superior a 1,2 millones de espectadores.
Aquí aparece uno de los activos que Barranquilla debería valorar especialmente:
la televisión convierte la pista en publicidad de ciudad.
No se trata simplemente de que millones de personas observen automóviles.
Observan el escenario donde esos automóviles corren.
Barranquilla ya conoce la economía de los grandes eventos
La ciudad cuenta además con una ventaja importante: no necesita imaginar cómo responde su economía ante grandes concentraciones de visitantes.
Ya lo sabe.
El Carnaval de Barranquilla 2026 recibió más de 820.000 visitantes nacionales e internacionales, alcanzó ocupaciones hoteleras superiores al 90 % y registró una estadía promedio de 3,5 noches.
Según las cifras distritales, un turista nacional gastó en promedio $2.725.000, mientras un extranjero gastó aproximadamente $4.100.000.
El Carnaval movilizó más de $840.000 millones y generó alrededor de 195.000 empleos directos e indirectos.
Naturalmente, IndyCar no puede compararse en tamaño con el Carnaval.
Pero estas cifras demuestran que Barranquilla ya posee una cadena económica capaz de reaccionar ante grandes eventos:
hotelería, gastronomía, transporte, comercio, entretenimiento, producción, seguridad, servicios, operadores turísticos y economía creativa.
¿Cuánto podría mover una IndyCar?
Todavía no existe un estudio oficial de impacto económico para una eventual competencia de IndyCar en Barranquilla.
Por eso cualquier cifra debe presentarse como proyección y no como resultado asegurado.
A partir de las experiencias internacionales y de los patrones de consumo observados en Barranquilla, pueden construirse tres escenarios preliminares.
ESCENARIO CONSERVADOR
60.000 asistentes únicos
Impacto económico agregado aproximado:
$115.000 a $120.000 millones
ESCENARIO CENTRAL
90.000 asistentes únicos
Con alrededor de 40.000 visitantes provenientes de otras ciudades y países:
$250.000 a $280.000 millones
de impacto económico potencial.
ESCENARIO DE CONSOLIDACIÓN
Si después de varias ediciones Barranquilla logra posicionar el evento internacionalmente y alcanzar entre 130.000 y 150.000 asistentes:
más de $500.000 millones
de impacto económico agregado podría convertirse en un horizonte posible.
Estas cifras son estimaciones propias y deberán ser reemplazadas o contrastadas cuando exista un estudio formal sobre la carrera de Barranquilla.
Pero ofrecen una primera dimensión del negocio.
El dinero no se queda dentro del circuito
Una de las mayores virtudes económicas de una competencia urbana es la amplitud de su cadena de gasto.
El visitante necesita:
hotel,
restaurante,
transporte,
entretenimiento,
compras,
servicios turísticos
y, eventualmente, otros destinos.
A eso se suman centenares de personas vinculadas directamente con equipos, organización, televisión, patrocinadores, producción, seguridad y operación.
Por eso la verdadera pista económica de IndyCar no mediría solamente unos kilómetros.
Se extendería por toda Barranquilla.
La gran oportunidad puede llamarse Caribe
Barranquilla tiene además una posibilidad que Long Beach o Detroit no poseen de la misma manera.
Puede utilizar la carrera como puerta de entrada a una región turística completa.
El visitante internacional no tendría por qué comprar únicamente una entrada para tres días de automovilismo.
Podría comprar:
IndyCar + Barranquilla + Cartagena + Santa Marta + playas + gastronomía + cultura.
Transformar una estadía de tres noches en una de cinco o siete multiplica considerablemente el gasto turístico.
Ahí aparece un concepto estratégico:
GRAND PRIX DEL CARIBE
Barranquilla, Colombia
No vender solamente una carrera.
Vender un destino.
También existe un enorme mercado latinoamericano
Una competencia en Barranquilla tendría capacidad para atraer aficionados de Colombia, México, Brasil, Argentina, Chile, Perú, Ecuador, Panamá, Centroamérica, el Caribe y el enorme mercado latino de Estados Unidos.
