Cada 23 de julio se conmemora el Día Mundial de las Ballenas y los Delfines, una efeméride creada para concienciar a la población sobre la importancia de proteger estos mamíferos marinos y los hábitats en los que viven. La fecha busca llamar la atención de gobiernos, sector privado y ciudadanía sobre las crecientes presiones que enfrentan los océanos.
Originalmente impulsado como un día contra la caza de ballenas, hoy la jornada pone el foco en una agenda más amplia de conservación marina, que incluye la protección de delfines y otras especies de cetáceos. Expertos recuerdan que estos animales desempeñan un papel clave en el equilibrio de los ecosistemas marinos y son considerados indicadores de la salud de los océanos.
Organizaciones ambientales advierten que, pese a los avances normativos de las últimas décadas, las ballenas y los delfines siguen expuestos a múltiples amenazas derivadas de la actividad humana. Entre ellas destacan la contaminación, el ruido submarino, las colisiones con embarcaciones, la pesca incidental y los efectos del cambio climático sobre sus rutas migratorias y fuentes de alimento.

“La protección de ballenas y delfines es inseparable de la protección del océano en su conjunto”, señaló hoy Diego Reina Anduze, director del proyecto 7 Maravillas Naturales de América. Según diversas organizaciones, se requieren mayores esfuerzos de cooperación internacional, áreas marinas mejor gestionadas y controles más estrictos sobre actividades industriales en el mar para reducir el impacto sobre los cetáceos.
De acuerdo con Consuelo “Chelo” Noguera, directora de la Fundación La Tortuga, la asombrosa precisión con la que las ballenas retornan cada año a los mismos lugares evidencia su memoria espacial a largo plazo, la cual combina corrientes marinas, relieve submarino, señales acústicas y mapas magnéticos.
La conmemoración de este 23 de julio servirá de marco para campañas de sensibilización, actividades educativas y llamados a reforzar la investigación científica sobre mamíferos marinos. Las ONG insisten en que la suma de políticas públicas efectivas y cambios en los hábitos de consumo puede contribuir a garantizar la supervivencia de ballenas y delfines en las próximas décadas.




