Desempleo en Barranquilla llega al 10,2 % y la informalidad al 50,8 %

Barranquilla y su área metropolitana registraron una tasa de desempleo del 10,2 % entre julio y septiembre, mientras que la informalidad alcanza al 50,8 % de los ocupados (Ver aquí informe del Dane).
¿Qué impide que el dinamismo económico de la región se traduzca en empleo formal y de calidad?

Sebastián González, abogado líder de Derecho Laboral y Seguridad Social de Scola Abogados, analiza los desafíos del mercado laboral de Barranquilla y Soledad y plantea tres oportunidades para impulsar la generación de empleo:
convertir a la ciudad en un hub de servicios aeronáuticos, fortalecer su plataforma logística y portuaria y desarrollar una industria de servicios tecnológicos para mercados internacionales.
1. ¿Qué explica que el desempleo de Barranquilla y su área metropolitana se ubique en el 10,2 % y qué particularidades presentan Barranquilla y Soledad?
El 10,2 % registrado entre julio y septiembre nos deja 1,7 puntos por encima del promedio nacional y por encima de Santa Marta y Valledupar.
Pero sería un error leer esa cifra como prueba de que en Barranquilla faltan oportunidades. Barranquilla es una zona sumamente fértil: tenemos puerto, río, aeropuerto, una posición privilegiada en el Caribe y una ciudad que en los últimos años ha atraído inversión. El problema de fondo es que buena parte de esa actividad todavía no se convierte en empleo formal para los habitantes del área metropolitana.
Barranquilla y Soledad funcionan como un solo mercado laboral, pero con realidades distintas. Una gran parte de quienes viven en Soledad trabajan o buscan trabajo en Barranquilla, con trayectos largos y costosos.
En la práctica, Soledad aporta mano de obra, pero concentra menos empresas que la contraten. Además, el área metropolitana tiene sectores muy dinámicos, como el portuario, el logístico y el comercial, que conviven con un enorme tejido de actividades de subsistencia. Ahí está el verdadero reto: alinear la vocación económica de la ciudad con el empleo de calidad.
2. Con el 50,8 % de los ocupados en la informalidad, ¿qué consecuencias tiene esta situación para los ingresos de los hogares y la productividad empresarial?
Que más de la mitad de los ocupados sea informal significa que más de la mitad de los trabajadores no tiene un ingreso estable, no cotiza para pensión y no tiene la protección de la seguridad social.
Para los hogares, eso implica vivir al día, sin capacidad de ahorro ni de acceso al crédito y con mucha vulnerabilidad ante cualquier enfermedad o crisis.
Sin embargo, hay que decir algo con honestidad: la informalidad no siempre es solo producto de la falta de oportunidades.
Para muchas personas, salir a buscar el sustento por su cuenta puede resultar más rentable que trabajar la jornada completa por un salario mínimo.
Existen incentivos que hoy le hacen más atractiva la informalidad a muchas personas. Lo vemos en dinámicas muy conocidas de los puertos, en el trabajo por jornales y en la intermediación informal de mano de obra.
Para las empresas, el costo también es alto. Un negocio informal difícilmente accede a financiación, no puede venderle al Estado ni a grandes compradores, invierte poco en su gente y se queda pequeño.
Así se forma un círculo de baja productividad y bajos salarios. La pregunta no es solo cómo crear más oportunidades, sino en qué industrias se concentra hoy la informalidad y qué soluciones específicas necesita cada una.
3. ¿Qué condiciones hacen falta para que la inversión y la actividad industrial, comercial y logística se traduzcan en más empleos formales para los habitantes de ambos municipios?
Propongo tres ejes en los que Barranquilla puede competir a nivel internacional y generar empleo formal de calidad.
Primero, un hub de servicios aeronáuticos. Barranquilla conecta a Norteamérica, Suramérica y el Caribe. Con una alianza entre el Gobierno nacional, el Sena y el sector privado, podríamos desarrollar una industria de mantenimiento y reparación de aeronaves, ajuste de motores, reacondicionamiento y conversión de aviones de pasajeros a carga.
Son servicios muy especializados que hoy se prestan en mercados donde la mano de obra es mucho más costosa, como Estados Unidos.
Colombia puede ofrecer talento calificado a costos competitivos, con empleos formales, técnicos y bien remunerados, y con una cadena de proveedores locales alrededor.
La idea ya tiene bases concretas: la Alcaldía trabaja con la firma inversora Seabury Capital Management y con SGI Aviation en un centro de mantenimiento aeronáutico (MRO) para el aeropuerto Ernesto Cortissoz, con respaldo del Ministerio de Transporte, y el alcalde ha mencionado una iniciativa privada cercana a $1,2 billones.
Además, desde Colombia se llega en menos de cinco horas de vuelo a casi todas las capitales de la región.
Segundo, aprovechar la plataforma portuaria y fluvial. El puerto de Barranquilla y el río Magdalena, que conecta con el interior del país hasta La Dorada, Caldas, son una ventaja geográfica que pocas ciudades tienen.
