Colombia podría perder $7,8 billones cada año, un 0,5 % de su PIB, por no adaptarse al cambio climático

- El 87 % de los desastres registrados en Colombia están asociados con la variabilidad climática.
- La planeación y el diseño de la infraestructura serán claves para anticipar las condiciones climáticas que enfrentarán los proyectos durante su vida útil.
- Por cada dólar invertido en infraestructura más resiliente se pueden generar cuatro dólares en beneficios, según estimaciones del Banco Mundial.
Bogotá, octubre de 2026. Sequías, inundaciones, deslizamientos y otros eventos asociados a la variabilidad climática representan un riesgo cada vez mayor para las personas, las comunidades y la infraestructura del país.
Colombia, por su diversidad geográfica y climática, enfrenta distintos tipos de amenazas a lo largo del territorio, cerca del 87% de los desastres registrados en el país están asociados con la variabilidad climática y alrededor del 84% de la población está expuesta a algún riesgo físico o amenaza relacionada con el cambio climático.
Según estimaciones del Departamento Nacional de Planeación (DNP), Colombia podría perder más de $7,8 billones cada año por no adaptarse al cambio climático, una cifra equivalente al 0,5% del PIB del país.

De acuerdo con Patricio Zapata, Customer Success Manager Latam de Graphisoft “La infraestructura que diseñamos y construimos hoy estará en funcionamiento durante décadas, y en ese tiempo las condiciones climáticas pueden cambiar significativamente.

«Por eso, desde la planeación debemos pensar cómo una vivienda, un colegio, un hospital, una vía o un puente responderán a las condiciones particulares de su territorio, desde lluvias más intensas hasta periodos de sequía o altas temperaturas. Anticipar esos escenarios desde el diseño nos permite tomar mejores decisiones antes de llegar a la construcción”
De hecho, el Banco Mundial advierte que hacia 2050 las interrupciones de infraestructura provocadas por el clima podrían afectar a un 60% más de colombianos, una proyección que pone el foco no solo en la capacidad de las obras para resistir determinados eventos, sino también en mantener su funcionamiento y los servicios que prestan a las comunidades ante condiciones climáticas cada vez más exigentes.
Construir para un clima cambiante implica, entonces, incorporar estas condiciones desde las primeras etapas de un proyecto. No existe una única solución, las decisiones dependen del lugar, el tipo de infraestructura y los riesgos a los que estará expuesta.

En una edificación pueden involucrar aspectos como el consumo y manejo del agua, el comportamiento térmico o la ventilación; mientras que en vías, puentes y otras obras pueden incluir variables relacionadas con drenajes, características del terreno, comportamiento del agua y respuesta de los distintos sistemas que conforman el proyecto.
Para lograrlo, es necesario reunir información que tradicionalmente puede estar distribuida entre diferentes disciplinas y utilizarla para evaluar las decisiones antes de construir.
Es allí donde metodologías como Building Information Modeling (BIM) permiten que arquitectos, ingenieros y demás especialistas trabajen sobre un modelo digital coordinado que integra información del proyecto y facilita analizar alternativas desde etapas tempranas.
Esta capacidad de anticipación también puede traducirse en beneficios económicos, de acuerdo con el Banco Mundial, por cada dólar invertido en hacer más resiliente la infraestructura en países de ingresos bajos y medios se pueden generar cuatro dólares en beneficios, principalmente por la reducción de daños y de las interrupciones que pueden ocasionar los desastres.
“Con BIM podemos integrar información del entorno y de las distintas disciplinas para evaluar alternativas antes de construir.
«Esto permite diseñar infraestructura más preparada para las condiciones de cada territorio, reducir vulnerabilidades y, sobre todo, proteger a las personas y la continuidad de servicios esenciales como hospitales, vías o sistemas de agua. Al final, no se trata solo de proteger una obra, sino a las comunidades que dependen de ella”, agregó Zapata.
En Colombia, donde gran parte de la población está expuesta a amenazas relacionadas con el clima, avanzar hacia una infraestructura más resiliente supone pasar de reaccionar ante sus impactos a incorporar el riesgo desde la planeación.
La tecnología no elimina las amenazas climáticas, pero sí puede aportar información y herramientas para que las decisiones que se toman hoy permitan desarrollar proyectos mejor preparados para las condiciones que enfrentarán durante las próximas décadas.
