Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla, están entre las 20 ciudades del mundo más congestionadas

Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla y Cartagena registraron niveles de congestión superiores al 57% durante 2025.
Expertos identifican cinco cambios necesarios para modernizar la forma en que Colombia planifica, diseña y ejecuta su infraestructura vial.
Bogotá, septiembre de 2026. La congestión vial se mantiene como uno de los principales desafíos de movilidad en las grandes ciudades colombianas, de acuerdo con el TomTom Traffic Index 2025, Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla y Cartagena registraron altos niveles de congestión, y las primeras cuatro se ubicaron entre las 20 ciudades más congestionadas del mundo.
En Bogotá, los tiempos de viaje fueron en promedio 69,6% mayores frente a condiciones de tráfico fluido; en Medellín, el nivel de congestión fue de 66,9%, en Cali de 65,6%, en Barranquilla de 62,8% y en Cartagena de 57,7%.

“Estas cifras muestran que Colombia tiene un desafío de planeación vial que trasciende a una sola ciudad. El crecimiento urbano y las nuevas dinámicas de movilidad exigen dejar de pensar los proyectos únicamente desde la construcción de más infraestructura y empezar a planificarlos con mayor información, coordinación y capacidad de anticipar cómo van a funcionar antes de llegar a obra”, señaló Patricio Zapata, Customer Success Manager LATAM de Graphisoft.
Para Zapata, mejorar la movilidad también exige planificar la infraestructura vial desde su concepción, teniendo en cuenta el crecimiento urbano, las dinámicas de desplazamiento y las necesidades futuras de las ciudades.
El objetivo es desarrollar proyectos que no solo respondan a los problemas actuales, sino que tengan la capacidad de adaptarse en el tiempo y contribuir a mejorar la calidad de vida de las personas.
Bajo esta mirada, el especialista plantea cinco claves para actualizar la forma en que Colombia piensa, planifica y desarrolla su infraestructura vial:
- Integrar la información desde el inicio: trabajar sobre un modelo digital común permite coordinar diseño, ingeniería y construcción, detectar interferencias antes de llegar a obra y tomar decisiones con una visión más completa del proyecto. Esto ayuda a reducir vacíos de información y evita que problemas de coordinación aparezcan cuando la construcción ya está en marcha.
- Simular antes de construir: combinar datos de tránsito, crecimiento urbano y modelos digitales permite comparar distintos escenarios antes de comprometer grandes inversiones. Así es posible anticipar cómo podría comportarse una intervención, evaluar alternativas y elegir soluciones acertadas.
- Detectar errores antes de que se conviertan en sobrecostos: una mayor coordinación entre disciplinas facilita identificar incompatibilidades, ajustar procesos constructivos y resolver conflictos desde etapas tempranas. Esto reduce la probabilidad de reprocesos, modificaciones y retrasos durante las obras.
- Planificar para el crecimiento futuro de las ciudades: la infraestructura vial no debería responder únicamente a las condiciones actuales, sino anticipar cómo cambiarán la movilidad y el desarrollo urbano en los próximos años. Esto implica integrar transporte público, vehículos particulares, peatones, ciclistas y espacio público dentro de una misma visión de ciudad. En este sentido, el uso de estándares abiertos como IFC, facilita la consulta de información por todos los actores del proceso de diseño, no solo durante el desarrollo si no, durante toda la vida operativa del activo sin la obsolencia típica de los formatos nativos.
- Fortalecer el talento digital del sector: modernizar la infraestructura también requiere ingenieros, arquitectos y gestores capaces de trabajar con BIM, gestionar información y coordinar múltiples disciplinas. Fortalecer estas competencias permitirá aprovechar mejor las herramientas digitales y trasladar sus beneficios a la construcción de los proyectos.
“La infraestructura que construimos hoy va a definir cómo nos moveremos durante las próximas décadas, por eso modernizar la planeación vial no puede limitarse a responder a los problemas actuales, sino que debe anticipar cómo crecerán las ciudades y aprovechar la tecnología y la información para tomar mejores decisiones antes de construir” finalizó el experto.
