El periodismo independiente lucha por sobrevivir

En las últimas semanas, el portal de noticias de Carmen Aristegui —una de las periodistas de investigación más veteranas y reconocidas de México— ha atravesado dificultades financieras y ha tenido que despedir periodistas, lo que ha encendido las alarmas sobre la viabilidad del periodismo independiente en el país.
Para analistas consultados por DW, no se trata de un tropiezo aislado, sino de la expresión más reciente de una crisis estructural que desde hace años golpea a los medios que se atreven a ejercer un periodismo crítico frente al poder.
Una vieja dependencia
Para entender el problema de Aristegui —ganadora cinco veces del Premio Nacional de Periodismo de México (2001, 2004, 2005, 2009 y 2010) y del María Moors Cabot (2008), de la Universidad de Columbia— hay que remontarse a la llamada «dictadura perfecta» del Partido Revolucionario Institucional (PRI), el partido que gobernó México durante siete décadas, explican analistas en entrevistas con DW.
Durante ese periodo, el reparto de la publicidad oficial —la «pauta»— se convirtió en una herramienta de control político: los medios afines recibían contratos generosos, mientras que los críticos veían cerrado el grifo del financiamiento estatal.
El profesor en el Departamento de Comunicaciones y Ciencias Políticas de la Universidad Iberoamericana, Rubén Aguilar, considera que ese patrón, lejos de haber quedado atrás, se repite hoy bajo el gobierno izquierdista del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena).
Aguilar afirma, en declaraciones a DW, que «en el Gobierno actual hemos vuelto muy atrás», recordando la vieja consigna atribuida al presidente José López Portillo (1976-1982): «No pago para que me peguen».
Describe cómo la actual mandataria Claudia Sheinbaum ha justificado en sus conferencias matutinas la falta de financiamiento a diarios como Reforma o El Universal con semejantes argumentos, mientras otros medios más afines a posiciones del Gobierno, como La Jornada, siguen recibiendo millones de pesos en anuncios públicos.
Aguilar sostiene que esta dependencia no es exclusiva del actual Gobierno: prácticamente todos los grandes medios mexicanos han vivido históricamente de la publicidad oficial, lo que constituye —en sus palabras— «un cuello de botella» estructural del periodismo en el país.
Sin embargo, el académico y exvocero presidencial (de 2004 a 2006) considera que, durante la primavera democrática, cuando la oposición ganó por primera vez la presidencia en el año 2000, ese presupuesto se repartía de forma más amplia, mientras ahora se concentra en un grupo reducido de destinatarios afines.
Los «comentaristas incómodos» que perdieron su espacio
Esa dependencia económica se refleja por la tradición corporativista de la sociedad mexicana también en la publicidad del sector privado, donde Aguilar ha observado «un mecanismo de autocensura empresarial»: Los dueños de medios prefieren no «molestar» al poder en turno para no arriesgar contratos publicitarios ni licencias.
El resultado, denuncia el analista ante DW, ha sido el despido de alrededor de un centenar de comentaristas y periodistas críticos, entre ellos columnistas como el académico, autor y excanciller Jorge Castañeda, «porque los medios tienen miedo a la confrontación con el Gobierno».
Para Jan-Albert Hootsen, representante del Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ), radicado en México, la situación en el portal Aristegui Noticias es «un síntoma de la crisis permanente que el periodismo independiente está atravesando».
El posgraduado en Democracia y Derechos Humanos por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso, México) advierte: «El periodismo de investigación es muy caro y siempre con el riesgo de que el producto final sea muy poco visto a pesar de tener tanta importancia pública.»
El verdadero cuello de botella: no hay quién pague
Más allá de la presión política, ambos entrevistados de DW coinciden en que el obstáculo de fondo es financiero. Aguilar considera que Aristegui padeció el mismo castigo que otros medios y plataformas críticas como Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI), que en sus inicios contaban con el respaldo de numerosos empresarios, pero han visto reducirse dramáticamente ese apoyo porque nadie quiere ser señalado como «enemigo» del poder en turno.
A esto se suma, dice Aguilar, la ausencia de una cultura de pago en México: «No hay una cultura mexicana de pagar medios independientes. Las suscripciones son raquíticas.»
Hootsen profundiza en esta idea y la sitúa en un contexto de mercado más amplio: «El sector privado mexicano no ofrece lo suficiente para sostener un proyecto del tamaño y la ambición del que construyó Aristegui», enfatiza.
A ello se suma la competencia de las redes sociales y los creadores de contenido, que muchas veces se especializan en un periodismo sensacionalista, enfocado en clics, lo que atrae lectores y anunciantes y de esa manera erosionan aún más el ya limitado mercado publicitario disponible.
El problema, agrega Hootsen, también es del bolsillo del lector. Muchos mexicanos tienen que elegir entre pagar una suscripción a una plataforma de entretenimiento como Netflix o pagar por un medio de comunicación, y la mayor parte de la información disponible en redes sociales circula de manera gratuita.
Incluso las compañías telefónicas contribuyen a esa lógica: al contratar un celular en México, el acceso a redes como Facebook o Instagram suele venir incluido sin costo adicional, lo que convierte a esas plataformas —antes que a los medios tradicionales— en la principal fuente de noticias para buena parte de la población.
Los medios independientes que logran crecer en este entorno, señala Hootsen, suelen depender de convenios con fundaciones o de financiamiento proveniente del extranjero, precisamente porque el mercado interno no basta para sostenerlos.
La resiliencia como último recurso
Pese a este panorama, Hootsen cierra su análisis con una nota de cautela optimista. A su juicio, la desaparición del periodismo independiente en México no es un desenlace inevitable.
Aunque el número de proyectos podría reducirse en los próximos años, la comunidad periodística mexicana ha demostrado una capacidad notable de reinventarse.
Como resume el propio Hootsen en conversación con DW, «los periodistas no son tan fáciles de callar, son muy motivados»; el oficio, afirma, «no va a desaparecer». Posiblemente va a disminuir, pero siempre hay nuevas iniciativas que surgen.»
Yahoo Noticias Sandra Weiss (desde México) DW
