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Cultura

Ramiro Díaz: cuando el color aprende a hablar de la memoria

AutorJorge Medina Rendón
21 de agosto de 2026 · 12:51 a. m.|5 min de lectura|
El arte como compañía

El periodista, poeta y artista plástico presenta Otoño – Primavera, una serie en la que la materia, el color y la luz se convierten en metáforas de los ciclos de la existencia

Redacción La Gran Noticia

Ramiro Díaz Romero ha pasado buena parte de su vida contando historias. Primero lo hizo desde las palabras, en el ejercicio del periodismo; después desde la poesía y la gestión cultural, y también desde una dimensión que parece reunirlas a todas: la pintura.

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Ramiro Díaz: cuando el color aprende a hablar de la memoria

Ahora, su obra plástica vuelve a situarlo frente al público con Otoño – Primavera, una serie concebida no como representación convencional de las estaciones, sino como una reflexión pictórica sobre aquello que termina, aquello que permanece y aquello que inevitablemente vuelve a comenzar.

En estas piezas, otoño y primavera dejan de pertenecer al calendario. Son estados interiores.

Hay despedida y nacimiento. Pérdida y germinación. Memoria y esperanza.

En una de las obras centrales de la serie, un núcleo dorado, de marcada textura y presencia casi ritual, parece concentrar la energía de toda la composición. A su alrededor, azules, rosas, naranjas y transparencias cromáticas se desplazan como recuerdos que todavía conservan algo de aquello que fueron.

La pintura propone entonces un tránsito.

La materia se hace emoción.

Y el tiempo, en lugar de avanzar linealmente, parece superponerse en capas.

El dorado, aplicado con relieve y contundencia, funciona como símbolo de aquello que resiste. De lo esencial. De esa porción de la vida que permanece incluso después de las pérdidas. Las veladuras que lo circundan, en cambio, poseen la fragilidad de lo transitorio: recuerdos, instantes, afectos y experiencias que parecen escaparse, pero que dejan siempre alguna huella.

Es precisamente allí donde Otoño – Primavera adquiere su mayor dimensión poética.

Porque Ramiro Díaz no pinta únicamente un paisaje abstracto: pinta una idea del tiempo.

Cada capa parece desaparecer para permitir la aparición de otra. Cada color contiene algo del anterior. Cada transformación anuncia una posibilidad.

La obra sugiere así que ninguna despedida es completamente definitiva y que, incluso dentro de aquello que desaparece, puede permanecer la semilla de un nuevo comienzo.

Ramiro Díaz: cuando el color aprende a hablar de la memoria

Una vida entre palabras, arte y cultura

La pintura de Ramiro Díaz no puede separarse fácilmente de sus otros lenguajes.

Su trayectoria reúne cinco décadas de ejercicio periodístico, con experiencia en revistas, radio y periódicos como Diario del Caribe, El Nacional y El Heraldo. También ha dirigido espacios de comunicación como 30 Minutos con Ramiro Díaz y Magazine de la Noche.

A esa experiencia se suma una extensa labor como gestor cultural.

Es fundador, presidente y representante legal de la Fundación Talento Humano, organización dedicada durante cerca de dos décadas a promover exposiciones, procesos curatoriales, publicaciones de arte y encuentros culturales, con presencia en distintos escenarios de Colombia y del exterior.

Ramiro Díaz: cuando el color aprende a hablar de la memoria

Su trabajo cultural ha llegado a espacios del Senado de la República, galerías y centros culturales de Barranquilla, Medellín, Bogotá y Cali, además de escenarios internacionales en Estados Unidos y Panamá. En 2024 lideró igualmente participación colombiana en el Festival Internacional de Arte de Qatar.

Pero existe otra dimensión indispensable para comprender su pintura: la poesía.

Díaz es autor de El Caribe Une las Orillas, obra que reúne poemas románticos y textos críticos dedicados a artistas plásticos.

Esa condición de poeta resulta especialmente visible en Otoño – Primavera.

Aquí los colores no cumplen simplemente una función estética. Parecen palabras.

El dorado habla.

Los azules recuerdan.

Los rosas contienen cierta intimidad.

Los naranjas irrumpen con la temperatura de aquello que todavía está vivo.

Y las transparencias permiten que un tiempo dialogue con otro.

Pintar lo que permanece

Existe en esta serie una pregunta silenciosa: ¿qué queda de nosotros después de cada transformación?

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Ramiro Díaz parece responder desde la pintura.

Queda la memoria.

Queda aquello que aprendimos.

Queda la belleza transformada.

Por eso, el centro dorado de la obra puede leerse también como una suerte de corazón simbólico. Un germen. Una reserva de luz que permanece mientras alrededor todo cambia.

En esa tensión entre lo sólido y lo vaporoso, entre la materia que se afirma y el color que parece desvanecerse, surge una reflexión sobre la condición humana.

Vivimos atravesando estaciones.

Algunas llegan como otoño: desprenden, vacían, obligan a despedirse.

Otras aparecen como primavera: germinan, restituyen, vuelven a encender aquello que creíamos perdido.

Pero ninguna existe completamente separada de la otra.

La primavera lleva consigo la memoria del otoño.

Y todo otoño guarda, secretamente, alguna promesa de renacimiento.

Un lienzo que también se respira

La propuesta de Ramiro Díaz invita a una contemplación lenta.

No es una pintura destinada únicamente a ser observada desde la distancia.

Su textura pide cercanía.

Sus veladuras exigen detenerse.

Sus contrastes cromáticos parecen cambiar mientras el espectador permanece frente a ellos.

De allí que Otoño – Primavera pueda entenderse también como una experiencia sensorial: un lienzo que se contempla con los ojos, pero también con la memoria, con la piel y con la respiración.

Después de décadas dedicado al periodismo, la poesía, la promoción cultural y las artes plásticas, Ramiro Díaz vuelve a encontrarse con una de las preguntas esenciales de todo creador: cómo transformar la experiencia humana en lenguaje.

Esta vez responde con materia, transparencias y luz.

Y quizá esa sea la idea que permanece después de contemplar su obra:

que todo cambia, pero no todo desaparece;

que algunas despedidas preparan silenciosamente otros comienzos;

y que, igual que las estaciones, la belleza siempre encuentra una manera de regresar.

Serie: Otoño – Primavera
Artista: Ramiro Díaz Romero
Técnica: Mixta sobre lienzo

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Etiquetas:Cultura Caribe
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