¡Sin carbón no hay paraíso!


Amylkar D. Acosta Medina
Economista, Ex ministro de Minas y Energía, ex Presidente del Congreso de Colombia, docente e investigador.
Por Amylkar David Acosta Medina [1]

Hay que partir de la premisa de que en medio de la Transición energética el mundo no sólo no está dejando de consumir carbón sino que la demanda por el mismo es creciente y venimos, según la Agencia Internacional de Energía (AIE), de récord en récord: desde los 7.888 millones de toneladas en 2021 hasta los 8.845 toneladas en 2025.
Y, según el reputado economista John Maynar Keynes, toda demanda crea su propia oferta, de modo que si no es Colombia quien lo extrae y exporta lo harán sus competidores.
La crecente demanda por carbón se explica en gran medida porque aunque la Transición energética propende por la electrificación de la economía en procura de su descarbonización no todos los procesos industriales son susceptibles de electrificar, como por ejemplo la fabricación de cemento o acero, ni será suficiente contar sólo con la generación de energía a partir de fuentes no convencionales de energías renovables (FNCER).
Es más, sin la disponibilidad de la capacidad instalada de generación térmica a carbón en Colombia (10% de la matriz eléctrica) hoy estaríamos en racionamiento del suministro del fluido eléctrico.

El ejemplo lo tenemos a la vista: desde el cierre de las dos minas que operaba PRODECO en el Departamento del Cesar se han dejado de producir y exportar 15 millones de toneladas/año y como queda visto no por ello las han dejado de consumir en el resto del mundo. Definitivamente, antes de la reducción de la oferta deberá darse la de la demanda y no al revés, que es lo que ha venido sucediendo en Colombia, en donde merced a las políticas del anterior gobierno se desalentó y desincentivó la actividad extractiva, menguando sus exportaciones y su participación en el PIB, pasando del 4% al 3.5%!


