Stefan Zweig y la vigencia de una advertencia contra el fanatismo

El exilio, el ascenso del nazismo y la pérdida del mundo cultural que conocía marcaron la vida de Stefan Zweig. En Cátedra Europa, Alejandro Gaviria y Alexandra Vives analizaron cómo esas experiencias siguen dialogando con el presente.
¿Qué hace un intelectual cuando los valores que considera fundamentales comienzan a desaparecer del mundo en el que habita?
En el conversatorio, Stefan Zweig: El mundo de ayer, ¿y el de hoy?, el escritor Alejandro Gaviria junto a Alexandra Vives, directora de Editorial Uninorte, profundizó en la historia, obra y carácter del autor vienés para contrastarlo con las incertidumbres de nuestra propia época en la 29° Cátedra Europa de la Universidad del Norte.
Stefan Zweig nació en la capital austríaca en 1881, era judío, pacifista debido a sus vivencias en la Primera Guerra Mundial y se convirtió en uno de los autores más leídos del siglo XX.
En 1934 se exilió de su país por el ascenso de la Alemania nazi. Huyó a Londres y a Nueva York hasta que se asentó en Brasil, donde, al observar la destrucción de la Europa que conocía y la desolación del Holocausto, cayó en depresión y se suicidó en 1942 junto a su esposa.
En el Coliseo Los Fundadores, Alejandro Gaviria explicó que dio con Stefan Zweig cuando era rector de la Universidad de los Andes y descubrió la extensa correspondencia del autor con el intelectual colombiano Germán Arciniegas.
De ahí, nació el libro No espero hacer ese viaje, haciendo referencia a la última conversación que tuvo Zweig antes de suicidarse en respuesta a una invitación para visitar Bogotá. El libro reconstruye los últimos años del autor, sus relaciones con Colombia y Latinoamérica, y los peligros del nacionalismo destructivo que originó la Segunda Guerra Mundial.
La autobiografía póstuma de Stefan Zweig, El mundo de ayer, se encamina en ese sentido, ya que el autor describe en ella la vida antes, durante y después de la Primera Guerra Mundial, así como narra el emergente nazismo antes de que estallara en 1939.

«En el libro hace una radiografía casi de científico social del surgimiento del nazismo en cuatro puntos. Él dice que el primero fue la inflación, que inflamó al pueblo alemán; segundo, que las sociedades parecen no tener mecanismos de defensa para el surgimiento de regímenes autoritarios; tercero, la subestimación de lo que ocurría; y cuarto, la estrategia nazi, en la que al principio se radicalizaban y después se echaban para atrás para abrirse espacio en la política. Eso es, de alguna manera, una advertencia para estos tiempos», explicó Gaviria.
Si bien, Zweig nunca fue mordaz ni explícito en su condena contra el Tercer Reich, lo que lo llevó a recibir críticas por la prensa y la comunidad judía, de manera ambigua se posicionó contra las ideas totalitarias que le habían arrebatado su hogar y el mundo intelectual que solía habitar. A pesar de que trató los temas en obras como Castellio contra Calvino: conciencia contra violencia (1936), solo en Novela de Ajedrez (1943, terminada poco antes de su suicidio) y El mundo de ayer abordó el nazismo de forma directa.
«Yo creo que él siempre asoció el mundo con el mundo de la cultura», aseguró Gaviria, con respecto a la desdicha que supuso el exilio para Zweig. En la década de los 20 vivió el mayor esplendor de su carrera y de su vida intelectual con figuras como James Joyce, H.G Welles, Arturo Toscanini, entre muchos más, visitando la terraza de su casa ubicada en Salzburgo, continua a las montañas y también a la residencia de Adolf Hitler. Con el avance del Führer, esos encuentros entre la élite cultural se truncaron.
El carácter melancólico, pesimista y nostálgico de su obra se ve reflejado en el libro Momentos estelares de la humanidad, según Alexandra Vivas, «quizás en la sensación de ese mundo que se nos va escapando entre los dedos como la arena«. El libro, que fue escogido en esta edición de El Poder de la Lectura, recrea catorce hechos históricos con intensidad dramática y con el fin de «capturar lo inasible, la genialidad humana», en palabras de Gaviria.

El exilio y la desmoralización que causó el Holocausto lo llevaron al suicidio. Borges escribiría en alusión a su muerte que «todo suicida es un impaciente», pues el fin de la Alemania nazi estaba cerca.
Los conferencistas consideraron que la decisión también estuvo marcada por su ego de importancia y su pensamiento de «que el arte quizás es la única forma podemos trascender después de dejar este mundo para siempre».
La pregunta continúa: ¿qué hacen los intelectuales que se dan cuenta de que hay ciertos valores imprescindibles que están desapareciendo?
Para Alejandro Gaviria, si bien se siente atraído hacia «esa resignación melancólica, la idea de que nuestro mundo está sostenido por equilibrios precarios» del austríaco, considera que «tenemos la responsabilidad de involucrarnos con el mundo, de cierto activismo y formas de resistencia, así sean pequeñas y estén circunscritas a nuestros ámbitos».
Por ello, el académico concluyó que «Stefan Zweig debería ser leído en el siglo como un autor que escribió contra el fanatismo, en contra de la fe y los valores absolutos, de las opiniones estereotipadas, de las formas de vivir que habían destruido su vida. Esa es la clave que conecta un mundo de ayer con este mundo de hoy».
Por: Emily Soto Lizarazo del Grupo de Prensa de Uninorte