En 2024 la zona portuaria de Barranquilla movilizó más de 13,4 millones de toneladas, un récord histórico, pero en 2025 bajó a 12,75 millones, una caída cercana al 5 % que Asoportuaria atribuye a la crisis del coque y a sobrecostos logísticos.
Esa ventaja exige resolver condiciones pendientes, como la navegabilidad del río y la profundidad del canal de acceso, y articular el transporte fluvial, terrestre y aéreo. Una plataforma logística multimodal genera empleo formal en operación, mantenimiento, administración y servicios.
Tercero, exportar servicios tecnológicos. Siguiendo el ejemplo de modelos como el de la India, Barranquilla puede consolidarse como un centro de servicios tecnológicos para el mundo: desarrollo de software, programación, soporte, mantenimiento de sistemas, asesoría en inteligencia artificial y acompañamiento tecnológico.
Son servicios intangibles, que no requieren mover mercancías y que generan un altísimo valor. La Alcaldía ya va en esa dirección. Con la academia Riwi ofrece becas condonables en desarrollo de software para jóvenes de 18 a 28 años, y con el programa +Educación +Innovación forma a estudiantes de colegios públicos en programación, inteligencia artificial y análisis de datos; según el Distrito, unos 13.000 jóvenes se han capacitado en estas áreas.
A eso se suma la Política Pública Barranquilla Bilingüe 2023-2030, la primera de su tipo en el país, con más de $80.000 millones de inversión y el acompañamiento del British Council, que ha beneficiado a unos 155.000 estudiantes y más de 4.000 docentes. Ese bilingüismo es la ventaja que nos permite venderle servicios al mundo.
Estos tres ejes tienen algo en común: crean empleos con una remuneración muy superior a la que ofrece el trabajo no calificado. Cuando el empleo formal paga bien, deja de competir en desventaja con la informalidad. La mejor política de formalización es hacer que trabajar formalmente valga la pena.
4. ¿Qué barreras de formación, experiencia o movilidad dificultan conectar a quienes buscan trabajo con las vacantes disponibles y cómo podrían resolverse?
La primera barrera es la desconexión entre lo que se enseña y lo que piden las empresas. Muchas personas se forman en áreas saturadas mientras los sectores con más futuro no encuentran técnicos especializados.
La solución es que el Sena, las universidades y las empresas diseñen juntos los programas, con formación dual que combine aula y práctica real. Ese es, de hecho, el espíritu original del Sena.
La segunda barrera es la experiencia. A los jóvenes se les exige experiencia para su primer empleo, y así nunca la consiguen.
Las prácticas remuneradas, los contratos de aprendizaje y los programas de primer empleo vinculados a sectores estratégicos como el aeronáutico, el logístico y el tecnológico pueden romper ese círculo.
La tercera barrera es la movilidad. Para un habitante de Soledad, llegar a una zona industrial o portuaria de Barranquilla puede significar horas de trayecto y un gasto importante de su salario.
Mejorar el transporte metropolitano y acercar las zonas de empleo a donde vive la gente también es política de empleo. En el caso de los servicios tecnológicos, el trabajo remoto o híbrido reduce esta barrera de manera importante.
5. ¿Qué medidas podrían adoptar las pequeñas empresas para formalizar sus empleos y qué acompañamiento necesitan de las autoridades para sostener esa contratación?
Para un emprendedor que contrata a su primer trabajador, o para una persona natural que quiere afiliarse por su cuenta, el proceso puede ser muy complejo.
Hay que entender qué tipo de afiliación corresponde, a qué entidades acudir y qué trámites cumplir, y muchas veces el ordenamiento jurídico colombiano lo hace más dispendioso de lo necesario. Esa complejidad termina empujando a muchos a quedarse en la informalidad.
La tecnología puede cambiar esto. Desde el liderazgo de la Operación Caribe de Scola Abogados hemos encontrado que las herramientas digitales le abren al empresario y al emprendedor un camino más fácil hacia la formalidad.
Es el caso de Scudo, la aplicación que venimos desarrollando, que a partir del número de identificación permite al emprendedor, al empresario o a la persona natural identificarse, conocer qué tipo de afiliación le corresponde y completar los vínculos de afiliación de forma rápida.
Este tipo de soluciones reducen los trámites y el costo de cumplir la ley. Las soluciones para la informalidad tienen que ser fáciles: si formalizarse es más complicado que seguir en la informalidad, la gente seguirá eligiendo la informalidad. Esa es justamente la lógica con la que construimos Scudo.
De las autoridades, las pequeñas empresas necesitan un acompañamiento concreto: incentivos graduales para formalizarse, de manera que el costo no llegue de golpe; ventanillas únicas y trámites digitales; asesoría jurídica y contable accesible; y acceso a compras públicas y a cadenas de proveedores de las grandes empresas para quienes se formalicen. Formalizarse tiene que ser fácil, y además tiene que ser rentable.
