Nuris De la Cruz Gómez: “Cuando me bajé de los tacones”

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Soy Nuris De la Cruz Gómez. Hija de Josefa Gómez y Víctor De la Cruz. Nací en Libertad, un corregimiento del departamento de Sucre.

Por cuestiones de logística, mi padre nos llevó a San Antonio. Desde muy pequeña comencé a trabajar y vi en Cartagena una posibilidad para mejorar los ingresos de mi familia.

A los pocos meses de cumplir los 15 años ingresé a J Glottman, como vendedora de electrodomésticos. Usé un uniforme azul, con blusa blanca y recorrí las calles de Cartagena buscando nuevos compradores. Toda una vida deambulando por las playas descalza o con cualquier zapato y en mi nuevo empleo debí usar tacones. Cuando organizaron la primera fiesta de fin de año en la empresa no pude ir porque, en realidad, no tuve un vestido para lucir. Dimos como excusa que mi madre no me había dado permiso.

Un día escuché las posibilidades de trabajo en Caracas. Sin pedirle permiso a mi padre, viajé hasta allá y cuando llegué a esa enorme ciudad, me bajé de mis tacones y me vestí con una prenda que me dio para vivir, ayudar a mi familia, a mis hijos y a soñar: un delantal.

Ayudé en el mejoramiento de las casas, atendí sus necesidades, hice aseo, barrí, organicé camas, cuidé niños, atendí ancianos y hasta saqué perros a pasear.

Nunca pensé en viajar a los Estados Unidos, pero un día tuve esa oportunidad. Me enamoré a primera vista. Me convertí en una más de ese enorme grupo de latinoamericanos que han luchado por sacar adelante sus sueños.

Gracias a mis amistades y a los cientos de compañeros de Pollo Tropical y Publix encontré trabajos dignos en los cuales lucía sus delantales, les preparé alimentos para miles de personas y les hice pasar momentos agradables con mi única riqueza: mi sonrisa.

Por muchos años llevé en mi alma el tener a mis padres y a mis hijos en la distancia. Cada despertar fue un motivo para pensar en ellos y sólo con la ayuda en las oraciones a Dios, pude sobrellevar esa carga. Un día, después de muchos años, los pude reunir.

Amo a mi tierra, sobre todo a Libertad, pero amo también a los Estados Unidos porque llevo esa bandera en mi corazón y les doy de herencia a mis hijos y nietos, un sentimiento lleno de orgullo por esa nación que tanto nos enseña.

Un día pensé en escribir un libro, pero no tenía tiempo para hacerlo. Le comenté a mi hermano Moisés y él me animó. Son muchas aventuras, momentos de alegría y de tristeza. Risas y llantos, pero también de lecciones.

Mi hermano fue internado en una clínica de Barranquilla y horas antes de fallecer me envió un mensaje por WhatsApp: “Nuris, es hora de escribir tu libro”.

Fiel a ese mensaje comencé meses después a redactar y de tal forma, les presento esta historia. Agradezco, al centro de mi vida: Dios. Luego a mi familia, a mis compañeros de trabajo, a mis patrones y –muy fuerte– a las empresas que tanto contribuyeron a mi bienestar tal como lo hacen con miles de latinoamericanos.

Espero que mi historia sirva de inspiración para otras personas que buscan nuevos horizontes en sus vidas.