Colombia posee adicionalmente un vínculo histórico con IndyCar gracias a Juan Pablo Montoya, ganador de dos ediciones de las 500 Millas de Indianápolis y una de las figuras latinoamericanas más importantes del automovilismo internacional.
Una carrera colombiana tendría, por tanto, una narrativa deportiva propia.
Y 2028 tendrá otro ingrediente
IndyCar estrenará precisamente en 2028 una nueva generación de automóvil.
La categoría presentó en julio de 2026 el IR-28, un nuevo chasis desarrollado junto con Dallara, más liviano y concebido para aumentar el rendimiento, facilitar los adelantamientos y mejorar la seguridad.
El automóvil debutará al comenzar la temporada 2028.
Si Barranquilla termina integrada al calendario de ese año, recibiría a IndyCar justamente en el inicio de una nueva era tecnológica de la categoría.
La pregunta que todavía falta responder
Sin embargo, ninguna valoración económica sería completa sin conocer una cifra:
¿cuánto costará traer IndyCar a Barranquilla?
Una competencia urbana exige importantes inversiones en:
adecuación de vías;
barreras de seguridad;
graderías;
pits;
paddock;
puentes;
telecomunicaciones;
operación;
seguridad;
servicios médicos;
movilidad;
producción
y promoción.
También deberán conocerse las obligaciones comerciales que asuman los organizadores locales frente a IndyCar.
Ahí estará la verdadera evaluación.
Porque impacto económico no significa automáticamente rentabilidad fiscal.
Que hoteles, restaurantes, transportadores y comercios reciban cientos de miles de millones de pesos beneficia a la economía de la ciudad, pero no significa que todo ese dinero ingrese al presupuesto distrital.
La cuenta responsable deberá enfrentar:
inversión pública
contra
turismo + impuestos + empleo + inversión privada + infraestructura permanente + exposición internacional.
La empresa privada debe correr también
Para que el modelo resulte sostenible, una parte importante del negocio debería financiarse mediante:
patrocinios;
naming rights;
boletería;
palcos;
hospitality;
activaciones comerciales;
merchandising;
conciertos;
ferias;
gastronomía
y alianzas empresariales.
Los recursos públicos deberían privilegiar aquellas inversiones que continúen sirviendo a Barranquilla después de que desaparezcan las graderías.
Una adecuación vial que permanece es legado.
Una mejora urbana que permanece es legado.
Nueva infraestructura turística es legado.
Lo demás debe analizarse como costo de operación.
Más que un domingo de carreras
Barranquilla cometería un error si concibiera IndyCar únicamente como prácticas el viernes, clasificación el sábado y carrera el domingo.
El verdadero negocio estaría en construir una Semana IndyCar.
Tecnología.
Automóviles.
Innovación.
Universidades.
Exposiciones.
Simuladores.
Conciertos.
Gastronomía.
Actividades familiares.
Encuentros empresariales.
Eventos de patrocinadores.
Experiencias turísticas.
Cada actividad adicional constituye una nueva oportunidad de gasto.
Y cada noche adicional del visitante deja dinero en la ciudad.
La carrera que continúa después de la meta
Barranquilla ha utilizado durante las últimas dos décadas los grandes proyectos urbanos y los eventos para modificar progresivamente su imagen nacional e internacional.
IndyCar puede convertirse en otro capítulo de esa transformación.
No porque automóviles capaces de alcanzar enormes velocidades recorran sus calles.
Sino porque durante varios días una parte del mundo puede volver sus ojos hacia Barranquilla.
La oportunidad existe.
También los riesgos.
Por eso el éxito no deberá medirse solamente por la cantidad de espectadores que ocupen las graderías en abril de 2028.
Deberá medirse por los turistas que llegaron, los hoteles que se ocuparon, los negocios que vendieron, los empleos generados, las inversiones atraídas, la exposición internacional obtenida y las obras que quedaron.
Y, sobre todo, por la relación entre todo ese beneficio y el dinero público comprometido.
Porque algunas carreras terminan cuando cae la bandera a cuadros.
Las verdaderamente importantes siguen produciendo resultados después de que los motores se apagan.
Informe elaborado con asistencia de Inteligencia Artificial, bajo la supervisión de un periodista.