En segundo lugar, en los últimos años se ha venido replanteando el concepto de la Transición energética y ya no se concibe como el reemplazo o la sustitución de las energías no renovables por las renovables sino como complemento, debido a que merced a la Inteligencia artificial (IA) y a la proliferación de los data centers en el mundo, se disparó el consumo de energía y por ello la demanda crece exponencialmente. Según Goldman Sachs Group, una de las empresas de banca de inversión y servicios financieros más grandes e influyentes en el mundo, la demanda mundial de energía de los data centers subirá un 165% para 2030. Y en esas circunstancias las energías renovables se tornan insuficientes, razón por la cual se requerirán todas las fuentes de energías, renovables y no renovables.
En tercer lugar, debido a la crisis del multilateralismo, a la reconfiguración de la geopolítica a nivel global, a la fragmentación de la globalización, a la “ruptura del orden global”, de la cual habló en la Cumbre de Davos el Primer Ministro canadiense Mark Carney en su muy elogiado discurso, el mundo está valorando y ponderando más la seguridad que la Transición energética, tendencia esta que se ha exacerbado recientemente con el conflicto en el Medio Oriente y el virtual cierre del estrecho de Ormuz.
A guisa de ejemplo, aterrizando en La Guajira, mi respuesta a la pregunta es franca y categórica: en el corto plazo, La Guajira difícilmente podría prescindir del Cerrejón sin sufrir un severo choque económico, laboral y fiscal. En el mediano plazo sí podría reducir esa dependencia, pero únicamente mediante una transición planificada, gradual y financiada. No hay que perder de vista que no se puede llegar a la tarde sin pasar por el mediodía, que no es sensato derruir el puente antes de pasar por él. Hoy no existe una actividad capaz de sustituirlo de manera inmediata.
El Cerrejón no es solamente una mina. Es el centro de una cadena de valor, una extensa red de trabajadores, contratistas, proveedores, transportadores, comerciantes y servicios locales. Según su informe de 2025, tuvo una nómina de 12.434 empleos directos y contratistas, más del 61% ocupados por guajiros; pagó $673.000 millones en regalías, $79.000 millones en impuestos territoriales y realizó $350.000 millones en compras y contratos locales. Además, la minería continúa siendo una de las actividades dominantes del PIB departamental, superando el 50%.
Un cierre abrupto, sin vísperas, produciría una reacción en cadena: pérdida de empleos formales y relativamente bien remunerados, contracción del comercio, caída de los ingresos de los municipios, menor inversión pública y deterioro de las condiciones sociales. Sus efectos serían especialmente graves en los municipios de Albania, Barrancas, Hatonuevo, Uribia y Maicao.
Esa película ya la vimos, se escenificó y se rodó en el Departamento del Cesar. En efecto, en el 2021 la empresa PRODECO, debido al desplome de los precios internacionales del carbón, hasta los US$50 la tonelada, restándole competitividad a su operación, procedió a la devolución de los títulos de las minas de Calenturitas y la Jagua en el Departamento del Cesar. Pero, a poco andar, en septiembre de 2022, su cotización había escalado hasta superar los US $400 la tonelada. Actualmente su precio se estabilizado alrededor de los US$ la tonelada. Pese a ello, el gobierno del Presidente Gustavo Petro, por su obcecado empeño de acabar con el “extractivismo”, se negó a reactivarlas y las consecuencias están a la vista.
Las dos minas siguen cerradas, dejándose de extraer y exportar 15 millones de toneladas/año, con un impacto económico, fiscal y social enorme. Se están dejando de extraer y exportar 15 millones de toneladas, lo cual significa renunciar a ingresos de US$1.380 en divisas anualmente, afectando de paso la deficitaria Balanza comercial del país, entre regalías a la región, recaudo de impuestos por parte de la Nación, compras y contratos, se están dejando de percibir $500.000 millones. Y de contera se están sacrificando 1.200 empleos formales directos más 6.200 empleos indirectos.
Entre tanto, la tímida respuesta por parte del gobierno a esta debacle, al tratar de “compensarla”, se ha limitado a crear el llamado con el nombre rimbombante de Distrito especial del Corredor de la vida”, al amparo de lo dispuesto en la Ley del Plan Nacional de Desarrollo (Ley 2294 de 2023) y el inane Decreto 977 de 2024, pero que en la práctica no es más que el corredor de la ruina de toda esta desolada región. Razón tuvo el actual gobierno, presidido por Abelardo de la Espriella, para derogarlo, pues esta falacia no pasa de ser un espejismo!
Entre tanto, las energías renovables, pese a su enorme potencial siguen sin despegar y ellas además no van a reemplazar automáticamente al carbón: generan bastante empleo durante la construcción, pero mucho menos durante su operación y de contera no generan regalías ni encadenamientos locales equivalentes.
En el mediano plazo, La Guajira sí puede construir una economía menos dependiente del Cerrejón, apoyada en un portafolio de proyectos y no en una sola actividad: energías eólica y solar con participación accionaria de las comunidades, gas natural, turismo étnico – cultural y ecológico, amén del avistamiento de aves; logística portuaria; producción de hidrógeno y derivados; pesca, acuicultura, economía caprina, la agroindustria de la palma, el banano y el café orgánicos, así como el fortalecimiento del comercio fronterizo. Parte de la infraestructura ferroviaria, portuaria, energética y logística del Cerrejón podría reconvertirse para esos nuevos usos, empezando, anticipadamente, por los dos aeropuertos de la Mina y Puerto Bolívar, con los cuales se puede dar un gran impulso al turismo.
En síntesis, La Guajira puede sobrevivir después del Cerrejón, pero no está preparada todavía para vivir sin él. La salida responsable no consiste en apagar anticipadamente su principal motor económico, marchitando prematuramente la actividad extractiva, sino en aprovechar los años restantes, sus regalías y su infraestructura para financiar la diversificación productiva, reconvertir laboralmente a sus trabajadores y garantizar que las comunidades sean socias —no simples espectadoras— de las nuevas actividades. El verdadero dilema no es carbón o transición: es transición planificada o colapso económico y social.
Cota, octubre 24 de 2026
[1] Miembro de Número de la ACCE y ex ministro de Minas y Energía
