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Cultura

El pasado prehispánico del Caribe se redescubre con las plazas monumentales de los Betoma

AutorRedacción LGN
23 de octubre de 2026 · 6:20 a. m.|5 min de lectura
Plazas monumentales

En la vertiente occidental de la Sierra Nevada, el profesor Daniel Rodríguez Osorio y un grupo de campesinos han documentado 27 plazas monumentales prehispánicas en Betoma, una red de poblados indígenas que plantea nuevas hipótesis sobre su organización territorial.

Hasta hace unos siete años, Elver Enrique Osorio veía piedras entre los arbustos, los linderos de las fincas y en las lomas de la vereda Nueva Unión, de la Sierra Nevada, como material de nadie en el monte.

Ahora las señala con el dedo entre la maleza y habla de ellas como quien presenta a un pariente que acaba de conocer.

“Con este proyecto ya no vemos simples rocas. Ahora vemos su importancia, uno ve esto y se emociona”, dice el campesino de tez trigueña, marcada por el sol, mientras detalla una roca lisa. 

Lo que sabe de terrazas de piedra lo aprendió con las manos metidas en la tierra.

“A uno siempre lo hace la experiencia. He participado en las excavaciones y he identificado cómo están estructuradas las terrazas”, expresa al dejar caer la roca al matorral. Lo que Enrique ve, y que durante siglos nadie en estas laderas supo leer, son los restos de una extensa conurbación indígena.

Las nuevas hipótesis

Desde 2019, el *arqueólogo Daniel Rodríguez Osorio, doctor en Antropología de la Universidad de Texas en San Antonio y docente del Departamento de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad de Norte* , documenta, *con el apoyo de campesinos locales, en la vertiente occidental de la Sierra Nevada* uno de los hallazgos arqueológicos más importantes del siglo XXI en Colombia: las terrazas de piedra de Betoma.

Una red de poblados indígenas que se extiende, hasta el momento, sobre más de 18 kilómetros cuadrados y resguarda fragmentos del pasado prehispánico del Caribe colombiano.

Su trabajo arqueológico comenzó con recorridos en la cuenca alta de la quebrada La Aguja, donde identificó 1.272 terrazas, además de 678 ubicadas en la cuenca alta del río Frío.

Desde 2024, con el uso de tecnología LiDAR (Light Detection and Ranging, por su sigla en inglés), sensor que mapea en 3D estructuras bajo el manto vegetal de la tierra, documentó más de 8.334 terrazas de piedra, con estructuras que datan del periodo Neguanje (200-1000 d.C.) y del periodo Tairona (1000-1500 d.C.).

De esta manera, el estudio plantea nuevas hipótesis sobre la organización territorial indígena de la Sierra Nevada, ya que, a diferencia de los modelos tradicionales, propone una mirada más descentralizada del poblamiento prehispánico. 

“Estas plazas eran los espacios donde había actividad social de los indígenas, y al encontrar tantas surgió la necesidad de entender mejor sus patrones de distribución”, explica el académico mientras se alista para ir al punto de excavación, a unos 600 metros de la finca donde se hospeda. Treinta minutos a pie por senderos de monte, árboles y arena.

*El significado de la plaza monumental*

Una gran plaza oculta aparece al final del camino. Alrededor hay cedros, cerezos, árboles de mango y palmas amargas.

Arriba, un dron registra cada movimiento; abajo, una cámara hace lo mismo a ras de tierra. Un grupo de campesinos excava la estructura de piedra, mientras estudiantes separan y clasifican rocas. 

“Aquí estamos llegando a una terraza monumental”, anuncia Rodríguez extendiendo sus brazos para delimitar la gran área. “Nuestra hipótesis, por los espacios, es que eran plazas de los asentamientos. Esta tiene 700 metros cuadrados de área”.

Luego va señalando los bordes, uno por uno. Alrededor, escondidas bajo la vegetación, hay terrazas más pequeñas dispuestas en torno a la monumental. 

El uso del sensor LiDAR, proporcionado por el doctor Steve Kosiba y la Universidad de Texas en San Antonio, la Wenner Gren Foundation y Common Good Labs, permitió identificar este tipo de terrazas.

En la cuenca alta de la quebrada La Aguja, el equipo ha documentado 27 y todas comparten su gran tamaño, una alta inversión en elaboración arquitectónica, la cantidad de accesos y la manera en que el resto del asentamiento se integra a ellas. 

En el piso de la excavación, el equipo empieza ahora a desempolvar una estructura.

Una vida durante siglos

“En esta terraza en la que estamos parados probablemente hay una estructura sepultada, sería fundacional no solo de la plaza, sino del sitio”, manifiesta el profesor.

Por eso, más que la técnica, lo que más le intriga a Rodríguez es el gesto. Son terrazas enterradas donde vivió la gente durante siglos y que se volvieron tan importantes que, en lugar de destruirlas y utilizarlas como material de cimentación para la nueva terraza, decidieron sepultarlas. 

“Sepultar acá tiene un significado importante: tú estás enterrando la historia, pero estás viviendo encima de esa historia. Para las comunidades de la Sierra Nevada el pasado no está detrás, sino que está en la Sierra. Es un pasado que vive, que habita el paisaje”. 

Enrique, quien se vinculó desde el inicio al proyecto arqueológico, cuenta que en la vereda Nueva Unión viven unas 70 familias, todas dedicadas a la agricultura.

Sin embargo, cuando el clima mella es cuestión de supervivencia. Los campesinos han sido sostenibles, agrega, hasta el tiempo en que la naturaleza también lo era.

“Por eso, para mí, este proyecto llegó en el momento exacto”, afirma el líder comunitario.

Hace más de cuatro siglos, estas laderas tuvieron gente suficiente para llenar, al menos, 27 plazas monumentales. Hoy, para que un niño de Nueva Unión llegue a clase, tiene que desplazarse dos horas.

El pasado prehispánico del Caribe se redescubre con las plazas monumentales de los Betoma

El pasado ahora se ve

Entre esas dos imágenes se abre una distancia que se mide en el tiempo y en las condiciones de vida de quienes habitan hoy la Sierra. Una civilización capaz de levantar una urbe en estas montañas y unas comunidades campesinas que todavía dependen de ellas para subsistir.

En el fondo de la excavación, la estructura que se empieza a desempolvar todavía no tiene nombre ni fecha. Puede ser una terraza fundacional.

Si lo es, alguien, hace siglos, decidió no destruirla. La cubrió de tierra y siguió viviendo encima.

En la vereda Nueva Unión el pasado tampoco está detrás.

Está debajo, a uno o dos metros, sosteniendo las terrazas.

Y a veces asoma entre los arbustos, donde Enrique Osorio ahora ve una plaza.

Por: José Luis Rodríguez R.del Grupo de Prensa de Uninorte

Etiquetas:Cultura Caribe
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